Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris Justicia. Mostrar tots els missatges
Es mostren els missatges amb l'etiqueta de comentaris Justicia. Mostrar tots els missatges

dilluns, 28 de setembre del 2020

Torra, inhabilitado

Quim Torra ha sido inhabilitado. Me parece un nuevo error de la Justicia española, teniendo en cuenta que había alternativas a la inhabilitación, como por ejemplo la multa. Me parece mal por varias razones:  

A) Es una medida desproporcionada, teniendo en cuenta que se habla de colocar una pancarta, por mucho que sea en periodo electoral. Hemos visto otros casos de políticos corruptos de todos los partidos en los que la Justicia o la Junta Electoral Central no ha movido ni medio dedo para alejarlos de un cargo público. Te puede gustar más o menos Torra, te puede parecer más o menos competente como President, pero es una medida excesiva, ya que estás cargándote todo un President de la Generalitat, por desobedecer (innegable) pero castigándole con una inhabilitación cuando, de querer castigarle, podrías haberle simplemente multado (la ley no obliga a inhabilitar, es una decisión judicial).  

B) Se trata de una nueva injerencia judicial en la política catalana (ya van muchas) que desmantela la voluntad ejercida por los votantes catalanes en unas elecciones. De hecho, Torra fue elegido President porque la Justicia volvió a meter en la cárcel a Jordi Turull cuando era candidato a dirigir la Generalitat y no permitió a C. Puigdemont y Jordi Sánchez. 

C) Con esta decisión judicial, se vuelve a colocar a Catalunya en una precaria políticamente, con un pte. en funciones, pero con poderes muy recortados, en un escenario de nuevas elecciones y situándola, por enésima vez, en el foco de la polémica, Algo que Díaz Ayuso o Casado agradecerán enormemente, imagino.

D) La sentencia es y será presentada como un nuevo ejemplo de una Justicia absolutamente politizada,tendiente a la derecha e inquisidora contra determinadas ideologías, muy alejada de la supuesta neutralidad y proporcionalidad que se espera de las altas instancias judiciales.

En resumen, un nuevo desastre y un nuevo escándalo que no aporta nada, más allá de saciar las ansias de sangre de los sectores más radicalizados y ultraderechistas de la capital, que tristemente, son poderosos y no son pocos.


diumenge, 20 d’octubre del 2019

El relato de la violencia

Durante esta semana hemos visto como ataques indiscriminados a una ciudad han sido utilizados para demonizar al movimiento independentista de una forma perfectamente estudiada. Ante la lógica reacción de una población (al menos, 2 millones de personas) a quien han condenado a años de cárcel a sus líderes políticos, se ha montado con semanas de adelanto una campaña de desprestigio con el envío de fuerzas de seguridad desde toda España. Los miles de policías que han llegado a Cataluña, lejos de venir a proteger a la población, han ejercido la violencia indiscriminadamente, de forma aleatoria en manifestaciones cuyo gran delito ha sido sentarse en el suelo. La campaña continuó con la amenaza de la aplicación de la ley de Seguridad Nacional, si los Mossos no obedecían las órdenes políticas del Ministerio y actuaban como y junto a la Policía Nacional apaleando a la población.
Tras la sentencia y las protestas en el aeropuerto del Prat, Barcelona lleva acosada por al menos un centenar de radicales que cortan sus calles, crean barricadas y queman contenedores de forma sistemática cada noche. En todo el país hemos visto el mismo tipo de individuos despreciables atacar las manifestaciones de apoyo a Catalunya (en Madrid, Valladolid, Burgos, Valencia, Asturias y otros lugares). En toda España hemos visto agresiones a ciudadanos que salían a protestar, como ya ocurrió durante el 15M, con la salvedad de que ahora las fuerzas de seguridad se amparan en la Ley Mordaza para atacar impunemente (así se sienten, impunes) a manifestantes pacíficos, afirmando que sentarse en el suelo es violencia.
Esa impunidad ha provocado también más de una treintena de ataques indiscriminados a periodistas que intentaban reflejar esa violencia desatada de las fuerzas de seguridad, para evitar que hicieran su trabajo. Incluso se ha llegado a detener a un fotoperiodista de El País, denunciado por algunos periodistas y medios pero absolutamente ocultado por otros, los más cercanos al régimen. Incluso algunos compañeros de profesión han justificado las agresiones a periodistas con el clásico "si es que os lo andáis buscando, coño, no vayas si sabes que te van a dar". Para que luego hablen de corporativismo...
Además, se da una situación social distinta a la de hace unos años, en la que los jóvenes catalanes han visto cómo se ha comportado el Estado con ellos, qué han hecho con sus líderes y con sus ganas de votar un referéndum y, con cierta lógica, se han hartado. Existe un tuit que lo que define muy acertadamente: "La Policía se esperaba a las abuelas que apalearon el #1oct, pero se han encontrado con sus nietos". Son chicos hartos de ser maltratados por el Estado, ninguneados, tratados como menores mentales y laboralmente precarizados por una reforma laboral que ha tirado por el suelo su derecho de tener un futuro económico mínimamente aceptable.
Estos jóvenes se acercan a la calle para protestar y son no sólo víctimas de la violencia policial, sino también acusados de ser responsables de destrozar Barcelona. Es además un relato muy fácilmente vendible en el resto del Estado, que con el mantra de los CDR y el tsunami democràtic (todo mezclado, como si fueran la misma cosa, que no lo son) y añadiéndole un falso mensaje de terrorismo (el eterno y añorado por algunos terrorismo que tanto rédito político dio a la derecha española desde los 90), se recupera el mensaje del abertzalismo que tanto triunfó en toda España durante décadas y de nuevo tras la aparición del también pacífico 15M. Estos jóvenes, que como muchos se ven atraídos por la idea de pelear contra las injusticias, son víctimas de una campaña que se aprovecha de su indignación para pintarlos como lo que no son. No son los primeros y no seran los útlimos.
Toda esta situación, sumada a la indefinición de una aplicación tan oscura como efectiva como "Tsunami Democràtic" que promueve la desobediencia civil, no el terrorismo a pesar que la Fiscalía les investigue por ello, sumado a un Govern català desgobernado, inoperante y exasperantemente paralizado por decisión propia, sumado también a un ministro del Interior (que siendo juez se negó a investigar las torturas policiales a los detenidos bajo su custodia) cuya única misión hasta ahora ha sido echar gasolina al fuego, presenta un lienzo en el que el objetivo principal es dibujar un cuadro en el que se señala al independentismo como un movimiento violento. Eso, que no ha sido conseguido en casi una década, es posible que algunos empiecen a comprarlo.
Por que seamos sinceros, si hay gente que se ha creído que subirse a un coche policial (aparcado a propósito frente a una manifestación) es sedición y se han producido condenas de 9 años de cárcel, ahora con esto se creerán lo que sea. Y si hay que arrasar una ciudad para eso, se hará, porque el objetivo es que el Estado y el Status Quo se mantenga a toda costa, incluso si es necesario todas las acciones antidemocráticas que he descrito en este artículo.
Se nos viene un panorama muy negro en el futuro, en el que el resultado final probablemente será un gobierno de ultraderecha, que podría llegar a llevar a este país con el tiempo a una nueva dictadura, que algunos se negarán a reconocer porque sabrán que no habrán hecho nada para impedirla. Porque la sentencia les parecía "adecuada a derecho".

divendres, 18 d’octubre del 2019

Impearmibilidad mediàtica

Es absurdo creer que no estamos influidos por los medios. Dos años consecutivos de campaña mediática ininterrumpida emitiendo la culpabilidad de políticos y activistas es imposible que no tenga una influencia y repercusión, incluso en la gente más inteligente de este país. Dos años ininterrumpidos de declaraciones de políticos y ministros de cualquier color pueden hacerte llegar a creer que permitir un debate en un parlamento y convocar manifestaciones es un delito que hace 49 años que fue eliminado en Alemania: sedición. La razón para acusar de rebelión y sedición es clara: estos delitos incluyen pena de cárcel y la desobediencia, que es lo que aplicaría, no.
Puede que la condena de entre 9 y 13 años apolíticos catalanes te parezca normal. O ajustada a derecho. O justa. O incluso puedes llegar a pensar que se lo merecen. Pero quizá deberíamos preguntarnos porqué. ¿Por qué creemos que una condena de 13 años es normal?
Cuando a los independentistas nos dicen con tono paternalista que nos ha engañado TV3 y los políticos catalanes, igual deberíamos reflexionar todos si somos realmente inmunes a los medios que leemos, vemos y escuchamos y a los políticos que aparecen en ellos. Es bastante probable que no.
Ahora, para que no se hable de la sentencia, el mantra es "Catalunya es peligrosa". No es nuevo en absoluto, pero bastan 4 fuegos de encapuchados para declarar con el megáfono el movimiento independentista es violento. Como siempre, el detalle concreto no hace el todo.
Reflexionemos, porque posiblemente no seamos tan impermeables como creemos. Reflexionemos, porque la razón en tiempos de pasión es muy necesaria.

divendres, 11 de maig del 2018

President Torra

Escucho a la oposición catalana criticar el perfil Torra como President. Llevan defendiendo que se meta en la cárcel a cualquier candidato decente y ahora se quejan de que no les gusta el propuesto. Ahora, a apechugar.
Aclaro que Torra no es mi perfil preferido, pero dado que se ha exiliado o metido en la cárcel (a algunos dos veces, tras liberarles previamente) a la mayoría de candidatos viables, me parece incoherente y una pataleta absurda criticar un candidato cuando tu no tienes sufientes escaños.
Luego algunos se sorprenden cuando Viggo Mortensen apoya públicamente a una organización claramente democrática como Ómnium Cultural, creada durante el Franquismo para resaltar valores democráticos y culturales. Igual son algunos quienes ya no tienen esos valores.
En este país escuchas a Rivera (A RIVERA, repito) llamar a todo el mundo "golpista", reclamar que el TC intervenga el pleno para que no haya investidura en Cataluña, y algunos idiotas aplaudiendo, cual drones. Que no sea que le convenga que no haya presidente en CAT para sacar rédito.
Rivera y muchos otros parecen no entender cómo funciona la democracia, que no se puede aplicar el poder judicial y policial cuando no te gusta el restultado de unas elecciones. Se trata de conseguir representación suficiente en un parlamento. Si no la tienes, hazlo mejor.
Se entiende ahora mucho más su falsa ruptura con el PP porque, según dice, no aplica suficientemente el #155. Le conviene dureza, porque es lo que le da votos. "Aprovechategui" parece un adjetivo muy apropiado para alguien que ya se ve Presidente de España.
Le recomiendo a Rivera que tenga más prudencia, los movimientos de votantes de un partido a otro son lentos. Que se lo digan a los amigos de Podemos y su "no sorpasso" que nos ha llevado a donde estamos ahora mismo. Creerse tanto las encuestas, con lo que fallan, tiene sus riesgos.

dimecres, 25 de gener del 2012

Quiero creer en la Justicia

Camps y Rajoy, amiguitos del alma. 
¿La hay en este país? Quiero creer que sí. Quiero creer que hay igualdad de condiciones ante la ley, que un corrupto, si es pillado, va a ser condenado y que irá a la cárcel. Que un magistrado no será condenado por intentar juzgar los crímenes del Franquismo o que el Gobierno no aplicará un copago para los recursos, haciendo más difícil la justicia para quienes menos dinero tienen. O para quienes no lo tienen. 

Quiero creer también que habrá un día en el que los partidos políticos perseguirán a sus corruptos, en lugar de ponerlos a la cabeza de sus listas para que saquen mayoría absoluta. Me gustaría también creer que un día los votantes no darán su apoyo a políticos que practican el cohecho, que aceptan bolsos de Prada o que tienen "amiguitos del alma". Quiero creer que no se ha dado barra libre a la corrupción en nuestro país, si eres de un determinado partido. 

Quiero creer. Pero es jodidamente complicado, en días como hoy.