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dissabte, 19 d’octubre del 2019

Violencia policial

Estoy harto. En la última semana he tenido que escuchar en los medios sandeces sobre que España es una "democracia consolidada", que la sentencia del Procés está "ajustada a derecho" y ahora, tras los incidentes causados por decenas de encapuchados en Barcelona, me tengo que oír algo que Antena 3 y Telecinco llevan años diciendo, que el independentismo es un movimiento violento. "Ahora se ve claramente" dicen los voceros del apocalipsis.

Esos mismos voceros, por cierto, son los que no dicen absolutamente nada sobre las detenciones y agresiones a periodistas durante las últimas noches en Barcelona. En Mèdia.cat llevan un buen recuento de las mismas. https://twitter.com/MediacatCat/status/1185283240996884480

Detener periodistas no es propio de "democracias consolidadas". Me horroriza ver cómo los encapuchados destrozan la ciudad en la que nací y que la policía tenga luz verde para dar palizas, usar tácticas peligrosas como el llamado "carrusel" (conducir furgonetas a toda velocidad contra manifestantes para disolver una manifestación, con el peligro de cometer atropellos), agresiones con pelotas de goma (ilegales en Cataluña) y actitudes dictatoriales de antidisturbios agrediendo a periodistas y fotoperiodistas para evitar que filmen las agresiones a manifestantes. O para evitar que se vea cómo se dan palmaditas con manifestantes fascistas.

España desde hace muchos años va en un bólido hacia una dictadura y algunos creen que se salvarán por defenderla. Están muy equivocados. Otros no quieren creer que eso sea cierto... y por desgracia serán los segundos en caer.

Al Fascismo se lo combate, no se pone uno de lado, ni a mitad de camino. Ni se le describe con eufemismos como "constitucionalistas con banderas" en el Telediario. Porque entonces corres el peligro que alguien te llame "equidistante" o "colaboracionista pasivo" y que quizá no esté del todo equivocado.

Pero afortunadamente hoy hemos visto una reacción en todo el país (Zaragoza, Valencia, Asturias, Burgos y muchas otras ciudades), que se han manifestado contra la sentencia y en apoyo al "pueblo catalán" (así lo describían en las manifestaciones). Hay esperanza, esperemos que haya reacción y que los inútiles adictos a la demoscopia se den cuenta que la represión y las sentencias judiciales sólo son gasolina para incendiar y para evitar que se resuelva el "problema catalán". Pero claro, para darse cuenta de eso hay que tener altura política.

diumenge, 2 de setembre del 2018

Homeland



Se habla poco de la careta de entrada de Homeland en su 6ª temporada, en la que se incluye el poema de Gil Scott-Heron "The revolution will not be televised".
Canto revolucionario por excelencia desde los 70, que ha sido usado en multitud de programas de televisión y radio. Me parece un acierto, aunque tenga poco que ver con la serie, basada más en espionaje y terrorismo que en revoluciones culturales o sociales. Detalles pequeños como estos son los que la gente curiosea, googlea y busca su significado.
Es necesario que en tiempos como los de ahora busquemos y recordemos cómo nuestro pasado intentó revelarse contra un régimen establecido. Por lo menos, que no lo olvidemos. Pq nunca es tarde para una revolución, aunque sea cultural.
A diario vemos cómo nos dicen qué decir, qué pensar, cómo actuar. Y a algunos les meten en la cárcel por no hacerlo. Raperos, políticos, actores, cantantes... Y lo visten de democracia y de defensa de tus derechos. Cuando no lo es.
Es necesario ser crítico a diario con quienes gobiernan o quienes dirigen los partidos o quienes dominan un sector concreto. Sobre todo si nos gusta ese Gobierno, ese partido o ese sector. Estar vigilantes es parte de nuestra responsabilidad como ciudadanos.
Porque el sentimiento acrítico te lleva la fe. Y tener fe en la clase política suele tener como resultado la corrupción más absoluta, gracias a la actitud pasiva de quienes debían denunciarlo. Y no sólo hablo de la prensa, sino de ti.
La fe en el relato de la Transición, por ejemplo, nos ha llevado a la situación actual. Pobredumbre moral y ética sobre alfombras parlamentarias, seguidismo lacayo de los grandes medios de comunicación y (excepto algunos movimentos sociales) apatía social cómplice con el sistema.
El minúsculo gesto de la serie Homeland de incluir "The Revolution Will not Be Televised" me parece impensable en una serie televisiva española sobre la política, de haberse hecho. Para empezar, porque ni se hubiese hecho la serie, pq aún hay demasiada fe en el sistema y la Transición.
Mental y socialmente, seguimos en una dictadura en la que para algunos ¡EN 2018! es una mala idea sacar los restos de Franco del Valle de los Caídos. Este país no será realmente una democracia hasta que la Fundación Francisco Franco sea ilegalizada y se apruebe una ley contra la exaltación del fascismo y se prohiba el uso de simbología nazi y ultraderechista, como ya ocurre en Alemania.
Pero viendo los perfiles de quienes dirigen los partidos actualmente, me parece poco probable que unos se atrevan y otros no lleven al T. Constitucional a los primeros si lo hacen. Todos tienen un pasado, un futuro y unas deudas en las que pensar.

diumenge, 15 de novembre del 2015

Redes sociales y Televisión

En el programa Vida digital podréis escuchar mi sección mensual. Este mes, en el minuto 81. 




Este mes os quiero hablar de las redes sociales como complemento de otros medios como la radio y la televisión. Está claro que la forma de comunicarse ha cambiado y que las redes han supuesto un gran avance en este sentido. Hace unos años para que tu opinión se escuchase en un medio de comunicación tenías que mandar una carta, un email o llamar por teléfono. La aparición de las redes ha facilitado muchísimo la aportación del ciudadano en los programas. Aunque siguen existiendo filtros tanto en radio como en televisión es cierto que la facilidad con la que hacemos llegar un mensaje nos permite al común de los mortales la posibilidad de tener nuestro minuto de gloria con la aparición de un tuit en nuestros programas favoritos.

Pero ¿han cambiado las redes a los medios de comunicación? Yo creo que sí, claramente. De forma inesperada, en Twitter se ha convertido en un nuevo método de audiencia televisiva y radiofónica. La respuesta social que tiene un programa, el éxito de sus hashtags, son sin duda un método de medir la aprobación o desaprobación del público a los contenidos que se les ofrece. Es además un método inmediato, con lo que mientras se emite el programa un director del mismo puede detectar si los contenidos están gustando o no. El patio de vecinas en el que se ha convertido Twitter permite a muchos ejecutivos de televisión valorar el éxito de sus contenidos, más allá de la audiencia tradicional. Más de un programa se ha salvado o ha regresado gracias a la buena acogida social. La influencia de un programa de televisión o radio es ahora medible más allá de la gente que lo ve o que lo escucha.

Es conocida la competencia televisiva entre programas de debate político como “La Sexta Noche” de La Sexta y “Un tiempo nuevo” de Cuatro y Telecinco. Está claro que, más allá de la audiencia, el programa de debate de laSexta gana por goleada ya que cada fin de semana vemos 3 o incluso 4 hashtags del programa de Iñaki López y sólo uno o ninguno del debate de Mediaset. Eso no significa que guste más, sino que se habla más de él, que es más polémico, que provoca más reacciones, sean favorables o desfavorables. Esa es en realidad la importancia de las redes sociales y la televisión, que son capaces de aportar el matiz en directo de lo que se está emitiendo, más allá de demostrar que un programa se está viendo más que otro.


Además de ser una fuente de información, o en ocasiones de desinformación, las redes han proporcionado un termómetro de la indignación social en directo. Uno de los ejemplos más claros fue el programa de laSexta “Salvados” de Jordi Évole, en el reciente debate entre Pablo Iglesias y Albert Rivera, en el que las valoraciones de ambos candidatos, el estado de los mismos o las preguntas de Évole eran valoradas por los espectadores. O el caso más sintomático de la historia reciente de la televisión, el programa “Operación Palace”, que demostró hasta qué punto los espectadores se iban creyendo o no el relato que Jordi Évole les iba contando. La polémica duró varios días, incluidos sus hashtags que obligó al propio presentador a disculparse por la broma.