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dilluns, 9 de gener del 2017

Series políticas en España

Acabando de ver un capítulo de la serie danesa "Borgen", llegué a una triste conclusión. En España es absolutamente imposible hacer una serie como #Borgen o #TheWestWing. Casi incluso, ni como otras menos densas y menos comprometidas "Madam Secretary" o "Veep". Lo harían imposible los partidos políticos y sus #MeDrones (término referente a aquellos trolls miembros de mismos cuyo único fin en la vida es sacar los ojos a quienes insinúen algo malo de su organización).

Los partidos son tan poco dados a aceptar la mínima crítica interna que la externa les parece por definición un ataque sin piedad, por mucho que haya algo de cierto en la crítica. Si hablamos de la escasa autocrítica que la mayoría de estas organizaciones suelen ejercer, nos encontramos con un panorama en el que actúan sin ningún tipo de permisividad con su imagen. Creo que una serie sería un reto demasiado grande para un responsable de comunicación del PP, PSOE, Podemos, Ciudadanos o cualquier otro.

Por eso las series políticas que hemos visto son, como pronto, de la transición y siempre con un filtro embellecedor más que vergonzante a nivel de rigor periodístico. Y es una pena, pq en España hay excelentes directores y actores que podrían hacer una fantástica serie de ficción sobre política. Pero no va a pasar. El patio está demasiado bien controlado por los tres grandes grupos mediáticos como para arriesgarse a enfadar a la clase política con una serie realmente crítica con los dos primeros poderes del Estado. Si mañana por la mañana anunciasen una serie política sería el primero en verla y en envainarmela por ser un pésimo pitoniso (hecho que ya he demostrado en pasadas ocasiones con mis predicciones), pero no estudié periodismo para predecir el futuro, sino para analizar la actualidad y mostrarla como creo que esta es.

Dicho lo cual: Atresmedia Comunicación Mediaset España RTVE ¿Para cuando una serie de Tv sobre política española en condiciones y en prime time? #RetoLanzado

Los actores de "The West Wing".

dimarts, 15 de desembre del 2015

Venezuela, delfines y debates

En el programa Vida digital podréis escuchar mi sección mensual. Este mes, en el minuto 36:20 aprox. 



Texto: 
Hoy quiero empezar hablando de Venezuela, un país polémico donde los haya, que acaba de celebrar una elecciones parlamentarias que han supuesto una clara derrota del chavismo. Hay quienes afirmaban que este movimiento, el chavismo, perduraría por los siglos de los siglos, pero tras la muerte de su creador, lo cierto es que era complicado aguantar una estructura semejante sin los recursos económicos que el petróleo proporcionaba al país. Tras la crisis de esta materia prima y la fuerte caída de los precios, el mal-llamado régimen chavista lo ha tenido muy complicado para salir adelante. Y más con una figura tan poco carismática como Nicolás Maduro, quien es más un gestor gris que un parlamentario elocuente. Lo cierto es que cuando muere un líder o cae en desgracia es siempre muy complicado sustituirle. De hecho, lo más habitual es que el partido de ese líder caiga en la oposición para recuperarse, a menos que haya un delfín a la altura de las circunstancias, hecho que en realidad pocas ocasiones ocurre.

En España lo hemos vivido muchas veces, como en el caso de Aznar y Rajoy en el Gobierno o el caso de Pujol y Artur Mas en la Generalitat, casos en los que ambos delfines tuvieron que perder dos elecciones para conseguir devolver su partido al poder. Es cierto que en ocasiones ocurre, que un delfín es elegido, pero suelen ser presidencias de poco recorrido, de una legislatura como máximo, como en el caso de Margaret Thatcher y y su delfín John Major, quien fue derrotado por Tony Blair el año 97, o en Cataluña ocurrió con Pascual Maragall y su delfín José Montilla.

El caso es que, volviendo a Venezuela, la reelección de Nicolás Maduro va a ser realmente complicada en 2019, porque va a tener el parlamento en contra y le va a ser realmente complicado gobernar. Y de hecho, aunque pretenda llegar hasta el fin de su legislatura, en Venezuela, a pesar de que la llaman dictadura, tienen una figura legislativa, el proceso revocatorio, que permite echar a un presidente por medio de referéndum. Curiosa dictadura la que celebra elecciones en las que puede perder su líder y que tiene un proceso para echarlo si el pueblo lo decide. Pero nomenclaturas a parte, el chavismo, a menos que sepa renovarse y coger fuerza como ha hecho recientemente el PRI en México o como ha hecho en incontables ocasiones el peronismo en Argentina, parece que tiene por delante una carretera llena de curvas.

Debate a cuatro 
Por cierto, cambiando de tema, el lunes 7 se ha celebrado en España el primer debate a cuatro. Lo que podemos denominar el Neobipartidismo (es decir, a los tradicionales PP y PSOE se le suman los partidos emergentes Podemos y Ciudadanos) ha supuesto un cambio de formato en el que en lugar de un debate cara a cara, se apostó por uno a cuatro esquinas, excluyendo a dos de los partidos minoritarios de las últimas elecciones, UPyD e Izquierda Unida. El debate nos dejó muchos detalles interesantes, empezando por el formato, mucho menos rígido que cualquiera delos otros celebrados, aunque aún hubiera que mejorar muchos aspectos. Ni los presentadores ni los políticos parecían muy acostumbrados al modelo y se vio cierta rigidez en un formato que, a pesar de mejorar los anteriores, pudo ser mucho más dinámico. 

Por otro lado, el hecho más destacado fue la ausencia del presidente Rajoy, que por si alguien lo ha olvidado es candidato a estas elecciones y se excusó diciendo que no podía atender por “problemas de agenda”, que es quizá la excusa más pobre desde “mi perro se ha comido los deberes” o “mamá, mamá, me duele la barriguita, no puedo ir al debate, ya si eso manda a Soraya pa’ que se coma el marrón”. Ausentes aparte, está claro que el debate lo ganó un Pablo Iglesias que hizo un excelente minuto final, por encima de un dubitativo Albert Rivera, una vicepresidenta que recitaba en exceso de memoria o un Pedro Sánchez que, una vez más, desaprovechó la ocasión de dejar claro que es algo más que un maniquí alto y guapo. 

La victoria de Podemos en este formato es lógica, porque Pablo Iglesias domina la televisión mejor que cualquiera de sus contrincantes. Lo que nos hace sospechar un poco más es que medios muy afines al gobierno, o el propio ejecutivo en privado, decreten tan vivamente esta victoria del candidato de la coleta, que podría entenderse como una estratagema para debilitar al gran rival del Partido Popular en estas elecciones, Albert Rivera y sus Ciudadanos. El candidato catalán no estuvo tan mal como algunos medios y tertulianos le pintan en sus crónicas y comentarios, pero sí es cierto que se le notó incómodo en determinadas partes del debate y que no cumplió con las altísimas expectativas que se habían puesto sobre él. En definitiva, fue un debate histórico en varios sentidos y que merece que recuperéis de la web de Atresmedia si no habéis tenido oportunidad de verlo.

diumenge, 15 de novembre del 2015

Redes sociales y Televisión

En el programa Vida digital podréis escuchar mi sección mensual. Este mes, en el minuto 81. 




Este mes os quiero hablar de las redes sociales como complemento de otros medios como la radio y la televisión. Está claro que la forma de comunicarse ha cambiado y que las redes han supuesto un gran avance en este sentido. Hace unos años para que tu opinión se escuchase en un medio de comunicación tenías que mandar una carta, un email o llamar por teléfono. La aparición de las redes ha facilitado muchísimo la aportación del ciudadano en los programas. Aunque siguen existiendo filtros tanto en radio como en televisión es cierto que la facilidad con la que hacemos llegar un mensaje nos permite al común de los mortales la posibilidad de tener nuestro minuto de gloria con la aparición de un tuit en nuestros programas favoritos.

Pero ¿han cambiado las redes a los medios de comunicación? Yo creo que sí, claramente. De forma inesperada, en Twitter se ha convertido en un nuevo método de audiencia televisiva y radiofónica. La respuesta social que tiene un programa, el éxito de sus hashtags, son sin duda un método de medir la aprobación o desaprobación del público a los contenidos que se les ofrece. Es además un método inmediato, con lo que mientras se emite el programa un director del mismo puede detectar si los contenidos están gustando o no. El patio de vecinas en el que se ha convertido Twitter permite a muchos ejecutivos de televisión valorar el éxito de sus contenidos, más allá de la audiencia tradicional. Más de un programa se ha salvado o ha regresado gracias a la buena acogida social. La influencia de un programa de televisión o radio es ahora medible más allá de la gente que lo ve o que lo escucha.

Es conocida la competencia televisiva entre programas de debate político como “La Sexta Noche” de La Sexta y “Un tiempo nuevo” de Cuatro y Telecinco. Está claro que, más allá de la audiencia, el programa de debate de laSexta gana por goleada ya que cada fin de semana vemos 3 o incluso 4 hashtags del programa de Iñaki López y sólo uno o ninguno del debate de Mediaset. Eso no significa que guste más, sino que se habla más de él, que es más polémico, que provoca más reacciones, sean favorables o desfavorables. Esa es en realidad la importancia de las redes sociales y la televisión, que son capaces de aportar el matiz en directo de lo que se está emitiendo, más allá de demostrar que un programa se está viendo más que otro.


Además de ser una fuente de información, o en ocasiones de desinformación, las redes han proporcionado un termómetro de la indignación social en directo. Uno de los ejemplos más claros fue el programa de laSexta “Salvados” de Jordi Évole, en el reciente debate entre Pablo Iglesias y Albert Rivera, en el que las valoraciones de ambos candidatos, el estado de los mismos o las preguntas de Évole eran valoradas por los espectadores. O el caso más sintomático de la historia reciente de la televisión, el programa “Operación Palace”, que demostró hasta qué punto los espectadores se iban creyendo o no el relato que Jordi Évole les iba contando. La polémica duró varios días, incluidos sus hashtags que obligó al propio presentador a disculparse por la broma.