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dimarts, 30 de juny del 2015

Matonismo preventivo

Cuando era niño, tenía una imagen idílica de la Unión Europea. Era una historia de unidad entre pueblos históricamente en conflicto, un cuento de ilusión, de derechos sociales, de oportunidades y de ayuda entre hermanos. La realidad y ese imaginario, 30 años más tarde, no podía ser más distinto. En las últimas semanas, desde 2010 en realidad, hemos comprobado que una parte de Europa no sólo no cree en la imagen que teníamos de la Europa moderna y cosmopolita, sino que parece precisamente todo lo opuesto. La situación en la que se encuentra Grecia y su relación con el Eurogrupo, mucho más desde la llegada de Alexis Tsipras y Syriza, es el mejor ejemplo para desenmascarar ese sueño en el que muchos europeos creímos (y en realidad, aún esperamos que llegue). 

Si uno fuera desconocedor de la política internacional, podría extrañarse de la actitud del Eurogrupo con Syriza, que ni creó la gigantesca (en relación a su PIB) deuda griega ni ocultó la mala situación económica del país, como sí hicieron lo conservadores de Nueva Democracia, en connivencia con el PASOK. El primero pagó su lacayismo hacia las instituciones europeas perdiendo las elecciones y el segundo, quedándose donde probablemente se merezca por su gestión, en el ostracismo y la irrelevancia. Como decía, uno podría extrañarse de la especial saña que ha aplicado Europa al actual gobierno griego, ya que no es culpable de lo ocurrido en su país, pero si analizamos las actuaciones de los estamentos europeos, sus intimísimas relaciones con el BCE y el FMI, vemos que no es nada nuevo. En la propia Grecia, el Primer Ministro socialista Papandreu fue obligado a dimitir por proponer un referéndum para preguntar al pueblo si debía aplicar las durísimas reformas que "recomendaba" Europa. En España, en 2010, Zapatero aplicó a desgana (pero aplicó) las medidas propuestas, en lo que supuso el fin de su carrera política y la primera ola de recortes en España. En Portugal o Irlanda ocurrieron situaciones similares. 

Viñeta de Ferreres publicada en El Periódico el 30-06-2015.
Es decir, Europa no quiere aliados, quiere lacayos. La Europa actual no es ya un ejemplo de democracia y derechos civiles (frente al comunismo en la Guerra Fría), sino que como si fuera un burdo usurero o prestamista, presiona, reprime, insulta y amenaza a quienes no se someten. Como vemos en la viñeta de Ferreres, actúan sin miramientos ante cualquier situación en la que la democracia pueda ponerse por delante de los estamentos económicos. Y es muy importante para Europa vencer la batalla de Grecia, ya que no se trata de contener al país heleno, sino que se trata de contener una Syrización de Europa que, por ejemplo, en España lleva el nombre de Podemos (y en otros países, otros). Un matonismo preventivo que tiene como misión proteger los intereses bancarios de Alemania y que tiene como esbirros a ministros de economía y a primeros ministros. 

A modo de ejemplo, vemos que en las negociaciones entre Grecia y Europa la actitud de los estamentos económicos parecía más predispuesta a decir NO a cualquier cosa que propusiera Tsipras que a llegar realmente a un acuerdo. Parecía que el objetivo real de estos era una humillación griega, más que un acuerdo de mínimos para conseguir solucionar el asunto. Es obvio que Grecia y el actual gobierno de Syriza han podido hacer mejor algunas cosas, pero no se les puede negar su intención de arreglar la situación, de llegar a un acuerdo, sin que ello suponga un mayor desgaste para sus ciudadanos más pobres. De hecho, hemos visto cómo Europa se ha sentido muy ofendida porque Tsipras haya querido negociar, en lugar de someterse. Y la propuesta de referéndum no es más que una otra forma de negociación, de presión y de aguantar el pulso de los mercados. Y prueba de ello es que Juncker ha hecho una propuesta de última hora a Grecia. 

Reflexionando, uno llega al a conclusión de que no se trata de un tema económico, ni de que se pueda devolver el dinero a Europa. Se trata de, como afirma el premio Nobel Paul Krugman, de derrotar al gobierno de Tsipras y echarle como se echó en su día a Papandreu. Por eso el mantra de que los mercados no tienen ideología es falso, una falacia, una burda mentira que se puede comprobar leyendo las propuesta de Europa a Grecia. Propuestas por cierto, que no se diferencian en casi nada a las que lleva ya aplicando los últimos 5 años y que no ha sacado a Grecia de la crisis, igual que no ha sacado a España de la suya, sólo la ha estancado en ella.  

dissabte, 29 de desembre del 2012

Islandia, mon amour

Uno de los indescriptibles parajes islandeses.
Islandia es un paraje peculiar, frío, oscuro y cerrado, pero con innegables peculiaridades e inigualables paisajes. Reykjavik, su capital, no es más que una ciudad pequeña con puerto, una calle mayor llena de comercios y cafeterías (eso sí, con una peña del Barça). Aún así, tienen un concepto democrático y asambleario propio, heredero de cuando en la Islandia Medieval se formaron los goðorð. Quizá por eso, aunque aquí parezca increíble, en Islandia se hacen referéndums a menudo. ¡Y no se acaba el mundo, oigan! En uno de los últimos, del 9 de abril de 2011, la población islandesa se negó a pagar la deuda contraída con bancos alemanes y holandeses entre 2016 y 2046. Otro de los logros del gobierno islandés ha sido conseguir un acuerdo con los bancos para perdonar la deuda hipotecaria a un cuarto de su población. De Rajoy querríamos esperar lo mismo, pero sabemos que con él eso nunca va a pasar.

No soy muy fan de los templos, pero la belleza
de esta catedral es innegable.
Este comportamiento responsable con la población ha llevado a sus dirigentes, durante lo que se ha llamado Revolución Islandesa (que tan ejemplar ha sido para movimientos como el 15M), a preguntar a su pueblo qué quería hacer con su país: Pagar las deudas impagables durante 30 años a los bancos que destruyeron la economía real del país (en favor de la financiera) o meter en la cárcel a los políticos y banqueros que lo hundieron por completo. El sólo hecho de realizar esta pregunta dice mucho en favor de este pueblo. Al presidente griego Yorgos Papandreu, por sugerir lo mismo, le hicieron dimitir casi inmediatamente. También es cierto que existen algunos mitos sobre Islandia, que este artículo destaca.

Dejando la política, los islandeses, como muchos isleños, son gente cerrada pero que recibe con mucha educación al turismo. Sabiendo que se trata de turistas de un sólo viaje (Islandia es un paraje demasiado lejano como para ir cada año), suelen cobrar caro al guiri, sobretodo en los tours para ir a ver sus fantásticas cascadas, volcanes, auroras boreales o la Blue Lagoon. Nada que no haga cualquier ciudad turística, eso también es cierto. 

El barrio cercano al puerto, reflejo de las típicas casas
que podemos encontrar en Reykjavik. 
En cuanto a sus costumbres, estas cambian cada 6 meses. En invierno amanece a las 10:30 de la mañana y anochece a las 17h aproximadamente, por lo que aprovechan las pocas horas de sol de las que disponen y luego se recogen del frío en sus hogares, alimentados con energía geotérminca (un modelo no sólo muy eficiente y barato, sino que también muy adecuado, teniendo en cuenta que viven rodeados de volcanes).  Eso lleva a que suelan derrochar el consumo de la luz y el agua caliente, porque a diferencia de España (que sube la factura año a año ocurra lo que ocurra), son bastante baratas. El uso de esta energía de origen volcánico provoca, por otra parte, que el agua con la que se duchan o se lavan las manos huela a huevos podridos, porque tiene un nivel moderado de azufre (que desprende este olor). Una peculiaridad más de este país, sin duda. Si hablamos del verano, la vida en Islandia es casi opuesta. Apenas sin horas de noche, los días se eternizan y es habitual ver a islandeses debatiendo en sus casas de madrugada, con la sensación de ser la hora del té de la tarde. 

La Blue Lagoon, una visita obligatoria en Islandia.
Islandia es un país pequeño, con una capital, Reykjavic, también pequeña, si estás acostumbrado a ciudades como Madrid, Barcelona, París o Londres. Pero son peculiaridades como el idioma, su fuerte espíritu norteño, su pasión por la Navidad y su cultura de origen vikingo lo que hacen de este un lugar especial. Quizá no estaría en mi número uno de la lista de países a visitar, pero es sin duda una experiencia única, por muchas razones. Yo personalmente no olvidaré estas vacaciones navideñas por sus espectaculares paisajes, por sus 13 trolls (los Yule Lads, que reparten regalos durante dos semanas en Navidad, como aquí deberían hacer los Reyes Magos) y por los buenos momentos pasados en familia. No sé si volveré algún día, pero es un lugar que no vale la pena perderse.