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diumenge, 22 de maig del 2016

Liderazgos de plástico

En una de esas comidas familiares que se alargan hasta casi la madrugada (barbacoa, primos y vino en abundancia), uno de los temas sobre los que discutimos fueron las próximas elecciones. Como es obvio todo familiar tiene su postura, su opinión y su ideología, que van desde la indiferencia más absoluta por la política, hasta la concienciación clara de un cambio necesario en el Gobierno y la sociedad. Una de las conclusiones a las que llegamos es que vivimos una época de líderes débiles. En una época en la que los personalismos y los candidatos son el centro del foco, es paradójico que encontremos en las cabezas de lista personajes como Pedro Sánchez, quien es quizá el Secretario General de PSOE con menos poder de la historia en su propio partido. O Mariano Rajoy, cuyo tancredismo ha inmobilizado de tal modo a su partido que no se ve (a primera vista) ningún rival que quiera o se atreva a sustituirle, a pesar de que parece claro que el recorrido político a largo plazo del presidente del Gobierno no parece ser muy alagüeño. Así que, mirando al futuro, ¿qué líderes nos presenta el horizonte en España? De derecha a izquierda:

En el PP, más allá de su secretaria general Cospedal y de la vicepresidenta Sáenz de Santamaría, encontramos a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Cristina Cifuentes, quien tiene un perfil distinto al habitual en su partido. Más abierta a algunas reclamaciones sociales y con un perfil similar al de los nuevos vicesecretarios del partido en el uso de las formas, parece una candidata a considerar. Con este perfil, tiene el favor de la prensa madrileña, tanto de derechas como de izquierdas, en buena parte gracias a que su antecesora en el cargo, Esperanza Aguirre, azote del izquierdismo local, tenía un perfil mucho más torquemadino hacia ellos. El perfil más moderado de Cifuentes le ha granjeado un tratamiento blando entre la supuesta prensa rival ideológicamente, lo cual podría llevar a engaño y repetir un "efecto Gallardón" (quien fue considerado como el perfil más moderado y cool del PP, hasta que se quitó la careta en el ministerio de Justicia). Quien haya tenido una mínima relación con el 15-M, o recuerde los incidentes entre 2012 y 2014, no puede olvidar cómo "la Cifu" ordenó a la policía local madrileña antidisturbios usar todo tipo de fuerza innecesaria contra los manifestantes en infinidad de ocasiones. La expresión "loba con piel de cordero" concuerda bastante con este perfil de política. Aún así, con la llegada de los nuevos "vicesecretarios majetes" del PP parece que sus opciones de diferenciación en su partido han menguado, y ello se suma al rechazo que muchos han expresado con su figura en el PP, por no ser suficientemente de derechas.

En Ciudadanos, la única opción a nivel nacional es obviamente Albert Rivera. Aunque algunos periodistas le ha considerado como "humo" y han destacado la fragilidad de su discurso, es obvio que ha marcado un estilo propio en la política, tanto estética como dialectalmente. Del mismo modo que el 15-M evidenció la vejez estructural del PSOE y que Podemos está comiéndole más terreno del que jamás le comió Izquierda Unida, en la derecha Ciudadanos ha supuesto una renovación del mensaje conservador. Su simple aparición obligó a Rajoy a renovar internamente el partido para ofrecer una visión menos vetusta de sí mismo, con la ya mencionada llegada de los "vicesecretarios cool". Rivera, con el supuesto apoyo de los grandes capitales, pretendía convertirse en el partido visagra que permitiese a la derecha seguir en el poder, aunque obligándola a reformarse en las formas. Aunque la renovación de la derecha es bienvenida y era muy necesaria desde el auge de Federico Jiménez Losantos, Intereconomía y 13tv, lo cierto es que la de Ciudadanos no es más que una renovación fake. Un proceso de marketing demasiado evidente entre el que destacan candidatos físicamente atractivos, el uso de chaqueta sin corbata y pantalones tejanos para dar una apariencia juvenil o la insustanciabilidad de sus mensajes. Los continuos guiños al PP y su clara apuesta por políticas socioeconómicamente liberales evidencian la ideología real del partido de Rivera & Co. Política prefabricada, estilo Ikea, sin alma pero decorativamente muy bonita para quienes no entiendan mucho de política.

En el PSOE encontramos quizá el liderazgo más débil de este partido en las últimas décadas. Pedro Sánchez, a pesar de que está aguantando más de lo que algunos creían, y que ha tenido la virtud de saber esquivar en momentos clave la espada de Damocles de Susana Díaz, no deja de ser el rival más débil. La falta de contenido de sus mensajes, sus cambios de postura ideológica de un día para otro, la falta de un proyecto claro y su excesiva fragilidad ante los barones del partido han hecho que su liderazgo se pinche con buena parte de las espinas de la rosa socialista. Para ser un líder debes tener una mínima seguridad no sólo en tu cargo sino en tu entorno, y Pedro Sánchez parece que se pasa más tiempo intentando esquivar los puñales que le llegan desde la espalda que dirigiendo el transatlántico socialista. Además, la toma de decisiones tampoco es uno de los fuertes de Sánchez. En la postcampaña electoral ha apostado claramente por un perfil centrista, que le aleja de la izquerda originaria de su partido y le acerca y une indefiniblemente al Ciudadanos de Rivera, incluso tras la ruptura de su pacto electoral. Por otro lado, no sólo no ha querido renovar un barco de por sí caduco, sino que ha recuperado a viejos lobos de mar de los años 90 que poco pueden aportar a un partido que necesita algo más que la tradicional sesión de maquillaje que se da a sí mismo cada lustro. Ese ha sido el gran error de este partido en las últimas décadas, que es como una actriz de cabaret entrada en años, desfasada y viejuna, cuyo maquillaje no sólo no oculta su vejez, sino que la evidencia aún más. Su debilidad, su falta de fondo ideológico y su cobardía a la hora de afrontar los cambios estructurales necesarios en su organización, hacen de Pedro Sánchez una mala copia de Albert Rivera en las formas y un títere en manos de la presidenta de Andalucía. Y eso es porque da la impresión de que cuando mamá Díaz se canse de esperar y se levante para liderar su partido, Pedrito va a tener que irse a su cuarto.

Para terminar, en la autoproclamada izquierda real, encontramos el tándem Garzón-Iglesias de Unidos Podemos. Son dos personajes muy distintos, poli bueno y poli malo, cuya falta de entendimiento hasta hace escasas semanas ha retrasado lo que podría y debería haber sido el sorpasso de las izquierdas ciudadanas al tradicionalismo de centro-izquierda en las elecciones del 20D. Empezando por Alberto Garzón, el babyface de la política española, hay que destacar la renovación (al menos en apariencia) de uno de los partidos más caducos y oscurantistas internamente del parlamento español, Izquierda Unida. Las luchas de poder, los intereses creados en consejos de administración de bancos y cajas y las puñaladas internas (aparte de chistes como "izquierda desunida") han provocado en este partido un decaimiento de la imágen que parecían muy difíciles de superar. Pero la llegada del 15-M, y en concreto de Alberto Garzón, sirvieron al partido para recuperar el camino adecuado. Saneado el partido por dentro, repito, al menos aparentemente, Garzón afronta el reto de apoyar a Podemos a conseguir un sorpasso que saque al PSOE de la segunda posición y, si es posible, mande a la oposición al PP de Rajoy. Como reto se plantea harto complicado, aunque su perfil de yerno ideal forme un buen tandem con el más agresivo de Pablo Iglesias. Aún así, se le intuye, igual que ocurre con P. Sánchez, una cierta debilidad en su partido, aún desconfiante y receloso de la supuesta renovación que supone Garzón para ellos. El tiempo dirá en qué acaba esta historia. 

La segunda plaza del tándem de la izquierda real es un Pablo Iglesias cuyo perfil es su mejor arma y su mejor defecto. Su discurso claro, bien estructurado, directo y sin tapujos, le ha brindado la oportunidad de trasladar su mensaje de televisión local a las grandes cadenas del panorama audiovisual estatal. Su preparación previa de debates, su agresividad, la estructuración de su discurso y su habilidad para marcar la agenda política le han llevado a lo más alto de una forma meteórica, creando su propio partido tras las fallidas negociaciones con IU en 2013 y revolucionando la política española desde las elecciones europeas de 2014. Aún así, Pablo Iglesias y muchos de sus compañeros de Podemos han pecado de arrogantes, asumiendo para ellos mismos el voto de la indignación. Es cierto que buena parte de sus bases forman lo que se denominó el movimiento 15-M, pero entre los movimientos sociales se ha desconfiado de Podemos en muchos sentidos, por esa (en ocasiones) apropiación indebida de un movimiento social que revolucionó el país sin líderes, sindicatos o partidos políticos. Pablo Iglesias, que como decíamos antes, su carácter es a la vez su mayor virtud y su mayor defecto, da la impresión que a veces se cree el centro del universo político, la Khaleesi de la política española, rompedor de cadenas, liberador de esclavos y madre de dragones. Sea o no cierto, en ocasiones precisamente esa es la impresión que da y eso le resta votos en el ámbito de quienes no se sienten interesados por la política. Siendo él y su equipo excelentes estrategas políticos, han aprendido a moderar su mensaje cuando es debido y a no arrogarse ideas y planteamientos que no son propios, a pesar de algún patinazo inicial y de algunas decisiones recientes muy controvertidas. En sí la arrogancia no es un defecto en política, ya que refuerza el ego, la confianza en uno mismo y evita ser asimilado en un sistema de por sí corrupto. Pero la abundancia de la misma es, obviamente, un defecto que tinta y cuya mancha es muy difícil de quitar. 

En definitiva, vemos que los partidos políticos españoles carecen en muchas ocasiones de líderes políticos que merece la situación social actual. El bocadillo de la Transición, que en tantas ocasiones nos hemos comido en los últimos 40 años, debería haber dejado un mejor poso que el actual. La prácticamente nula voluntad de entendimiento y pacto entre los partidos a nivel estatal ha llevado a una repetición de elecciones que, si no cambian mucho las cosas, va a seguir igual después del 26J. Los intereses partidistas primarán sobre los del ciudadano de a pie, igual que en los 80, 90, 2000 y la década actual, a pesar de que la aparición de los partidos emergentes haya revitalizado un poco un panorama político muy mejorable. Líderes de plástico para una sociedad viva. Esta es la política española del nuevo milenio.

dimarts, 15 de desembre del 2015

Venezuela, delfines y debates

En el programa Vida digital podréis escuchar mi sección mensual. Este mes, en el minuto 36:20 aprox. 



Texto: 
Hoy quiero empezar hablando de Venezuela, un país polémico donde los haya, que acaba de celebrar una elecciones parlamentarias que han supuesto una clara derrota del chavismo. Hay quienes afirmaban que este movimiento, el chavismo, perduraría por los siglos de los siglos, pero tras la muerte de su creador, lo cierto es que era complicado aguantar una estructura semejante sin los recursos económicos que el petróleo proporcionaba al país. Tras la crisis de esta materia prima y la fuerte caída de los precios, el mal-llamado régimen chavista lo ha tenido muy complicado para salir adelante. Y más con una figura tan poco carismática como Nicolás Maduro, quien es más un gestor gris que un parlamentario elocuente. Lo cierto es que cuando muere un líder o cae en desgracia es siempre muy complicado sustituirle. De hecho, lo más habitual es que el partido de ese líder caiga en la oposición para recuperarse, a menos que haya un delfín a la altura de las circunstancias, hecho que en realidad pocas ocasiones ocurre.

En España lo hemos vivido muchas veces, como en el caso de Aznar y Rajoy en el Gobierno o el caso de Pujol y Artur Mas en la Generalitat, casos en los que ambos delfines tuvieron que perder dos elecciones para conseguir devolver su partido al poder. Es cierto que en ocasiones ocurre, que un delfín es elegido, pero suelen ser presidencias de poco recorrido, de una legislatura como máximo, como en el caso de Margaret Thatcher y y su delfín John Major, quien fue derrotado por Tony Blair el año 97, o en Cataluña ocurrió con Pascual Maragall y su delfín José Montilla.

El caso es que, volviendo a Venezuela, la reelección de Nicolás Maduro va a ser realmente complicada en 2019, porque va a tener el parlamento en contra y le va a ser realmente complicado gobernar. Y de hecho, aunque pretenda llegar hasta el fin de su legislatura, en Venezuela, a pesar de que la llaman dictadura, tienen una figura legislativa, el proceso revocatorio, que permite echar a un presidente por medio de referéndum. Curiosa dictadura la que celebra elecciones en las que puede perder su líder y que tiene un proceso para echarlo si el pueblo lo decide. Pero nomenclaturas a parte, el chavismo, a menos que sepa renovarse y coger fuerza como ha hecho recientemente el PRI en México o como ha hecho en incontables ocasiones el peronismo en Argentina, parece que tiene por delante una carretera llena de curvas.

Debate a cuatro 
Por cierto, cambiando de tema, el lunes 7 se ha celebrado en España el primer debate a cuatro. Lo que podemos denominar el Neobipartidismo (es decir, a los tradicionales PP y PSOE se le suman los partidos emergentes Podemos y Ciudadanos) ha supuesto un cambio de formato en el que en lugar de un debate cara a cara, se apostó por uno a cuatro esquinas, excluyendo a dos de los partidos minoritarios de las últimas elecciones, UPyD e Izquierda Unida. El debate nos dejó muchos detalles interesantes, empezando por el formato, mucho menos rígido que cualquiera delos otros celebrados, aunque aún hubiera que mejorar muchos aspectos. Ni los presentadores ni los políticos parecían muy acostumbrados al modelo y se vio cierta rigidez en un formato que, a pesar de mejorar los anteriores, pudo ser mucho más dinámico. 

Por otro lado, el hecho más destacado fue la ausencia del presidente Rajoy, que por si alguien lo ha olvidado es candidato a estas elecciones y se excusó diciendo que no podía atender por “problemas de agenda”, que es quizá la excusa más pobre desde “mi perro se ha comido los deberes” o “mamá, mamá, me duele la barriguita, no puedo ir al debate, ya si eso manda a Soraya pa’ que se coma el marrón”. Ausentes aparte, está claro que el debate lo ganó un Pablo Iglesias que hizo un excelente minuto final, por encima de un dubitativo Albert Rivera, una vicepresidenta que recitaba en exceso de memoria o un Pedro Sánchez que, una vez más, desaprovechó la ocasión de dejar claro que es algo más que un maniquí alto y guapo. 

La victoria de Podemos en este formato es lógica, porque Pablo Iglesias domina la televisión mejor que cualquiera de sus contrincantes. Lo que nos hace sospechar un poco más es que medios muy afines al gobierno, o el propio ejecutivo en privado, decreten tan vivamente esta victoria del candidato de la coleta, que podría entenderse como una estratagema para debilitar al gran rival del Partido Popular en estas elecciones, Albert Rivera y sus Ciudadanos. El candidato catalán no estuvo tan mal como algunos medios y tertulianos le pintan en sus crónicas y comentarios, pero sí es cierto que se le notó incómodo en determinadas partes del debate y que no cumplió con las altísimas expectativas que se habían puesto sobre él. En definitiva, fue un debate histórico en varios sentidos y que merece que recuperéis de la web de Atresmedia si no habéis tenido oportunidad de verlo.

diumenge, 27 de setembre del 2015

Elecciones catalanas 2015

Viñeta de @ferranmartin
En estas elecciones tienen dos ganadores, los que están a favor de la independencia y los que no. Los que destacan de su lado los escaños y los que destacan del suyo los votos. Los que destacan que el independentismo no consigue votos suficientes para declarar la independencia y los que se sienten legitimados para seguir con un proceso independentista porque su victoria sobre el resto es contundente (más de 40 escaños por encima del resto de partidos) y duplican los votos del primer partido de la oposición (en este caso, Ciudadanos, que obtiene 711.000 votos frente a los 1.574.000 de Junts Pel Sí). 

Mapa de resultados de las poblaciones catalanas. 
Analizando los resultados, vemos que JxSí se quedan muy cerca de la mayoría absoluta, ganando en la gran mayoría de ayuntamientos y en todas las comarcas catalanas (como vemos en la foto). Ciutadans consiguen adueñarse del voto anti-independentista subiendo de los 9 a los 25 escaños actuales, el PSC del bailongo Iceta salva los muebles con 16 escaños (perdiendo 4 respecto a 2012), Catalunya Sí que es Pot (Podemos + ICV) tienen un mal inicio en Cataluña con sólo 11 escaños cuando las encuestas les ponían con 18, el PP se estrella a pesar de su candidato Xavier García Albiol y la CUP saca los mejores resultados de su historia con 10 escaños, triplicando los resultados de 2012 (muy destacable, teniendo en cuenta que son un partido anticapitalista en un territorio de burgeses). De los que se han quedado fuera, hay que destacar a Unió, que ha pagado cara su aventura sin Convergència y Pacma, que una vez más se queda como el más votado de los partidos minoritarios sin representación parlamentaria consiguiendo casi 28.000 votos. 

Es obvio que se puede elogiar los resultados de Cs y la CUP, que son quienes más suben en estas elecciones. También hay que mencionar los bailes de Iceta, que a pesar de no presentar ninguna idea le han mantenido en los telediarios, por tanto, en la mente de los votantes (lo cual dice mucho del ser humano). Es innegable que CSQP y PP no han entendido de qué va el tema. Los primeros han planteado una campaña errónea, con un mal candidato como Rabell, que ni es joven ni da la imágen ideal para el partido a quien representa, o con sonoras salidas de tono de Pablo Iglesias, creyendo que estaban en los 80 o 90 y que podrían aspirar al cinturón de Barcelona cuando el partido que se jugaba es otro muy distinto (curioso, viniendo de uno de los partidos de la "nueva política"). Por su parte, el PP, azote de todo lo que significa ser catalanista en las últimas décadas, ha pagado muy cara su durísima campaña del miedo y apostar por un candidato tan alto como xenófobo como García Albiol, que esperaba limpiar Cataluña y a quien le han acabado limpiándo la cara. Errores y actitudes así, se pagan caros. El PP no sólo no ha podido neutralizar el crecimiento de Ciudadanos, sino que ha perdido 8 escaños, se ha quedado como penúltima fuerza electoral y sólo supera en un escaño a un partido a quienes ellos consideran como "radicales". Deberían pensar en quien hace realmente el discurso más radical en Cataluña.

Es igual, pero no es lo mismo
Lo cierto es que interpretaciones y cábalas aparte, hay que valorar qué futuro le espera a Cataluña internamente y en sus relaciones con el resto de España. Lo cierto es que estos resultados no son suficientemente fuertes como para que el lunes 28 se declare uniteralmente la independencia, pero tampoco como para que todo siga igual. En el Parlament catalán ahora hay una mayoría absoluta de partidos independentistas, hecho que no había pasado jamás. Lo lea quien lo lea eso es una victoria para estos partidos. Además, que Junts pel Sí no tenga mayoría absoluta significa que la coalición va a tener una gran dependencia de la CUP, de quien necesitará 6 diputados. Eso, a pesar de lo que digan las tertulias y los titulares de la prensa del lunes, no sólo no detendrá el Procés, sino que posiblemente lo acelere. Para empezar porque han afirmado ya que no van a votar a Artur Mas en el proceso de investidura. La CUP, que es un partido ciudadano con casi tres de décadas de existencia, apuesta por la independencia y, como ha dicho el propio Antonio Baños, está más preocupado por el proceso que por quien gobernará la Generalitat. Por tanto, le guste a quien le guste, el proceso va a seguir. 

Mapa de resultados de las comarcas catalanas.
Y va a seguir a pesar de que (a la hora que escribo este artículo) los votos claramente a favor de la independencia son 1.900.000 y el resto, con sus muchos matices, son 2.050.000 (aprox). Eso no significa necesariamente una derrota plebiscitaria teniendo en cuenta que CSQP se ha mostrado a favor del voto a decidir, y técnicamente quizá no habría que incluirles en el voto del no, pero sí es muy indicativo de un empate técnico en cuanto a votos. Y el proceso también va a seguir posiblemente porque los independentistas poseen una legitimidad parlamentaria tras unas elecciones plebiscitarias (lo cual no deja de ser irónico). Y va a seguir sobre todo porque el inmobilismo, como su propio nombre indica, no lleva a ninguna parte, y menos en política. Otra cosa es a donde lleve ese proceso, qué consecuencias tenga o qué se consiga con él, pero eso el tiempo lo dirá. 

No quiero dejar de destacar la histórica participación del 77,46% de los votos (y más tratándose de unas elecciones autonómicas), difícilmente repetible en próximos comicios y elogiable en cualquiera de los sentidos. En resumen, creo que la situación del independentismo en Catalunya no sólo no se detiene, ni se acelera con un turbo, sino que se mantiene a la velocidad actual. La situación política, tras estas elecciones, va a cambiar muy poco. La actitud del resto de españoles respecto a los catalanes desde luego no va a cambiar, pero la actitud de los catalanes respecto a España sí ha cambiado comparándola con décadas atrás, han perdido el miedo. Y eso no es algo que desaparezca de un día para el otro. Los movilizados van a seguir movilizados y no hay campaña del terror bancario ni difamaciones gubernamentales que lo puedan evitar. Todo sigue igual, pero en cambio nada es lo mismo. 

dissabte, 26 de setembre del 2015

Campaña de tres ejes

Es obvio que estas no son una elecciones catalanas normales y que, por tanto, esta no ha sido una campaña electoral al uso. Sólo el hecho de que hayan provocado la separación entre Convergència e Unió (unidas desde los años 80) ya indica su importancia. En esta campaña ha roto, como otras elecciones de los últimos tiempos, un eje bipartidista que en Catalunya compartían tanto CiU como PSC tradicionalmente. Además, el auge del independentismo y la aparición a nivel estatal de partidos emergentes como Podemos y Ciudadanos, ha propiciado la creación de tres ejes distintos: El eje independentista, el eje pro-españolista y el eje "psé, pues ya veremos lo que hacemos". 

Los tres ejes de las elecciones catalanas

Raül Romeva ¿hombre de paja
o líder de consenso?
En el primero, Junts Pel Sí (ERC, Convergència Democràtica y otros partidos, asociaciones y agrupaciones sin participación en el Parlament) y la CUP (Candidatura d'Unitat Popular) conviven en el camino hacia la independencia. Unos liderando la corriente independentista y los otros apoyando sutilmente y con actitud vigilante a la vez, desde la distancia de ser un partido claramente anticapitalista con más interés por llegar a objetivos que por sus propios políticos. La CUP, hablaremos más tarde de ello, va a ser clave para estas elecciones. Por su parte, Junts pel Sí, candidatura encabezada por Raül Romeva como supuesto hombre de paja y Artur Mas y Oriol Junqueras como grandes arquitectos, lidera una corriente independentista que se hubiese llevado por delante a Convergència de no cambiar de rumbo radicalmente. El tsunami independentista visto en la Diada catalana de 2012 arrolló la política tradicional de CiU y provocó que Mas decidiera aprovecharlo para evitar caer en los siguientes comicios a causa de los fuertes recortes aplicados en mi tierra por el líder de CiU y que surfeara hacia un futuro incierto, pero menos negro electoralmente que si hubiese querido dar la espalda al independentismo. Esta candidatura de Junts Pel Sí tuvo un nacimiento tenso y lleno de baches, pero se consolidó al colocar una figura de consenso como Raül Romeva, que no militó jamás ni en CiU ni en ERC, sino en Iniciativa per Catalunya Verds. Con él todas las divergencias encontradas en el camino por estos dos partidos quedaron aparcadas y, a pesar de que se le considera un convidado de piedra a esta candidatura, tras su nombramiento se ha conseguido que JpS sea una balsa de aceite sin conflictos internos y que remen todos en un mismo y muy claro objetivo.

Los tres candidatos unionistas:
Albiol, Arrimadas e Iceta.
El segundo eje, llamado constitucionalista por unos y unionista por otros, incluye al PP, minoritario en Cataluña desde hace décadas, y a Ciudadanos, que vienen muy crecidos desde la campaña publicitaria e informativa de la que llevan disfrutando desde febrero de este año. Hay que reconocer al PP la capacidad de saber centrar el pulso mediático en lo que le interesa y de conseguir candidatos que hagan ruido en las elecciones. Colocar a Xavier García Albiol, el exalcalde de Badalona, con un fuerte perfil xenófobo, como cabeza de lista ha sido mediáticamente un acierto para su partido porque ha restado una gran fuerza en los medios a los Ciudadanos de una atractiva pero poco efectiva en su discurso Inés Arrimadas. A pesar de que Albert Rivera la sitúe como la próxima y primera presidenta catalana, lo cierto es que su discurso no tiene la fuerza del líder de su partido y su forma de polemizar en las tertulias es demasiado similar a otras políticas jóvenes del PP como Andrea Levy (de hecho, incluso su parecido físico es bastante notable). Este eje electoral destaca sobre todo por su claro discurso anti-independentista, de tendencia nacional-españolista y un gusto por el liberalismo económico. En él se puede unir también a Unió Democràtica, los democristianos que compartieron durante décadas en el viaje hacia el "peix al cove" de la Convergència pujolista y y se separaron de ellos cuando tomaron el camino hacia a Ítaca (ciudad de la Grecia clásica que ha simbolizado en Cataluña el viaje hacia independentismo). De existir todavía con la suficiente fuerza (que no es el caso) podríamos incluir a UPyD en este mismo saco unionista, aunque en realidad este partido jamás ha tenido representación en Cataluña.

Entre medias de este eje y el siguiente encontramos al PSC, y a su bailongo candidato Miquel Iceta. Digo a medias porque el PSC se diferencia mucho de PP y Ciudadanos en las formas, aunque no tanto en el fondo. El PSOE de Pedro Sánchez ha querido mantenerlo en el eje unionista a pesar de que el PSC ha tenido siempre una buena base de militantes catalanistas de izquierdas. Miquel Iceta, como buen militante del PSOE, más que de PSC, ha seguido el camino de su líder fielmente. Si hay que reconocer algo al PSC de Iceta es el haber sabido mantenerse en campaña, aunque haya sido con algo tan frívolo como sus bailes. Ayer en la fiesta de cierre de campaña de PSC se entregaron camisetas con una caricatura del candidato socialista bailando y un hashtag en el que se leía #IcetaLoPeta. Haya sido una campaña planificada (que me extrañaría) o casual, reaccionando astutamente ante el aspecto viral de los bailes de su candidato (me parece más creíble), lo cierto es que la jugada les ha salido redonda. Han ganado muchos más minutos de informativos gracias a esos bailes de los que hubiesen tenido con cualquier otro tipo de campaña.

Lluís Rabell y Pablo Iglesias, en un acto de CSQP.
El tercer eje incluye la candidatura de Catalunya Sí Que es Pot (Cataluña Sí se Puede), es decir, Podemos más ICV, y como decía anteriormente, también se podría haber incluido al PSC de Iceta, antes de sus bailes, por su cercanía ideológica con la izquierda. Este es claramente el eje más perdido de los tres o, si lo preferís, el eje que prefiere pasar de largo sin mojarse demasiado ante la tromba de agua independentista. Con un chubasquero mínimo pretenden pasar medio de largo, ya que Podemos tiene la vista puesta en las elecciones generales e Iniciativa no ha sabido muy bien qué hacer o decir ante el independentismo. CSQP tiene posiblemente al peor candidato de todos, Lluís Rabell, por sus formas y su manera de analizar la situación en Catalunya. Quizá por eso en las últimas semanas de campaña apenas le hemos visto en televisión y se ha primado las figuras de Pablo Iglesias e Íñigo Errejón, más expertos en lidiar con los medios. Aunque lo cierto es que Iglesias y su gente no han sabido llegar a la población catalana con su discurso. Han pecado de tópicos relacionados con el extrarradio catalán, buscando votantes en una zona tradicional del voto de la izquierda obrera inmigrante del sur, que fuera de esa zona de Barcelona han sonado bastante mal entre sus posibles votantes. Esos errores y su flagrante indefinición han llevado a muchos catalanes a desconfiar de esta formación a pesar del carismático líder de Podemos. Ahí los miembros de ICV podrían haber hecho más y haberlo hecho mejor en el asesoramiento para aportar una visión regional a los líderes foráneos, porque una vez más han pecado de simplistas.

Governem-nos, dijeron

Arriba, Quim Arrufat y David Fernández,
Abajo, Anna Gabriel y Antonio Baños
La CUP, como decíamos antes, es la clave de estas elecciones. Lo es porque posiblemente, según lo que proponen todas las encuestas, Junts Pel sí se quedará a las puertas de la mayoría absoluta y necesitará su apoyo para continuar con el Procés. Cierto es que las encuestas en España tienen la extraña costumbre de equivocarse estrepitosamente siempre antes de unos comicios, pero al parecer, la fuerza que pueda tener el independentismo va a depender de un partido tan peculiar como este. A pesar de los adjetivos de "radicalidad" con la que algunos les quieren etiquetar, la CUP es un partido en el que se prima la ideología y los objetivos políticos, más que a sus propios políticos. En eso sí es radical: Radicalmente distinto a cualquier otro partido en España. Sus portavoces y políticos profesionales sólo tienen oportunidad de serlo durante una sola legislatura. 

A pesar de que a muchos de sus acólitos les hace tirarse de los pelos el desprenderse de gente con el carisma y la valía de Quim Arrufat o David Fernández, esa es la forma que tiene este partido de que sus políticos no se conviertan en uno más, es decir, que no se apoltronen en sus cargos, como viene pasando en España desde la Transición. Que un partido así tenga la capacidad de decidir qué va a pasar en Cataluña en los próximos años va a ser un aspecto fundamental en el futuro de esta (al menos todavía) Comunidad Autónoma. Tras la última legislatura, en la que contaron con tres diputados, creo sinceramente que están infravalorados en las encuestas y que van a robar muchos votos a los partidos integrantes de JpS y CSQP, ya que serán premiados por su coherencia, su discurso y su forma distinta de encarar la política profesional. A pesar de que el anticapitalismo que enarbolan Antonio Baños, Anna Gabriel y el resto de la CUP tira un poco para atrás al votante catalanet conservador tradicional o al votante federalista ex del PSC, en los últimos años han convencido a mucha gente.  

Resumiendo, podemos decir que el hecho de tener unas elecciones con tres ejes ya es una novedad y lo es no sólo por haber acabado con el bipartidismo cláscico sino por partir una bipolarización del discurso indepes vs. unionistas. A pesar de su indefinición, el tercer eje va a ser importante también, además de la CUP, porque parte el voto de izquierdas catalán y porque aquellos que antes optaban por la abstención y ahora votan a Pablemos van  a tener representación en un Parlament bastante fragmentado. 

Sea como fuere, la campaña terminó, alea jacta est. El domingo, todos los catalanes a votar. Por quien queráis, pero a votar.

dimarts, 15 de setembre del 2015

Entrevista José Rodríguez @Trinitro: "La mayor parte de los que somos independentistas hoy, no lo somos en contra de España"

Tras un verano caluroso en lo político y lo meteorológico, volvemos a presentar una entrevista, en esta ocasión para entender muchas de las cosas que ocurren en Cataluña. José Rodríguez @Trinitro es un ejemplo de lo que está pasando allí ahora mismo. Es catalán de origen andaluz, miembro del colectivo Súmate, independentista, exmilitante socialista y de UGT, y le pudisteis ver en el programa Salvados de hace unos meses en el que se hablaba del creciente independentismo. De profesión, José es licenciado en física, DEA en sociología, y trabaja de webmaster y experto en redes. Con él intentaremos discernir qué ha ocurrido en Cataluña en los últimos años, qué ocurrirá tras las elecciones el 27S y cómo puede llegar a ser en los próximos años. 

JOSÉ RODRÍGUEZ @TRINITRO: "MUCHOS FEDERALISTAS TENEMOS LA PERCEPCIÓN DE QUE DESDE 2010 EN ADELANTE EL PSOE NOS HA TRAICIONADO"


Audio: Música: Decade in exile - Patti's Town
http://www.ivoox.com/entrevista-a-jose-rodriguez-atrinitro-audios-mp3_rf_8394542_1.html

- Voy a empezar con una pregunta muy vaga, pero creo que puede servirnos para empezar a hablar de la independencia. La pregunta es ¿Qué significa ser catalán, ahora mismo? 
Ahora mismo y desde hace ya mucho tiempo significa pertenecer a un territorio en el cual cada uno se puede sentir porque uno vive o trabaja en Cataluña lo puede hacer. Está muy superada la fase del catalanismo étnico o identitario en base a donde nacieron tus padres. Esto lo trabajó mucho la gente del PSUC desde los años 70, como el catalanismo cívico que representava el PSC o Iniciativa pero también la propia la derecha catalana, que en el fondo lo que querían es que hubiera una comunidad, no una fractura social en base a lengua, origen o nacimiento. Hoy si quieres ser catalán, vives en Cataluña o tienes alguna vinculación de algún tipo te puedes llamar catalán, que nadie te lo va a cuestionar. Al menos desde Cataluña.

- Siempre ha habido diferencias entre lo que es ser catalán, ser independentista o incluso ser de Convergència, aunque alguno lo quieran siempre ver todo junto, ¿no?
En realidad, Convergència es independentista desde hace cuatro días. El propio Artur Mas no es independentista porque lo tuviera en su ideología, sino porque se vió arrastrado por los acontecimientos y el independentismo social era hace 5 o 6 años sólo un 15%. (El independentismo) forma parte de muchos elementos identitarios que difícilmente podías encontrar en CDC, sobretodo se encontraban en en ERC y otros partidos minoritarios.

- ¿Por qué ha crecido tanto el independentismo en los últimos cinco años?
Hay politólogos que hacen análisis en base a eventos concretos, pero yo creo que el estudio debe ser más sociológico. Ser independentista o no, no es una opción de 0 o 1, no es una opción dual, se va graduando. Hay mucha gente que hoy es independentista que hubiese optado por un federalismo desde hace tres meses. Ha habido muchos eventos que han ido degradando la opción federalista y quitando la credibilidad a las opciones de cambio desde España y sobre todo han terminado cansando. Sí, hay una cuestión económica, hay una cuestión de reconocimiento nacional, hay una cuestión de encaje político... pero al final es un cansancio.

Ayer por ejemplo encontrar en los medios a Josep Borrell explicando unos números que sabe que son falsos y piensas "ostras, ¿ahora tenemos que entrar a debatir las balanzas fiscales en el Estado español? ¿A estas alturas estamos? ¿Otra vez esto? ¿O tenemos que debatir si Cataluña es una nación o no? ¿Otra vez?". Es un debate muy superado dentro de Cataluña y que siempre tenemos que hacerlo fuera. Es muy pesado. En realidad, muchos independentistas son federalistas que están cansados de estar cansados y han optado por salir.

- ¿Por qué se ha llegado a la situación en la que estamos en estos momentos?
Yo creo que en el fondo ha habido errores políticos de bulto. No se los quiero achacar todos a España, quizá desde el federalismo catalán no se ha sabido hacer la pedagogía necesaria. Luego hay unos indiscutibles errores de bulto de la derecha española pero no sólo esta. Lo que más ha movido ha sido la sensación de traición que ha tenido los que tendrían que haber defendido el federalismo en España que es el PSOE. Ahora comienza a haber la misma sensación de traición por parte de Podemos hacia el federalismo.

Pero en el fondo esos errores políticos representan preferencias políticas distintas y no sé por qué los catalanes no hemos sabido explicar al resto de España que en Cataluña hay preferencias políticas distintas. Eso no significa que seamos mejores o peores, sólo que queremos un encaje distinto. Desde fuera se ha percibido siempre eso como "queremos ser mejores, queremos ser diferentes porque queremos ser otra cosa, que no nos gusta ser españoles..." y esa percepción, esas dos Demos, al final se han creado y cuando haces encuestas de todo tipo las percepciones son totalmente distintas en agregado.

Creo que hay errores políticos de bulto pero al final se han construido dos opiniones distintas, dos sociedades que encajan en muchas cosas porque ambas somos occidentales y compartimos mucho y nos apreciamos, pero en cuestiones esenciales como los valores, la cultura, la lengua, el modelo de encaje político, no nos hemos sabido entender.

- Tú que eres exmilitante socialista ¿Qué papel ha jugado la izquierda tradicional española en que estemos en la situación actual? ¿Qué parte de culpa tiene?
En el fondo es el detonante. Es decir, desde una visión más o menos integradora, federalista, que intentaba Cataluña pudiera tener un encaje en España, que pudiéramos avanzar en una línea común, sabíamos que había una derecha española muy rancia y que a la derecha catalana le interesaba para la confrontación, eso lo dábamos por descontado. El problema es que la percepción es que desde 2010 en adelante el PSOE nos ha traicionado, nos ha dejado tirados.

Han optado por abandonar el intento de federalismo que hizo Zapatero, la llamada españa plurinacional, dejando ZP tirando a Maragall y al estatuto de 2010. Y es una sensación de traición y decir "otras, aquí no podemos avanzar". El gran problema que hay ahora y la nueva oleada de independentistas que hay en los últimos meses es la sensación de traición que se está viendo también en la otra izquierda, que es Podemos y en sus representantes en Cataluña. Por eso las encuestas están dando tan malos resultados a la opción de "Cataluña sí que es pot" y están haciendo una campaña tan agresiva, porque se están dando cuenta que parte de su electorado se está yendo a "Junts pel Sí" o a la CUP.

- Tú eres independentista, de origen andaluz ¿Cuando te definiste por primera vez como independentista y por qué has optado por esta opción?
En el fondo cuando tomas un decisión de este tipo hay muchos elementos racionales pero lo que te empuja son las emociones. Los elementos racionales los compartía como federalista y los comparto como independentista, al final es donde pones la credibilidad a la posibilidad de cambio. Para ser honesto con uno mismo, debo reconocer que fueron dos pasos. El primero fue el pacto de Granada (entre PSOE y PSC), que a mí me hizo ver que la opción del cambio en España no era viable porque el PSOE había dado pasos hacia atrás con respecto a lo que votó en el Congreso y allí me sentí realmente traicionado. Sentí que esta gente no entiende nada y que era imposible hacerlo entender a mis compañeros del PSOE del resto de España. Eso es un hecho objetivo, a mí me rechazó el federalismo pero no me hizo independentista.

Lo que me hizo independentista fue acercarme a la Vía Catalana del 2013. Iba con mucho miedo, pensé "como escuche un 'español quien no vote' o un 'puta España' o un comentario identitario agresivo, me voy", pero encontré un movimiento que tenía energías, fuerzas, ilusión, que tenía ganas, y que no era contrario a la identidad española, que no iban contra nadie. Pensé "este independentismo no lo reconozco" y me di cuenta que desde aquí puede haber suficientes fuerzas de cambio que a lo mejor lo logran. Al final fue eso, tener una experiencia muy positiva con el movimiento independentista y confiar en él. Igual que mucha gente confió en el movimiento 15M, el asunto es que nosotros todavía seguimos adelante.

- Ante los que dicen que hay una gran presión de los medios catalanes en pro de la independencia, que TV3 lava cerebros a los catalanes, etc. ¿Sientes que te manipulado, es decir, hay una parte de verdad en eso? 
En mi casa TV3 no la ponemos. Entre otras razones porque el mando a distancia está estropeado, hay que levantarse y solemos tener otros canales (dice bromeando). Más allá del 13% del share de TV3, la mayor parte de la gente de Cataluña ve las televisiones generalistas que se ven en el resto de España. Considerar que el independentismo puede llegar al 45 o 50% de la población en base a que un canal de televisión, que no supera el 13% de share, pueda estar manipulando, me resulta muy curioso. No sé cómo puede suceder eso con tan poca presencia.

Aparte de eso, tras ver estudios contrastados que comparan la presencia de tertulianos, políticos, etc., TV3 es mucho más ecuánime de lejos, que cualquier otro medio del ámbito español, sobre el tema de la independencia. Es muy fácil encontrarte en TV3 o Catalunya Radio a Garicano o al propio Josep Borrell, o un montón de opinadores hablando contra la independencia. En las tertulias hay un cierto equilibrio. No quiere decir que TV3 no sea un medio sesgado, pero el sesgo de TV3 es infinitamente menor que el que pueda tener, TVE, Cuatro, La Sexta, o cualquier medio español. En estos medios te puedes encontrar algún independentista, pero es siempre la muestra, la anécdota. Generalmente las tertulias están repletas de opinadores a favor la opción unionista. Tras la Diada, nadie invitó a Jordi Sánchez, pte. de la ANC, que fue quien convocó la manifestación de la Meridiana, pero sí estaba Albert Rivera, pte. de Ciudadanos.

- ¿Cómo ves el proceso ahora mismo?
Aquí dicen que los catalanes no queremos ser indepedentistas, sino procesistas. Como cualquier movimiento tan complejo con una sociedad organizada y con partidos con intereses propios, y muchos actores internos y externos implicados, es complejo y complicado. El 9N marcó una referencia diciendo "sois la mayoría minoritaria". Eso provocó muchas dudas. ERC o la ANC querían lanzarse a hacer unas plebiscitarias, Convergència no lo veía tan claro porque no había una mayoría social para ganarlas.

Se llegó a un 40% pero el 55% que nos hubiera dado una victoria segura y durante tiempo CiU y ERC jugaron sus cartas por debajo de la mesa y en julio pareció que las cosas iban mal. CiU ganó la mano de la lista única pero ERC consiguió el cabeza de lista que es Raül Romeva. Eso cambio mucho las cosas porque la ilusión que estaban esperando muchos independentistas floreció. La mala respuesta de las alternativas ha provocado que comiencen a ser una opción ganadora y viable incluso en votos. El proceso ha tenido y tendrá altibajos. Tras el 27S habrá quien valorará que hay que ir a una velocidad o a otra, habrá quien interprete que si la victoria del 51% se justifica, otros que hay que ir más allá, pero es normal en un proceso complejo como este.

- ¿Qué va a pasar el 28S? Algunos creen que saldrá elegido Mas, otros Junqueras e incluso hay quien cree que será Romeva. 
A nivel del president de la Generalitat, dependerá de la proporción de escaños entre Junts pel Sí i la CUP. Si la CUP tiene mucho a decir es probable que el presidente no será Artur Mas. Pero eso importa bastante poco porque como lo que se quiere es hacer un proceso que lleve a un referéndum dentro de 18 meses, quien sea el gestor de la Generalitat será menos importante que el resto de políticas de Estado que se orienten en esa línea. Como no hay diferencias entre Artur Mas, David Fernández, Raül Romeva o Oriol Jonqueras en este asunto ya que todos quieren llegar a ese escenario, al final tampoco importa demasiado.

Otra cosa es qué pasará más allá de la Generalitat. Los independentistas tienen un plan, pero el mundo es más amplio. Si Europa fuerza, en el caso de un buen resultado independentista, a tener que pactar con el Gobierno entrante catalán van a tener que negociar. Si al final "enchironan" a todo el Gobierno por hacer leyes ilegales según la legalidad española, habría que hacer algo distinto si el plan es llegar a hacer un referéndum dentro de 18 meses. Ya veremos lo que ocurre.

- ¿Ha sido acertada la opción de una lista unitaria? ¿O hubiese sido mejor otra opción como ir separados?
Yo pensaba que sería negativa, porque Mas provoca rechazo en sectores de centro izquierda (Iniciativa, PSC y votantes de este tipo), pero vistas la s energías demostradas por la lista unitaria en más de un sentido, no sólo por suman los cuadros internos de ERC y CDC por una misma candidatura, sino que sumas a la sociedad civil movilizada independentista que es muchísima y que demostró que puede mover a mucha gente. Así es más fácil movilizar voluntarios para ayudar a Junts pel Sí o la CUP, cuando se sienten unidos y, visto también que pone a un candidato como Romeva (que no es de Convergència o Esquerra) en la primera línea ha hecho que el proyecto sea más creíble interna y externamente. Ha aclarado muchas cosas y la suma ha mejorado el producto. No sé si también por errores de los contrarios o por méritos propios.

- ¿Puedo preguntarte a quien votarás el 27s?
A Junts pel Sí.

- ¿Y por qué les votarás? 
Primero porque no soy anticapitalista, Antonio Baños es amigo mío personal, le quiero un montón, me río un montón con él y creo que es una persona muy honesta, igual que David Fernández, es uno de los valores políticos más importantes del país, pero creo que voy a optar por la centralidad política. Yo soy de centro izquierda y donde me siento más cómodo ideológicamente es en Junts pel Sí, por mucho que esté Mas o por mucho que intuya que Convergència tiene muchos casos de corrupción, es donde me siento más cómodo.

- ¿Crees que los casos de corrupción de Convergència van a afectar al proceso?
Creo que la corrupción de Convergència se da por descontada, es decir, se ha hecho lo más gordo ya. La mayoría de gente cree que hay corrupción y que Artur Mas la conoce. No digo que sea así, digo que la mayoría de gente la da por descontado. La corrupción es endémica del propio sistema. La ha tenido el PSOE, el PSC, Iniciativa con el caso Innova, incluso uno de ERC fue descubierto trasportando tabaco ilegalmente desde Andorra, no hay nadie que se libre, el PP ya ni te digo. Incluso Ciudadanos, sin haber tocado poder, tiene casos de corrupción.

La cuestión es que mucha gente si quiere la independencia es para crear unas instituciones nuevas que permitan algo mejor. De hecho, la opción independentista es la única que tiene un plan para afrontar para eso. Puede funcionar, puede salir bien o salir mal, pero el resto de opciones no ofrece ninguna vía para luchar contra la corrupción en el fondo. Si seguimos con un sistema de partidos y un sistema de financiación de los mismos que es el que es, y eso no se quiere tocar porque muchas cosas dependen de la Constitución, vamos a tener un problema endémico de corrupción.

Eso al final ya ha calado, el discurso de mucha gente que votarán si no a Junts pel Sí, votarán a la CUP, lo hacen por optar por un proceso constituyente. La mayoría de gente no va a dejar de ser independentista anque que se declaren culpables a los hijos de Jordi Pujol, porque eso ya se da por descontado. Todo el mundo lo sabía cuando Maragall dijo eso de "Vosté té un problema amb el 3%". ¿Ha bajado el independentismo desde la intervención de la Guardia Civil en la sede de Convergència? No, más bien al contrario, ha subido en el mes de agosto y las semanas que llevamos de septiembre. Si la UDEF cree que eso va a afectar a las elecciones, que sigan.

- Posiblemente afecte, pero en sentido contrario, ¿no?
Muchos federalistas lo que están es cansados. Sólo falta que les den un impulso más para tirar el voto. Hay quien puede estar pensándose votar al PSC o a Catalunya Sí Que Es Pot, pero al ver la manipulación de los medios y diga, "Basta, se acabó".

La mayor parte de los que somos independentistas hoy no lo hacemos en contra de España. Queremos seguir vinculados emocionalmente, haciendo negocios, trabajando con los españoles, seguiremos teniendo familia y amigos y les seguiremos queriendo igual. No lo hacemos porque creamos que ser español sea malo, sino simplemente queremos tener instituciones nuevas, gobernando nosotros y poder tener una relación mucho mejor con el resto de España de la que tenemos hoy.

(Como siempre, hay una pregunta final oculta, que sólo podréis escuchar en la versión de audio)

dilluns, 31 d’agost del 2015

Carta abierta a Felipe González

Sr. González:

Soy un simple periodista catalán que hace casi 10 años que vive en Madrid. Me considero independentista, como me considero cercano al 15M, de izquierdas, republicano, del Barça, sincebollista y muchas otras cosas. Cuando llegué a Madrid en 2006 no era independentista, no estaba en contra de la independencia, pero no era un aspecto de mi vida tan importante como para llamarme a mí mismo independentista. Aunque alguno pudiera pensarlo, no ha sido mi estancia en Madrid ni el el trato con los madrileños lo que me ha llevado a ese cambio de postura. Madrid y sus habitantes (exceptuando a algún gilipollas, que los hay en todos lados) me han tratado excelentemente, de forma cordial y respetuosa, como se trata a un amigo y haciéndome sentir como en casa. Ha sido la situación política y social de España y Cataluña (y una conversación telefónica con el bueno de Rossend Sanglas) lo que me ha llevado a cambiar mi postura sobre el independentismo.

Como bien sabe, la vida le cambia a uno. Usted empezó siendo un referencia de la izquierda y ha terminado viajando en jets privados para reunirse con multimillonarios y cobrando fortunas en empresas energéticas. Definitivamente, la vida da muchas vueltas. Pero no le escribo para hablarle de mí, sino para aclararle, tras leer su "Carta abierta a los catalanes", un par de asuntos sobre el independentismo. Viviendo en Madrid, he visto desde una distancia cómo ha aumentado en los últimos años y un conocimiento de causa que a algunos les falta por estar demasiado lejos y a otros, por estar demasiado cerca. Le voy a poner algunos ejemplos:

Los medios de desinformación de masas

Me muero de risa, señor González, cuando escucho algunos compañeros de profesión denunciando que TV3 (que desde luego no es neutral) adoctrina en el asunto de la independencia cuando en los informativos de todas las cadenas nacionales que se habla de Cataluña y el independentismo se utilizan expresiones nada sesgadas y completamente neutrales como "desafío soberanista", "órdago separatista" y otras similares. O cuando siempre que se informa sobre Cataluña, únicamente se de voz a la oposición unionista y se ignora por completo al que opta por el independentismo. Ideologías y creencias aparte, me ofende como periodista este tratamiento sistemático de la información sobre Cataluña. Va en contra de la ética y la profesionalidad periodística, que obliga a contextualizar y, como mínimo, dar los dos lados del asunto. Temas como este (y muchos otros) son los que han llevado a que hace unas semanas apareciera un estudio que afirma que la credibilidad de los medios españoles está por los suelos (en este link, en este o en este otro pueden leer más sobre el ello). Información por cierto que no publicaron los grandes medios. Como puede ver, señor González, la información que se da sobre el asunto no es precisamente neutral, ni objetiva, ni tiene intención alguna de serlo, ni en Cataluña ni en el resto del Estado. 

Se da información sesgada para independentistas o para anti-independentistas, no se ofrece nunca (no lo he detectado nunca en ningún gran medio) una información que pretenda unir ambas sensibilidades. En esta visión maniquea de blanco o negro vivimos en este país. Igual que con información sobre Israel y Palestina o (hace unos años) sobre Cuba y sus refugiados de Florida, no hay término medio. Cataluña o España, conmigo o contra mí. Y en los últimos años se ha potenciado incluso dentro de Cataluña, siendo el debate "Catalunya o Cataluña". Por lo que me pregunto, ¿quien divide más? ¿Quien expresa su sentimiento de irse o quien afirma "te vas a quedar sí o sí"? ¿Quien informa hasta el aburrimiento sobre el independentismo (haya o no información sobre el tema) o quien sólo ofrece el lado nacional-españolista de la información?

Artur Mas

Decía Carod Rovira hace unos años que en España siempre tiene que haber un demonio catalán a quien apedrear desde lo que Joan Laporta definió una vez como "la caverna" (es decir los medios de ultraderecha españolista como ABC, La Razón y últimamente El País, entre otros). Decía el entonces líder de ERC que primero fue Pujol, luego él y hoy es Artur Mas. Como independentista de izquierdas, señor González, me ofende tremendamente que se me empaquete con el actual President de la Generalitat. Al no haber votado nunca (ni lo haré jamás) a CiU o a CDC, que se le señale como gran ideólogo y se diga que el independentismo es un desvarío de este señor, como si antes no lo hubiera, me revuelve las tripas. 

Usted sabe perfectamente que ni Jordi Pujol ni Convergència (no digamos, Unió) han sido jamás independentistas. Usted sabe perfectamente que, a pesar de que ahora se abrigue con la estelada, el interés de Convergència ha sido única y estrictamente mantenerse en el poder, a cualquier precio, de la forma que sea necesaria. Usted sabe perfectamente que Artur Mas ha aprovechado una ola de independentismo creciente, que como un tsunami iba a arrasar con su legislatura y, en lugar de dejar que se llevase por delante, prefirió en un acto de supervivencia nada honesto con su ideología, surfear el temporal. Es decir, el señor Mas no ha ideado nada. El señor Mas no se ha inventado el independentismo. El señor Mas vio como el 11 de septiembre de 2012, en lugar de reclamar pacto fiscal, la población catalana salió a la calle a reclamar la independencia. Igual que en 2013. Igual que en 2014. Y probablemente igual que en 2015. 

Como independentista, me ofende que se centralice en el señor Mas algo que surgió de la sociedad catalana. Igual que me ofende cuando en Podemos pretenden adueñarse de 15M. Igual que cuando en España el PP (y últimamente también Pedro Sánchez) pretenden adueñarse de la bandera rojigualda para ocultar las tramas de corrupción sistemática de su partido en unos y su falta de carisma, en el otro. Igual que me ofende que el señor Mas se abrigue con la estelada para ocultar sus recortes sanitarios, sus ajustes presupuestarios y su política neoliberal. Igual que hacía el señor Pujol con la senyera, para ocultar sus tramas de corrupción política (el famoso 3%). En resumidas cuentas, el señor Mas NO ES ni se ha inventado el independentismo. 

La izquierda española y Cataluña

Usted es probablemente y, mal que le pese a algunos, el mejor ejemplo de la relación entre la izquierda española y Cataluña. Es usted el ejemplo más claro de una España que va de buenrollista en la oposición pero que a la hora de gobernar, hace todo lo contrario a lo que propugna. Sólo hay que ver las primarias internas del PSOE, que no son primarias ni están hechas para elegir entre varios candidatos. A la izquierda española le he reprochado siempre el no interesarse por lo que desean los catalanes, por ser una muleta del PP en estos asuntos por miedo a ser tildados de antipatriotas, a llegar siempre tarde y mal. Como dicen los anglosajones "Too little, too late" (demasiado poco, demasiado tarde). La izquierda española (y me refiero a los partidos políticos, no a los ciudadanos), no sólo no ha tenido en cuenta la particularidad de la sociedad catalana, sino que no ha hecho absolutamente nada ante los foribundos ataques de la derecha, que ha insultado y vejado en los últimos 30 años en repetidas ocasiones la política y la cultura catalanas de la forma más grotesca. Y la respuesta de la izquierda española, el más absoluto de los silencios. Silencio cómplice que es claramente indicativo. 

Aunque no lo es tanto como cuando se recortó el Estatut catalán (que es parte del origen de toda la situación actual) por parte del PSOE de Zapatero, tras prometer que se aprobaría tal y como saliera del Parlament de Cataluña. Por eso me mondo de risa cuando los actuales líderes socialistas afirman que "queremos a Cataluña", que "querimos que sigáis con nosotros", pero que cuando se gobierna, nada se hace por que eso ocurra, sino todo lo contrario. Bien es conocida, señor González, la frase de su tantos años vicepresidente Alfonso Guerra de que "nos hemos cepillado el Estatuto catalán". Frase que nadie en Cataluña ha olvidado, créame.


Adeu, hasta pronto...

Resumiendo, señor González, como independentista catalán, de izquierdas y exvotante de PSOE, y en general como ciudadano, no me siento muy representado por usted, ni por sus opiniones, ni por sus pronósticos de lo que pueda pasarle a Cataluña en un futuro. Es indudable su labor como presidente del Gobierno de una España que acababa de salir del Franquismo, pero como líder de la izquierda, creo que usted ha defraudado a mucha gente en este país en repetidas ocasiones como para ir dando lecciones de nada a nadie. Por el tono paternalista de su "Carta abierta a los catalanes" imagino que no, pero si pretendía usted estrechar lazos entre Cataluña y España, créame que no lo ha conseguido. Créame también que comparar el movimiento independentista catalán con los nazis o el fascismo italiano no va a granjearle muchos amigos en Cataluña, a no ser que sean del PP o Ciudadanos. Más si pensamos que Cataluña fue una de las regiones más reprimidas por el franquismo, tanto cultural como políticamente. No sé si es que no ha reflexionado los suficiente al escribir esa frase o que, por su edad, le importa ya todo un carajo. Me inclino más por la segunda. 

Creo que su intención con su carta "A los catalanes" no era otra que tratar de desacreditar el independentismo, más que unir lazos con la tierra que me vio nacer. Ese asunto hace décadas que está fuera de la agenda, porque no da tantos votos a catalófobos como Esperanza Aguirre, Rodríguez Ibarra o José Bono, que utilizaron el odio a Cataluña en repetidas ocasiones para ganar sus respectivas elecciones. Me dijo en una ocasión el periodista y escritor Francesc Canosa que "no sé cómo será la relación entre Cataluña y España en los próximos años, pero estoy seguro de que no será como ha sido hasta ahora", porque la sociedad catalana (buena parte de ella, por lo menos) se ha hartado de la situación actual. 

Así que adéu, señor González. Que sea usted muy feliz, le deseo lo mejor, sinceramente. 

diumenge, 26 d’abril del 2015

Lo que quizá no sabes de Albert Rivera

En política (y en muchos otros ámbitos de la vida) es necesario seguir los hechos, no las palabras, para descubrir el fondo real de aquellos en quienes depositamos nuestra confianza. Aplicando el facta non verba, uno puede discernir si un político es renovador o un simple vendedor de crecepelo. Por ejemplo, si uno se define de centroizquierda, renovador y progresista, pero a la vez se presenta a las elecciones europeas con un grupo ultracatólico o acude a manifestaciones con falangistas, podemos decir que hay un gran océano de distancia entre las palabras y los hechos. El PSOE lleva décadas pecando de incoherencia hasta en su propio nombre, pero hoy no vamos a hablar de la casa del puño y la rosa, sino de uno de los estandartes de la mal llamada "nueva política", Albert Rivera. 

Por muchos es sabido que Albert Rivera, como demostraron los compañeros de "El objetivo" en su "Maldita Hemeroteca", fue miembro de Nuevas Generaciones del Partido Popular, es decir, miembro contabilizado del partido de Aznar y Rajoy desde septiembre de 2002. No es nada nuevo ya que él mismo lo afirmó en público con la naturalidad que suele contar las cosas, a pesar de que él diga que sólo era simpatizante, cuando los documentos demuestran que era militante. El joven político que se hizo famoso por desnudarse en su primera campaña electoral, quien ahora se erige como salvador de la patria y recibe de buen grado el apoyo de gran cantidad de medios de comunicación, no es precisamente nuevo en esto de la política. Lleva ya casi legislaturas en el Parlament y casi una década en la política profesional, desde que Ciutadans se presentó a las elecciones catalanas del 1 de noviembre de 2006. Sí amigos, no es "nueva política" todo lo que reluce. 

En su tránsito y fogueo en la política catalana, Rivera y sus chicos han tenido que pronunciarse en varias ocasiones sobre temas que obligaban a posicionarse en temas como la lengua, las minorías, la inmigración, la Sanidad, la Educación, etc. y a menudo se han posicionado junto al Partido Popular. Más allá de su posición claramente nacionalista española y antinacionalista catalana, que quedó clara desde el minuto 1, en su formación se empezaron definiendo como de centro izquierda, aunque han querido ocupar siempre una posición de centro derecha, y por sus decisiones les conoceréis. 

En las elecciones europeas de 2009 decidieron compartir cartel con el partido Libertas, liderado en España por el Miguel Durán, que a pesar de que su nombre pueda parecer ser un partido liberal estilo europeo, es una amalgama indeterminada de partidos políticos minoritarios que pretendían hacer piña. En España, su cariz era claramente católico y ultraderechista, con lo que algunos afiliados a Ciutadans decidieron marcharse del partido en desacuerdo con esa extraña alianza europeísta. 

El 26 de septiembre de 2010, Rivera y sus Ciutadans hicieron gala de su españolidad saliendo de la plaza de toros Monumental de Barcelona al grito de "libertad para nuestra cultura", para demostrar su rechazo a la ILP del Parlament que poco después significaría la prohibición de los toros en Cataluña. De nuevo, se posicionaron con el Partido Popular para intentar detener, sin éxito, esta ILP contra el maltrato animal en Cataluña. 

En las elecciones autonómicas de 2012, cuando el independentismo comenzó a subir con fuerza, obtuvo su mejor resultado hasta el momento en el Parlament con nueve diputados y se granjeó el apoyo de personalidades como Albert Boadella, Javier Nart, César Cabo, Juan Carlos Girauta, Arcadi Espada, Tomás Guasch o la abogada, exportavoz y política del Partido Popular durante casi 20 años, Carina Mejías. Con el lema "Mejor unidos", se hizo estandarte del unionismo (junto a Alicia Sánchez-Camacho, del Partido Popular) y comenzó a aparecer en programas televisivos de ámbito estatal asiduamente, en los cuales paradójicamente se quejaba de que no le sacaban nunca en televisión. 

El 23 de abril de 2013, la propia Carina Mejías, ya en Ciutadans, propuso al Parlament pedir al Congreso la prohibición del burka, hecho que fue calificado por los partidos de izquierda catalanes como una medida "populista e inútil".

Dos días más tarde, el 25 de abril de 2013, Ciudadanos propuso, mediante su parlamentario Manuel Villegas, retirar la atención sanitaria a los inmigrantes sin papeles, recordando a ciertos partidos europeos poco amigos de la inmigración, y el 13 de octubre de ese mismo año, tanto el partido de Rivera como el Partido Popular abandonaron el Parlament para no votar una moción de ICV para condenar “toda declaración o actividad que comporte cualquier clase de enaltecimiento, trivialización, exculpación o negación del nazismo, franquismo y el resto de regímenes fascitas”. Al parecer, como podemos ver, eso fue demasiado para ambas formaciones y decidieron marcharse haciendo claros aspavientos. 



Tres mese más tarde, en febrero de 2014, se abstuvieron en una moción para no aplicar la ley del aborto (que no se llegó a aprobar) del entonces ministro Gallardón, haciendo malabares, afirmando que no compartían la literalidad del escrito aunque afirmaban que el proyecto es "inoportuno y empeora la legislación anterior". de hecho, el tema del aborto en Ciutadans ha sido siempre un juego de trileros, ya que la propia candidata al Ayuntamiento de Madrid Begoña Villacís afirmaba recientemente en "Un tiempo nuevo" de Telecinco que "El aborto no es un derecho, es un fracaso educacional".  

El nacimiento de "Ciudadanos"

De todos es sabido que a partir de las elecciones europeas de 2014, la política española cambió. Los cinco eurodiputados conseguidos por Podemos, a pesar de que las encuestas y analistas (yo incluído) les dábamos tres como mucho, supuso una ruptura mental casi definitiva con el régimen del 78 y propició la escalada de los nuevos partidos de origen ciudadano (en el sentido de "ciudadanía" no de "Ciutadans"). Tras la escalada de Podemos en medios de comunicación y encuestas y el fracaso de intentar descabalgarlos con descalificaciones, hecho que en realidad les reforzó, los poderes fácticos de este país buscaron nuevas fórmulas de neutralizar el fervor del partido de Pablo Iglesias. Además de fomentar las polémicas respectivas de Iñigo Errejón y Juan Carlos Monedero, desde sectores económicos como FEDEA, lobby que como explicó Antonio Maestre tiene fuertes vínculos con el partido de Rivera, se propuso la creación de un "Podemos de derechas". Josep Oliu, el a la vez presidente de Banc de Sabadell y del mencionado patronato, afirmó que "el Podemos que tenemos nos asusta un poco" y habría que crear otro orientado a la iniciativa privada y al desarrollo económico. 

Este apoyo velado a Ciutadans fue respondido por Rivera con un nuevo ofrecimiento de pacto a UPyD en noviembre de ese mismo año para comparecer juntos a las elecciones. No era el primero, pero seguro que será el último, ya que tras rechazar Rosa Díez dicho pacto, el partido magenta ha caído en picado y se ha iniciado un gran trasvase de votantes de una formación a la otra. Tras la ruptura de negociaciones y el consiguiente hundimiento magenta, comenzamos a leer en febrero de 2015 en varios medios un apoyo claro hacia Albert Rivera y su equipo. En marzo de 2015, El País publicó un barómetro de Metroscopia en la que se daba por hecho el cuatripartito político, que fue consolidado en los siguientes barómetros de este mismo periódico. 

Con el nuevo año, "Ciutadans" pasó a denominarse "Ciudadanos", para evitar el rechazo por lo catalán en el votante potencial de la formación naranja. Y de hecho, el cambio de Ciudadanos por UPyD se ha producido paulatina, pero inexorablemente. Un par de ejemplos: en las tertulias de más éxito como "La Sexta Noche" se ha sustituido a los tertulianos de magenta por cargos medios de Albert Rivera, un cambio frívolo si se quiere, pero que indica en el espectador qué partidos están de moda y cuales no. Otro hecho destacable es que la propia banca, como contaban en La Cadena SER, ha decidido cortar el grifo económico a UPyD, ahora, en plena "campaña de promoción" a nivel nacional del nuevo estandarte de la política española. Dejando a un lado posibles conspiranoias, la falta de financiación de UPyD por sus malas expectativas en las encuestas no parece en absoluto casual. 

Tampoco ha destacado el partido de Rivera por su transparencia. Desde la web Transparencia.org elaboraron un informe de evaluación de la transparencia de los partidos políticos, en el que este partido recibía un 3 sobre 10 en transparencia, cuarto por la cola junto al PSOE. Y aunque denuncian habitualmente la corrupción en otros partidos, Ciudadanos tiene sus propias manzanas podridas en Jordi Cañas, quien renunció a su escaño en el Parlament tras ser imputado por fraude fiscal y ahora ejerce en el Parlamento Europeo como asesor. Por su parte, es público que el eurodiputado naranja Javier Nart tenía dinero en Suiza, según su versión, como herencia de su padre (¿les suena la excusa?) y que ocultó en el país trasalpino por miedo a ETA. Juzguen ustedes mismos. 

Propuestas electorales 2015

A pesar de que Ciudadanos se definen como "liberales con sensibilidad social", han optado por aparcar su método que los militantes escojan por qué medidas apostará su partido, como sí hicieron en sus inicios, y han fichado a un economista de renombre, también vinculado a FEDEA, como Luis Garicano. Bajo su tutela, el partido naranja ha propuesto medidas como el tipo único de IVA, impuesto que se aplica igual a todas las rentas y que afecta a productos básicos, hecho que ya ha provocado reacciones negativas del resto de partidos y de las redes sociales. Como explica la web Libremercado.com, en realidad lo que propone Ciudadanos es pasar de tres tipos de IVA (General 21%, reducido 10% y superreducido 4%) a sólo dos (General 18% y reducido 7%), con lo cual se pagarían al 7% productos que antes ahora se venden al 4% como el "pan, leche, huevos, frutas, verduras, hortalizas, cereales y quesos, libros, periódicos y revistas no publicitarios; medicamentos de uso humano; sillas de ruedas para minusválidos y prótesis y Viviendas de Protección Oficial o VPO". En este mismo artículo descobrimos que para compensar Rivera plantea rebajar el IRPF para las rentas más bajas, como indica el siguiente gráfico. 


Otra propuesta polémica fue la de legalizar la prostitución como medida recaudatoria, hecho que le ha granjeado críticas del resto de partidos por considerar poco adecuado ganar dinero con la explotación de mujeres. 

Relaciones peligrosas

Ciudadanos ha recibido también críticas de tener aliados poco adecuados, de tendencia xenófoba, por las ya mencionadas medidas que echarían los inmigrantes sin papeles de la Sanidad, por manifestarse junto a Falange en una manifestación de l2 de octubre de 2012, por la gestora que ha tenido que montar en Getafe por tener candidatos falangistas o por declaraciones como la de su ya expulsado coordinador de jóvenes de Madrid, por tuitear lindezas como que "escuchar durante más de 15 minutos una conversación en acento latino es perjudicial para su salud".

En definitiva, hemos podido comprobar qué pasado tiene tanto Albert Rivera como sus Ciudadanos y podemos diferenciar ahora qué es facta y qué es verba en este partido, cuales son sus aliados y con quien se ha manifestado. Lo cierto es que es muy complicado ser regenerador de la política cuando llevas tres legislaturas en un parlamento autonómico con apenas 35 años, cuando quien te apoya es FEDEA, think tank de la banca y del Ibex 35 o cuando totems de la política tradicional como José Bono o Esperanza Aguirre ven con muy buenos ojos las medidas que propones. 

diumenge, 12 d’abril del 2015

Ya no hay excusa

En las últimas semanas vemos a partidos nuevos y viejos dándolo todo para las elecciones municipales y autonómicas. Se esfuerzan en llegar, en ser escuchados, en proponer medidas (eso sí, con la mayor de las cautelas) y en conseguir, en definitiva, el voto del votante medio. Ha cambiado tan claramente el paradigma de la política española desde las elecciones europeas que ya no tenemos excusa para no ir a votar. Yo mismo era abstencionista convencido en mis primeros años, en los que no confiaba en ninguno de los partidos del régimen del 78, igual que sigo sin confiar en ellos, y tampoco me entusiasmaban los partidos minoritarios que, sin el apoyo de las redes sociales, apenas tenían relevancia mediática. Ello me llevaba irremediablemente a no votar voluntariamente a ninguno de ellos. 

Pero como decía, hoy ya no tenemos excusa. Hoy existen partidos grandes, pequeños, medianos,  de formación clásica, auspiciados por la ciudadanía, por la banca, renovadores, transformadores, inmovilizas... todos con posibilidad de hacerse visibles, sino en radio o Tv, sí en redes sociales, por lo que sus medidas pueden llegar al ciudadano y se puede ejercer sobre todos ellos una labor de seguimiento y control. Hoy, con la gran cantidad de partidos con posibilidades de gobernar que hay, quien no vota es porque no le interesa la política. 

Para poner un ejemplo un poco cómico, una amiga de una ciudad castellana me comentó ayer que la habían convencido para presentarse a las elecciones. Al preguntarle por el abanico de partidos de su pueblo me dijo "pues mira, se presentan PP, PSOE, una facción del PP que se presenta con Ciudadanos, una facción del PSOE que se presenta por UPyD, los independientes de toda la vida (que tienen el apoyo de un alcalde socialista de toda la vida), IU que va en coalición con Podemos (que es sobrino de la candidatura independiente), la líder de UPyD local, que no sabemos si se presenta o no porque acaba de dimitir el candidato que tenían para la capital, y un candidato que ha creado un partido propio para (dicho por él) "velar por mis negocios". Vamos, un circo de siete pistas. 

Pero ejemplos esperpénticos aparte,  este es un circo en el que la abstención pierde todo el sentido. Quien solía decir la frase de que "son siempre los mismos", quien argumentaba que "no hay partidos nuevos con capacidad de ganar", quien había perdido la fe en la política, en esta ocasión no tiene excusa para no votar. Hoy, en un panorama en el que nuevos y viejos partidos pueden competir casi casi en igualdad de condiciones, hay que decidirse a tomar las riendas de nuestra vida política, ser adultos y dar nuestro voto a quienes consideremos. Como dice el tópico "si tú no haces política, otros la harán por ti" y no para velar por tus intereses, precisamente. Si hay un momento para decidirse y votar este es ahora, porque los próximos cuatro años están en nuestras manos.