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diumenge, 14 de juny del 2015

Entrad en política, dijeron

Imagen de Javirroyo, sobre las elecciones del 24-M.
En el post anterior "Aprender a pactar", destacaba antes de las elecciones el nuevo panorama que se planteaba ante el fin del bipartidismo y el inicio de una era de pactos políticos. Quien ha salido más perjudicado es obviamente el Partido Popular, que ha sido incapaz durante los cuatro últimos años (y hay quien diría "ni en los últimos 20") de tener una buena relación con otros partidos. De ahí que se haya formado lo que en el PP denominan como un "cordón sanitario" contra su partido para echarles de alcaldías y comunidades autónomas. Badalona sería su ejemplo más claro, en el que el resto del arco político del consistorio se ha unido par echar de la alcaldía a Xavier García Albiol, el ya exalcalde que no dudó ni medio minuto en usar terminología claramente xenófoba para intentar ser reelegido. A pesar de ganar las elecciones e incluso sacar mejores resultados, no ha sido suficiente para conseguir la mayoría absoluta y el resto de partidos se han unido contra él. No puedo decir que me apene, todo lo contrario, ya que Albiol lleva toda su carrera política en Badalona usando sin miedo el odio al diferente y usando eslóganes como "Limpiando Badalona", en clara referencia a los inmigrantes. 

Se verá la efectividad de los acuerdos anti-PP y la estabilidad de los partidos gobernantes, pero lo cierto es que es muy indicativo con respecto a la gestión realizada que la mayoría de partidos hayan optado por no apoyar a los populares. En los últimos 4 años el PP ha tenido más poder que ningún otro partido en la democracia española, dominando alcaldías, comunidades autónomas y el Gobierno. Que hayan perdido gran cantidad de mayorías absolutas y que se vean fuera de consistorios y gobiernos regionales claramente refleja la disconformidad de la sociedad con su gestión y con su modo de tratar al ciudadano y a sus contrincantes políticos. 

Manuela Carmena y Esperanza Aguirre.
Centrándonos en la capital, la historia del cambio en el ayuntamiento de Madrid llega, como no podía ser de otra forma, gracias a Esperanza Aguirre. No porque vaya a llevar a cabo la "renovación del PP madrileño" que esta veterana política liberal quería encabezar (curiosa renovación, viniendo de alguien que lleva 30 años viviendo del erario público), sino porque el cambio llegó gracias a un medio que Aguirre domina casi a la perfección, la televisión. Miembros de Podemos y de Ahora Madrid reconocieron que Manuela Carmena era reacia a presentarse a la alcaldía de Madrid. No por el cargo o por la oportunidad de representar a los ciudadanos, sino porque no le convencía la propuesta de Pablo Iglesias (hecho que se ha confirmado en campaña, en la que la candidata reiteró en varias ocasiones que no era de Podemos, sino de Ahora Madrid, para diferenciarse). 

Fue entonces cuando Esperanza Aguirre apareció en televisión en su primera entrevista de campaña, en la que afirmó que estudiaría prohibir que vagabundos duerman en las calles del centro madrileño porque eso 'ahuyenta a los turistas'. La reacción fue inmediata, Carmena habló con su entorno más cercano y decidió presentarse a la alcaldía, lo anunció públicamente, antes incluso de avisar a la cúpula de Podemos, que se enteró del asunto por los medios y las redes sociales. Fue sin duda un momento decisivo en la carrera de ambas. 

Mirando atrás en el tiempo, encontramos el origen de lo ocurrido el 24-M. Fue hace cuatro años, en el 15M, cuando las acampadas llenaban las plazas y las manifestaciones, las calles. Los políticos tradicionales, creyéndose intocables, lanzaron a la ciudadanía un  reto que no era nuevo, pero que visto lo visto no fue debidamente sopesado. En lugar de escuchar las peticiones de la calle, como por otro lado es el deber de un político, espetaron a los indignados: "Dejad la calle y entrad en (lo que ellos considera que es) la política de verdad", y el pueblo recogió el guante. No era nada nuevo, en otras ocasiones la política tradicional había asimilado a movimientos sociales incluyéndoles en los partidos tradicionales, tanto en el PSOE como en Izquierda Unida, desinflando la protesta social y asimilando a sus propios activos para la estructura interna de sus partidos, donde se veían incapaces de conseguir sus objetivos por la rigidez interna de esas formaciones.  

Ada Colau, conocida activista de la PAH que
ha conseguido la alcaldía de Barcelona.
Pero semejante reto, con una población movilizada como la española entre 2011 y 2014, no fue sino el primer paso hacia un cambio político. La aparición de partidos como Podemos y la consolidación a nivel nacional de otros como Ciudadanos fue clave, ya que aparecen ante la opinión pública como libres de determinadas mochilas. La mera presencia de estos partidos (y los muchos otros que han aparecido a nivel local en los ayuntamientos) ya es un éxito, sobre todo si se consiguen alcaldías tan representativas y simbólicas como Madrid y Barcelona. El 15M y los resultados del 24-M son hijos directos de la negación continua de la clase política tradicional, que lleva décadas de espaldas a la ciudadanía. Esta, como respuesta, ha asimilado la importancia de su papel activo en política (tanto a nivel de protesta social, de activismo social asociacional como en las propias instituciones políticas del Estado), abandonando el papel de espectadores en el que tan cómoda se sentía hasta que empezó a sufrir las consecuencias de tal apatía política. 

Por tanto, ese "en lugar de manifestaros tanto, entrad en política", no sólo no ha servido para neutralizar la protesta social sino que ha servido para echar del poder a quienes querían mantenerlo. Lo que viene siendo un tiro por la culata de proporciones épicas, a nivel político. Porque aunque varias plataformas políticas ciudadanas se hayan quedado a las puertas de conseguir ayuntamientos y comunidades, el hecho de que estén presentes en la vida política, consigan cuotas de poder y aparezcan en los medios de comunicación como representantes de la ciudadanía, ya es un gran éxito y un primer paso hacia la nueva forma de hacer política que tanto viene necesitando este país. 

diumenge, 10 de maig del 2015

Aprender a pactar

¿Sabemos qué es la democracia? Porque más allá de enarbolar Constituciones o banderitas de uno u otro color, más allá de condenar bandas terroristas españolas o extranjeras, la cultura democrática se demuestra defendiendo y entendiendo qué significa la democracia, con todas sus consecuencias. El respeto a la libertad de expresión, de prensa, de manifestación y el fomento de la igualdad ante la ley o en la educación se han visto claramente disminuidos en los últimos cinco o seis años. Hemos sufrido una gran pérdida de calidad democrática y las distintas leyes Mordaza, las tasas universitarias, las tasas judiciales o el gran crecimiento del índice de desigualdad en España son claros ejemplos de ello. 

Pero cuando hablamos estrictamente de política vemos cómo los políticos españoles son poco amigos (o más bien enemigos acérrimos) de los pactos. La cultura democrática de este país tiene un gran déficit en este sentido. A la falta de mayorías, de mayorías absolutas o de claro bipartidismo se le llama despectivamente "ingobernabilidad". Eso es consecuencia de un sistema electoral que potencia los caciquismos, que da un poder absoluto a quien vence con mayoría, y que potencia los partidos por encima de los ciudadanos, porque entiende que es preferible la estabilidad política a la representación real de los votantes. 

Fotografía de Esther Lobato para "El Mundo".
El caso más claro es el reciente fracaso de Susana Díaz en conseguir ser investida como presidenta de Andalucía. Por lo vísto, Díaz no se quiere dar cuenta de que el paradigma político ha cambiado y que lo que funcionaba en el s. XX no sirve ya ahora. Los nuevos partidos, a pesar de la dificultad de conseguir escaños, son suficientemente fuertes como para poner contra las cuerdas a cualquier partido con intenciones de gobierno. "Esto comienza a ser surrealista" afirmaba Díaz al fracasar su segundo intento de investidura, en un claro ejemplo de una política que no ha comprendido que no tiene cartas suficientes para imponer sus condiciones, que no ha querido ceder a quienes pueden hacerla presidenta. Podemos y Ciudadanos controlan el destino de los andaluces, pero no por poner sus condiciones, no por "hacer chantajes" como dijo Manuel Chávez, sino porque Susana Díaz no ha comprendido que con las migajas ya no se contenta ningún partido de nuevo cuño, como ocurría antes. La incomprensión la puede llevar a la oposición, paradójicamente, o por lo menos, a unas nuevas elecciones. 

En un mismo sentido, el tuitero Miguel García afirmaba "El "NO" del resto de Fuerzas al Gobierno de @_susanadiaz sin dar propuesta alternativa, es el "NO" a los Andaluces". Otro error de concepto. Muchos andaluces pueden haber votado al PSOE, pero el resto decide que si no se llevan a cabo determinados cambios, no la van a apoyar como presidenta. De la misma forma que cuando Rajoy se refiere a sus 11 millones de votantes que le dieron la mayoría absoluta, parece no querer recordar que los 29 millones restantes también sufren las consecuencias de sus decisiones y leyes aprobadas a golpe de decreto. De nuevo, el paradigma ha cambiado y las próximas elecciones del 24M van a ser ejemplo de ello. 

Sólo por el hecho de que en la mayoría de Ayuntamientos y Comunidades Autónomas no se va a conseguir seguro una mayoría absoluta, ya se ha ganado mucho. El verse forzados a entenderse, el estar obligados a pactar para formar gobierno, generará unas dinámicas distintas a nivel municipal y autonómico, que romperán con la forma actual de hacer política. El Partido Popular va a perder mucho poder en este país y lo hará a expensas tanto de tener que pactar con Ciudadanos, como por la formación de gobiernos multipartito que sumen una mayoría suficiente para echarles.  

Será un primer paso para valorar quien está más fuerte cara a las elecciones Generales. Habrá que valorar si Podemos va a despertar del letargo que el caso Monedero le ha generado, veremos si Ciudadanos cumplirá las altísimas expectativas que han generado las encuestas, si el Partido Socialista se recupera levemente como todos afirman o si se acaba de hundir completamente o si el Partido Popular es capaz de entender el paradigma político que se les viene encima. Lo cierto es que la mayor característica de la política actual es la impredecibilidad. Los resultados electorales en Reino Unido de esta semana han mostrado que la política no se fabrica sólo desde los medios. De nuevo, el mundo real deja en evidencia y refleja el fracaso de las encuestas. Si esto ocurre en España, si los votantes de izquierda no van a votar, si los de centro optan por lo de siempre, si los indecisos se abstienen, todo continuará exactamente igual que hasta ahora. Pero si la ciudadanía está a la altura, los políticos van a tener que aprender a pactar. Y ese, créanme, será uno de los mayores avances en democracia que habrá experimentado este país.