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divendres, 8 de juliol del 2022

Radiografía: ¿Hacia donde va el PSOE?

Viendo los acontecimientos de los últimos meses, la acción comunicativa de este gobierno y los vaivenes estratégicos del Ejecutivo, nos podríamos preguntar: ¿Cuál es el futuro del Gobierno Sánchez a medio y largo plazo? Repasemos:

A nivel internacional, ha dejado tirado al Sáhara, aliándose con Marruecos y provocando un gran enfado a Algeria, uno de los principales socios gasísticos de España. Es decir, en plena ola de aumento de precios de la energía, apostó por aliarse con un Marruecos, un aliado muy poco fiable y que pone en aprietos al gobierno con escenas como las de la matanza de Melilla del mes de junio. Justificar esas acciones sin acordarte de las víctimas no es em mejor mensaje que uno podría esperar de un líder democrático. Sánchez ya tiene su Carajal. A su favor en este sentido, tiene que la cumbre de la OTAN en Madrid ha sido un éxito internacional para él, pero siendo realistas, estos éxitos se traducen relativamente poco en votos.

A nivel nacional, se enfrenta con un cambio de liderazgo en el PP, mucho más presidenciable que Casado, mucho más formado y experto y, sobre todo, con el bagaje que supone para Feijóo el haber presidido Galicia durante una década. Contra Casado se gobernaba mucho mejor.

A nivel parlamentario, las decisiones tomadas en los últimos meses, el escándalo Pegasus y su falta absoluta de empatía respecto a las necesidades u opiniones de sus socios, está provocando una soledad que pronto podría provocar un accidente político en las próximas semanas. Puedes hacer escoger entre “el fascismo” y el chantaje del “si yo no estoy vienen los otros” durante un tiempo, pero no eternamente. La paciencia tiene un límite.

A nivel de Gobierno, Sánchez se ha pasado la legislatura ninguneando y no dialogando con sus socios de Podemos en la gran mayoría de las decisiones importantes que ha tomado el Ejecutivo. De hecho, en muchas ocasiones sin anunciárselo. De nuevo, la paciencia tiene un límite, aunque el partido morado esté atado de manos. Probablemente crea Sánchez que los votos que pierda Podemos se los vaya a llevar el PSOE, pero eso es un absurdo visto lo que ha ocurrido en las elecciones de Andalucía, en las que se los ha quedado el PP o se han ido a la abstención. Cuando en tus últimas declaraciones apuestas por sugerir a la izquierda que debería aceptar con normalidad que hay que subir el presupuesto en Defensa, cuando tus postulados son los mismos que los de la derecha y ya nadie se acuerda de las últimas medidas de izquierdas que tomó tu partido, luego no te extrañes que tus votos se vayan a la derecha.

De hecho, la agenda de Sánchez ha sido siempre derechizar al máximo el partido, aunque probablemente en el PSOE dirían “centrarlo”. Empezó mostrando una gran bandera española en un mítin electoral y sugiriendo que el partido debía recuperar “la bandera” como gran valor. Como dijo un sabio, “cuando luchas por la bandera, no lo haces por los derechos sociales”.

Siendo optimistas, no se puede ser demasiado optimista com el futuro del Gobierno de Sánchez. No se ha enterado aún que no tiene mayoría absoluta, cree que con ser guapo y carismático le bastará para ganar los comicios, pero la realidad es que Feijóo ha recuperado muchos votos que se habían ido a VOX y está haciendo lo que ellos llaman “una oposición responsable y de Estado”. Esto último sólo es cierto si lo comparas con la oposición que hacía Casado, pero puede ser suficiente para que el votante indeciso, el que no le importa votar a un partido o a otro, decida cambiar el rojo por el azul. Eso es lo que te hace ganar elecciones, sobre todo en un panorama electoral en el que el bipartidismo no ha renacido y en el que Podemos y VOX aún están a ambos lados de los dos grandes partidos, una vez desaparecido Ciudadanos.

Para terminar, a nivel de partido, si nos imaginamos un futuro en el que el PSOE pierde las elecciones o no suma para gobernar, vemos un panorama electoral realmente difícil para el PSOE. En 2010 fue el PASOK (Partido Socialista griego) el que pasó a la irrelevancia, hace dos días en Francia le pasó lo mismo al partido socialista francés (y al republicano, de hecho). Es difícil que el PSOE desaparezca de un día para el otro, sobre todo en un panorama en el que no hay alternativa con Ciudadanos (afortunadamente) moribundo. El partido está muy arrelado a nivel local y regional y no tiene escisiones como las de Podemos. Los barones están aún vivos y eso le da al partido una cierta fuerza.

Pero a nivel nacional, lo cierto es que básicamente el PSOE actual es Sánchez, igual que lo fue con ZP o con Felipe González en sus tiempos. Cuando pierda las elecciones (ya seas las próximas o las siguientes) dejará un páramo con ocho años de legislaturas del PP de un Feijóo que no es tan moderado como parece. El futuro no es en absoluto prometedor a menos que Sánchez, de nuevo, vuelva a sacarse una última vida de la chistera, haciendo gala de su celebérrimo "Manual de supervivencia". 

dimecres, 22 de juny del 2022

Elecciones Andaluzas'22: La valencianización

“Andalucía consolida su camino a la derecha con la mayoría Absoluta de Moreno Bonilla”. Este podría ser el titular de cualquier periódico que quisiera analizar el resultado de las Elecciones Andaluzas’22. Pero lo cierto es que Andalucía lleva derechizándose, como el votante del PSOE, desde hace por lo menos 20 años. Poco a poco, este partido ha abandonado en Andalucía y en muchas otras comunidades la esencia de la izquierda. Es decir, apostando únicamente por el centro y cediendo a Podemos y otras confluencias el pastel de las políticas no ultraliberales, el PSOE ha se ha acabado convirtiendo en una suerte de Ciudadanos ideológico. Teniendo en cuenta la creciente presencia de VOX, el votante clásico del PSOE se ha centrado tanto que no le importa votar a los socialistas que a su supuesto rival acérrimo, el PP. Es decir, le es igual votar rojo que azul, porque en esencia vienen a ser lo mismo, aunque sus pasados sean muy distintos.

Pero el pasado es eso, pasado. Y si quieres ganar unas elecciones necesitas más que el cuento de la Transición para seguir votando a un partido, sobre todo cuando Moreno Bonilla ha apostado por la misma carta que Sánchez ha estado usando en los últimos meses, el miedo a la ultraderecha. El voto útil. La jugada ha salido redonda, teniendo en cuenta que han conseguido mayoría absoluta, que han robado mucho voto al PSOE y que conseguirán gobernar con mayoría, como lo hacían el PSOE de Chávez, Griñán o Susana Díaz. El PSOE de los señoritos, castigado por nepotismo y la corrupción, ha hecho indistinguibles a los dos partidos, por lo que el votante socialista ha votado sin miedo a un Moreno Bonilla que se vendió muy acertadamente como el antídoto a la ultraderecha (aunque en algunas políticas no se distinguirán demasiado, precisamente). Si le sumas a eso un candidato socialista, Juan Espadas, con menos carisma que un cacahuete deprimido, y un Podemos partido en dos, el cóctel difícilmente podría haber salido de otra forma. 

Por otro lado, si en las anteriores elecciones explicábamos que los resultados andaluces no debían verse como un indicio del famoso “cambio de ciclo”, este año la situación es muy distinta. En las anteriores veníamos de varias décadas de socialismo gobernando Andalucía, es decir con un obvio desgaste de años gobernando. En cuanto a la candidata, Susana Díaz, heredera de Chávez y Griñán, es decir, manchada aunque sea por herencia por la corrupción de los EREs, tampoco llegaba en su mejor momento tras perder el control del PSOE nacional. Llegar a unas autonómicas cuando has dado un golpe de Estado en tu propio partido para echar a Pedro Sánchez, quien consigue relegarte de nuevo al feudo andaluz meses mas tarde, no es la mejor carta de presentación, sin duda. Como poco, llega con la pátina de perdedora. Y así fue, perdió contra un candidato del PP andaluz poco conocido pero con un mensaje claro y sencillo, derrocar al "socialismo andaluz de los ERE" que “ya ha gobernado durante suficiente tiempo”. Hay mensajes que se venden solos.

Eso fue hace cuatro años, pero en la actualidad, las cosas han cambiado bastante. El PP también. Ya no lo lidera un Pablo Casado hipervitaminado e infraformado, sino un Feijóo que apenas ha hecho oposición en su carrera, pero que sabe ser y venderse como presidenciable. No ha hecho otra cosa en la última década, de hecho, más allá de fotos en yates con narcos. Bonilla, por su parte, ya viene con la carrerilla de quien ha gobernado durante cuatro años sin excesivos problemas. Le ha beneficiado su alianza con Feijóo, a pesar de que no lo ha utilizado casi nada en campaña (así como tampoco ha usado apenas logos del PP), igual que benefició a Francisco Camps ser el salvador de Rajoy en el Congreso de Valencia tras perder las elecciones en 2008. En realidad, son muchos los paralelismos entre Valencia y Andalucía si miramos estas elecciones. Igual que sucedió en Valencia, que fue un feudo histórico del socialismo en los años 80, esta Andalucía de 2022 parece que va a seguir el mismo camino, asentarse en la comunidad como lo hizo el PP valenciano de Eduardo Zaplana, Francisco Camps y Rita Barberá, que dominaron la comunidad durante casi 20 años. En resumen, valencianizar Andalucía.

La victoria de Moreno Bonilla se explica además también por, como comentábamos antes, la no utilización del nuevo líder del PP y del logo de su propio partido. No es porque no sean buenos perfiles electorales, sino porque el objetivo de esta campaña era precisamente atraer el voto socialista o el voto indeciso, para poder gobernar en solitario. Objetivo conseguido. 

Por eso decíamos al principio que no creíamos que a pesar de conseguir el primer presidente del PP andaluz de hace cuatro años no supuso un cambio de ciclo a nivel nacional. De hecho, Pedro Sánchez se ha pasado cuatro años tan campante. Pero en esta ocasión, con nuevo liderazgo en el PP y un Sánchez que parece haber perdido el rumbo en los últimos meses y el apoyo de los partidos que le han apoyado en la legislatura en el parlamento, no podemos decir lo mismo. Agarrémonos y preparemos las palomitas, que vienen curvas. 

dimecres, 13 d’abril del 2022

El futuro del país

La luz sigue en niveles astronómicos, los carburantes (a pesar de la rebaja del Gobierno de 5 céntimos) están altísimos, la comida, por todo ello, está cada vez más cara y por supuesto los sueldos no van a subir a corto plazo.  A pesar de que la economía ha mejorado bastante tras el fin de la pandemia, no parece que un aumento en los sueldos vaya a estar en la agenda de la patronal. Como reza su mantra, “No es el momento”. Como si alguna vez en la historia de la patronal hubiesen considerado lo contrario. Pero antes de que el tertulianismo patrio comience a echarse a la cabeza los sindicatos, las pymes, los funcionarios, los autónomos y los asalariados, como si fueran armas arrojadizas de un teatrillo barato, deberíamos reflexionar sobre un par de asuntos.

¿Cuál es el futuro de este país, si las grandes empresas energéticas eléctricas y petroleras son todopoderosas e impiden que prolifere sin tantas ataduras ni peajes las energías limpias o el autoconsumo? ¿Cuál es el futuro de este país si, como comentábamos en el anterior post, el PSOE se ha vendido desde hace bastantes años al capital? Quizá nos espere un futuro como el de Francia, en el que en el menú de las elecciones presidenciales existen sólo dos platos, la nueva derecha de Macron y la nueva ultraderecha de Le Pen. Siempre he dicho que otra derecha es necesaria en España, que el PP tiene mucho a envidiar a las derechas europeas, en su mayoría menos casposas y más proclives a aislar a las ultraderecha.

Por mucho que Núñez Feijóo se empeñe en mostrar su cara más moderada y centrista, lo cierto es que su primera decisión, aún antes de ser oficialmente nombrado líder del PP, ha sido autorizar que el PP de Castilla La Mancha pacte con la ultraderecha. Nadie en su sano juicio puede creerse que como líder in pectore no tenía poder para detenerla o que “lo decidió Casado” (lo decidiera realmente o no) o que él no la conocía o le era imposible detener esa decisión. El PP no funciona así. En el PP el líder manda, el resto obedece. Punto.

Si en el PP aceptan la ultraderecha como lo que ha sido siempre, una parte escindida de ellos mismos, y por lo tanto, un aliado natural. A pesar de que lo hagan (o nos hagan creer que lo hacen) con una pinza en la nariz.

Por eso es tan importante que exista una izquierda fuerte en España, no descafeinada, no asimilada por el sistema, no deudora de los bancos y no al servicio de las eléctricas. Es necesario un partido de izquierdas fuerte, un partido que obviamente no es el PSOE. Podemos por su parte, haría muy bien de volver a intentar consenso con las distintas formaciones de izquierdas de todo el territorio, pero sin querer asimilarlos u absorberlos, como han intentado sin éxito en los últimos años, provocando precisamente el fin del los bloques comunes en distintas comunidades. Si no aceptan que, aunque comparezcan bajo un paraguas común, son entidades distintas, nunca conseguirán que la macedonia de partidos de izquierda se unan en un proyecto común.

dissabte, 26 de març del 2022

Vendidos al capital

La vida ha derivado en los últimos 15 años en una suerte crisis, momentos históricos, pandemias y guerras que han desmontado por completo tanto el Estado del bienestar como la clase media. Dicen los milenials que están ya hartos de momentos históricos, sucesos imprevisibles y cambios climáticos que devastarán el planeta cuando ellos lleguen a los 40. Entre la rabia juvenil contra los destructores del planeta y el pasotismo de las clases dirigentes, que retrasan década tras década el tomar medidas para disminuir las emisiones de carbono, es obvio que hay un término medio, pero también lo es que ese termino medio ni resolverá el problema ni evitará el cataclismo climático que se nos viene encima, según los científicos.

Por otro lado, nos encontramos una socialdemocracia no descafeinada sino vendida al capital, que prefieren defender a las eléctricas que a los ciudadanos. No es un caso en absoluto nuevo, en España llevamos décadas viviéndolo, siendo el penúltimo ejemplo el aumento descabellado del precio de la luz des de la reforma del verano pasado de los tramos eléctricos. El gobierno supuestamente más progresista de la historia (probablemente la mayor mentira que se ha contado en España desde el “Fue ETA” de Aznar y el Mundo sobre el 11-M), no sólo no va a hacer absolutamente nada por solucionar este tema sino que es cómplice de él y JAMÁS, repito, JAMÁS, va a proponer un cambio legislativo del mercado eléctrico para evitar que las tres eléctricas se enriquezcan mientras el resto de trabajadores, pymes e incluso algunas grandes empresas se vayan a pique por este asunto.

Antes mencionaba el penúltimo, pero el último ejemplo de que el gobierno está vendido al capital es el aumento, de nuevo, del precio de los carburantes, y la consecuente huelga de transportistas, que afecta no sólo a estos trabajadores sino a todo el país. Pedro Sánchez ha comentido un error garrafal al menospreciar este problema, igual que a Rubalcaba (porque Zapatero en esa época ya ni controlaba su partido) le estalló el 15-M en la cara y dio alas al PP de Rajoy. Que se cuide mucho Sánchez de cometer este tipo de errores, y que los corrija con celeridad, porque Feijóo no es Casado, a pesar de que suelte salvajadas estilo VOX como que matar a los hijos de tu pareja no es violencia de género.

Hasta ahora el “Manual de supervivencia” que le ha servido hasta hoy puede necesitar una actualización en una situación inesperada de Guerra en Ucrania, revuelta de transportistas y un jefe nuevo de la oposición. El final de la carrera del actual presidente puede estar cerca si menosprecia a los problemas de la ciudadanía.