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dimarts, 10 d’abril del 2018

Paso a paso hacia la dictadura

Leía hoy en Twitter que, tras la reforma del código penal de 2015, el mero hecho de manifestarse puede ser constitutivo de delitos como rebelión, sedición y terrorismo. Luego algunos se llenan la boca diciendo que son demócratas, pero piden que prohíban obras de teatro y que detengan a gente por manifestarse. O peor aún, se callan cuando otros lo piden. Felicidades.
Cada día hay noticias en España que muestran que lo nuestro es muchas cosas, excepto una democracia. Realmente el nivel de autoengaño de nuestro país no tiene límites. Desde el 78 igual. O desde el 39.
Lo más triste es que miles de personas prefieren creer que viven en una democracia, a pesar de las decenas de indicios diarios que muestran y demuestran lo contrario. Hace 50 años podría entenderse, pero hoy con redes sociales, Internet y miles de canales de TV, sinceramente no lo entiendo.
Las democracias se desmantelan poco a poco y se acaban destruyendo gracias a la colaboración de miles y miles de personas inocentes que deciden no hacer absolutamente nada. Ni abrir la boca para denunciarlo. Miedo, pereza y desidia han estado siempre por encima del bien y el mal.
Y tristemente España no es la única. El fascismo es TT en toda Europa y lo vemos a diario elección tras elección. La gente preocupadísima por el asunto, pero incapaces de ver el fascismo en nuestro propio país (Indas, Losantos, Casados y otros aparecen a diario en TV).
Se manipula la información a diario, se acusa a personas sin pruebas, se les mete preventivamente en prisión "por lo que puedan hacer", pero lo llamas democracia porque prefieres creer eso que admitir que no estás haciendo nada para detenerlo. Eres todo un demócrata.
Se nos está desmontando la democracia día a día y los partidos, sólo interesados en guardar la ropa. Si en lugar de eso denunciaran el desmantelamiento y abanderaran la lucha por la democracia, igual incluso obtendrían algún voto más del que reciben ahora. Igual.
Porque no se trata sólo de Cataluña. Se trata del concepto de Franquismo institucionalizado en nuestra sociedad, de la dulcificación de un Estado que fue asesino y represor y de que sus herederos se han hecho con ese Estado, a nivel administrativo, judicial, político e institucional.
El régimen del 78, como vimos en #OperaciónPalace de @jordievole, fue el mayor autoengaño de una sociedad europea de los últimos siglos. Una forma de dominación pasiva de la sociedad española, en la que se nos ofreció un contrato precario, afirmando que estar en el paro es peor.
"Tú vota la Constitución que han negociado los militares con la pistola en la mesa, porque sino la alternativa igual no te acaba de gustar". Por lo menos en Argentina persiguieron a los militares golpistas años más tarde. Aquí ni se sueña con ello. Democracia en estado puro, vamos.
Y así, cachito a cachito nos van robando derechos, van persiguiendo a quien se manifiesta, llamándoles "terroristas, rebeldes y sediciosos" mientras se afirma a gritos que hay separación de poderes y que nuestra Justicia es intachable. Luego vas a Europa y pasa lo que pasa.
Y la reacción a las sentencias europeas no es "igual estamos equivocados" sino "qué coño van a saber estos". Provincianismo de toda la vida vamos, Dios nos libre de hacer autocrítica. El manual del demagogo no podría seguirse más al pie de la letra. Qué futuro nos espera, pardiez.

diumenge, 15 de novembre del 2015

Redes sociales y Televisión

En el programa Vida digital podréis escuchar mi sección mensual. Este mes, en el minuto 81. 




Este mes os quiero hablar de las redes sociales como complemento de otros medios como la radio y la televisión. Está claro que la forma de comunicarse ha cambiado y que las redes han supuesto un gran avance en este sentido. Hace unos años para que tu opinión se escuchase en un medio de comunicación tenías que mandar una carta, un email o llamar por teléfono. La aparición de las redes ha facilitado muchísimo la aportación del ciudadano en los programas. Aunque siguen existiendo filtros tanto en radio como en televisión es cierto que la facilidad con la que hacemos llegar un mensaje nos permite al común de los mortales la posibilidad de tener nuestro minuto de gloria con la aparición de un tuit en nuestros programas favoritos.

Pero ¿han cambiado las redes a los medios de comunicación? Yo creo que sí, claramente. De forma inesperada, en Twitter se ha convertido en un nuevo método de audiencia televisiva y radiofónica. La respuesta social que tiene un programa, el éxito de sus hashtags, son sin duda un método de medir la aprobación o desaprobación del público a los contenidos que se les ofrece. Es además un método inmediato, con lo que mientras se emite el programa un director del mismo puede detectar si los contenidos están gustando o no. El patio de vecinas en el que se ha convertido Twitter permite a muchos ejecutivos de televisión valorar el éxito de sus contenidos, más allá de la audiencia tradicional. Más de un programa se ha salvado o ha regresado gracias a la buena acogida social. La influencia de un programa de televisión o radio es ahora medible más allá de la gente que lo ve o que lo escucha.

Es conocida la competencia televisiva entre programas de debate político como “La Sexta Noche” de La Sexta y “Un tiempo nuevo” de Cuatro y Telecinco. Está claro que, más allá de la audiencia, el programa de debate de laSexta gana por goleada ya que cada fin de semana vemos 3 o incluso 4 hashtags del programa de Iñaki López y sólo uno o ninguno del debate de Mediaset. Eso no significa que guste más, sino que se habla más de él, que es más polémico, que provoca más reacciones, sean favorables o desfavorables. Esa es en realidad la importancia de las redes sociales y la televisión, que son capaces de aportar el matiz en directo de lo que se está emitiendo, más allá de demostrar que un programa se está viendo más que otro.


Además de ser una fuente de información, o en ocasiones de desinformación, las redes han proporcionado un termómetro de la indignación social en directo. Uno de los ejemplos más claros fue el programa de laSexta “Salvados” de Jordi Évole, en el reciente debate entre Pablo Iglesias y Albert Rivera, en el que las valoraciones de ambos candidatos, el estado de los mismos o las preguntas de Évole eran valoradas por los espectadores. O el caso más sintomático de la historia reciente de la televisión, el programa “Operación Palace”, que demostró hasta qué punto los espectadores se iban creyendo o no el relato que Jordi Évole les iba contando. La polémica duró varios días, incluidos sus hashtags que obligó al propio presentador a disculparse por la broma. 

diumenge, 27 de juliol del 2014

La confesión de Pujol

Escribir sobre el hombre que ha representado la figura de "El President" como nadie y que ha construido buena parte de la Catalunya que conocemos hoy en día merece una reflexión más profunda de la que hemos visto últimamente. El impacto que ha tenido su confesión en la sociedad catalana y española ha sido muy grande. Las noticias publicadas, por ejemplo en El Mundo o en El Confidencial, destacan este aspecto y han desatado un sinfín de reacciones políticas y periodísticas sin precedentes. Uno de los periodistas de La Vanguardia más cercanos a CiU y al 'President' Pujol, Francesc Marc Álvaro, ha escrito un extenso artículo, que os recomiendo leer, sobre el hombre que se escondía tras el cargo y la relación que tenía con su familia. Las reacciones políticas a la noticia han sido inmediatas y contundentes, pidiendo explicaciones a Pujol y su familia sobre la confesión de ocultación de dinero al fisco en paraísos fiscales, los más suaves, y pidiendo que dimita de sus cargos y abandone todas sus prebendas, los más afanados. La sensación que se le queda a uno al leerlas, a pesar de no ser de CiU y de no haberles votado nunca, es la de una jauría de hienas (dicho con todo el respeto) despedazando el cadáver político de un hombre que hasta su confesión, había sido intocable para todos ellos. Más de 30 años esperando dan para mucha hambre atrasada, imagino. En todo caso, más de un político de cierto partido debiera contener un poco ese afán, vistos los casos de corrupción y los imputados de su propio partido. 

En cuanto al hecho en sí, la confesión, se ha especulado en informativos y en debates que podría ser una jugada de Jordi Pujol para ocultar otros casos de corrupción de su familia, sabiendo que a su edad no va a entrar en prisión y, de esa forma, matar dos pájaros de un tiro, al librarse de un castigo legal (más allá del castigo público y mediático que ya está sufriendo). Lo que permanece es también la sospecha, de la que no tengo ninguna prueba, de que Jordi Pujol organizó una trama de corrupción política en la cual se llevaba el 3% de todas las adjudicaciones que llevó a cabo la Generalitat en los 20 años que estuvo al cargo de la misma. Con esta confesión, Pujol teóricamente se libraría de esa acusación afirmando que el dinero provenía de una herencia no declarada en estos 30 años y ocultada en paraísos fiscales. Esa es la trama a la que se refería Pascual Maragall cuando asombró al Parlament con sus conocidas declaraciones sobre "el 3%", aunque siempre he considerado que lo sorprendente del tema no fue la acusación, sino que todos supieran a qué se estaba refiriendo el entonces President de la Generalitat socialista. Esa sensación de que Omertá, de silencio implícito, que hasta la acusación de Maragall nadie se había atrevido a verbalizar, dada la trascendencia y la importancia de Jordi Pujol en la sociedad catalana. 

Todo esto me ha hecho recordar una anécdota con un amigo mío muy convergent, a quien provoqué un gran enfado cuando sugerí que la lógica más pura me llevaba a pensar que era imposible que un político que lleva 20 años en el poder no hubiera estado implicado en un solo caso de corrupción política. Al principio creí que se enfadaba por estar atacando al President Pujol, pero más tarde sus ojos me revelaron que fue más bien el hecho de que no había querido darse cuenta del tema durante todos estos años, lo que le enfadó. Del mismo modo que a muchas personas de izquierdas les sentó como una patada en el estómago el docufake de Jordi Évole "Operación Palace", a mi amigo lo que le fastidió, creo, fue el hecho de despertarse de la ensoñación en la que había dormido 20 años. En ambos casos se atacó a quien despertó a todos de esa ensoñación, en lugar de a las personas que se la hicieron creer. 


Eso ocurrió en 2006, en pleno debate del Estatut, una época pésimamente gestionada por la política española que ha provocado el estado de ánimo actual en Cataluña. Hoy en día vivimos una situación análoga, en la que es notorio y poco casual que aparezcan este tipo de informaciones, en plena efervescencia del independentismo catalán, que algunos, muy ofendidos y usando lenguaje de guerra, describen como el "desafío secesionista". Y con una clara estrategia prebélica, se ha encendido el ventilador para que aparezcan este tipo de informaciones, a menos de una semana de la celebérrima reunión entre los Presidentes Rajoy y Mas. No es necesario ser un conspiranoico para darse cuenta de que las casualidades no existen, y menos cuando hablamos de política estatal. 

dilluns, 24 de febrer del 2014

Operación Palace

El falso documental de Jordi Évole ha sido sin duda uno de los más polémicos que ha realizado este periodista en su carrera. En un formato distinto al Salvados que solemos ver cada domingo en La Sexta, el Follonero (esta vez, más que nunca) se ha jugado el prestigio con un espacio dedicado a un tema tan polémico como el 23F. Se han podido ver, desde las 22:10 de ayer, muchas reacciones por el reportaje, la gran mayoría negativas, por parte de la izquierda española. La decepción con el periodista ha sido grande. Es entendible, pero desde luego no compartible. 

Con "Operación Palace", Jordi Évole, como comentaba en La Sexta, quería mostrar al espectador que es fácil que se miente y manipula a la sociedad en temas de tanto calado como el 23F. También explica el periodista que quiso emular al reportaje "Operación Luna", u otros también que no menciona, como "Alternativa 3". En estos falsos documentales se hace creer al espectador que una teoría es cierta, utilizando a voces de prestigio, para desvelar al final del reportaje que se trataba de un producto de ficción, como poco. 

Lo malo es que Jordi Évole, ha decepcionado a muchos de sus seguidores porque querían creer que lo ocurrido en el 23F era lo que él les contaba. En lugar de entender que la misión del reportaje es demostrar que las mentiras que le cuentan cada día en el Telediario o en las ruedas de prensa de políticos son muy a menudo fundamentadas por gente de renombre, para darles verosimilitud, muchos se han quedado con el "me ha engañado". Este desamor por el periodista, esta decepción por el "engaño" (que en realidad no debería haber sido tal, por varias razones), se fomenta por la cara de bobo que se le han quedado a algunos al descubrir que todos los testigos se desdecían de sus comentarios en "Operación Palace". 

Si alguien se ha enfadado con "Operación Palace", debería preguntarse por qué se enfada. Es poco probable que sea por el final del programa. A los 20 minutos (sobre las 21:50), ya era bastante probable discernir que algo olía mal en ése reportaje. El hecho de que hablen todos estos protagonistas de los hechos, de repente, tras haber callado durante 33 años era muy poco probable. Si esta razón no era convincente, el hecho de la elección del director de cine era aún menos creíble. No porque Garci no fuera bien valorado por muchos en 1981, sino porque la discusión entre la elección de Flotats u otros candidatos rozaba el ridículo, igual que la mayoría de las intevenciones de Jorge Vestrynge. Con todos estos ingredientes, el cóctel dejaba poco lugar a engaño. 

Pero aún así, mucha gente se ha cabreado y decepcionado con Évole, pero probablemente no por el hecho de que "Operación Palace" fuera un fake, sino por el hecho que ha demostrado que la mayoría de esa gente ha creído durante décadas en la milonga que nos contaron en la Transición, cuando en realidad era una farsa. Que la llamada "verdad sobre el 23F" es tan creíble como el documental de ayer. Que la cara de bobo que se le ha quedado a muchos no es por el reportaje, sino por la histórica manipulación que consolidó al Rey Juan Carlos durante 30 años. Por eso es absurdo criticar a Évole, que es el mensajero. Desde luego, "Operación Palace" es un documental arriesgado y una excusa para atizar a quienes le tenían ganas, pero no fue más que una presentación de una teoría falsa y una admisión de su falsedad. Se han enfadado muchos probablemente porque se creen ciegamente lo que Évole explica en Salvados y él les ha demostrado que eso no es bueno, aunque vaya contra sus propios intereses.