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dilluns, 31 d’agost del 2015

Carta abierta a Felipe González

Sr. González:

Soy un simple periodista catalán que hace casi 10 años que vive en Madrid. Me considero independentista, como me considero cercano al 15M, de izquierdas, republicano, del Barça, sincebollista y muchas otras cosas. Cuando llegué a Madrid en 2006 no era independentista, no estaba en contra de la independencia, pero no era un aspecto de mi vida tan importante como para llamarme a mí mismo independentista. Aunque alguno pudiera pensarlo, no ha sido mi estancia en Madrid ni el el trato con los madrileños lo que me ha llevado a ese cambio de postura. Madrid y sus habitantes (exceptuando a algún gilipollas, que los hay en todos lados) me han tratado excelentemente, de forma cordial y respetuosa, como se trata a un amigo y haciéndome sentir como en casa. Ha sido la situación política y social de España y Cataluña (y una conversación telefónica con el bueno de Rossend Sanglas) lo que me ha llevado a cambiar mi postura sobre el independentismo.

Como bien sabe, la vida le cambia a uno. Usted empezó siendo un referencia de la izquierda y ha terminado viajando en jets privados para reunirse con multimillonarios y cobrando fortunas en empresas energéticas. Definitivamente, la vida da muchas vueltas. Pero no le escribo para hablarle de mí, sino para aclararle, tras leer su "Carta abierta a los catalanes", un par de asuntos sobre el independentismo. Viviendo en Madrid, he visto desde una distancia cómo ha aumentado en los últimos años y un conocimiento de causa que a algunos les falta por estar demasiado lejos y a otros, por estar demasiado cerca. Le voy a poner algunos ejemplos:

Los medios de desinformación de masas

Me muero de risa, señor González, cuando escucho algunos compañeros de profesión denunciando que TV3 (que desde luego no es neutral) adoctrina en el asunto de la independencia cuando en los informativos de todas las cadenas nacionales que se habla de Cataluña y el independentismo se utilizan expresiones nada sesgadas y completamente neutrales como "desafío soberanista", "órdago separatista" y otras similares. O cuando siempre que se informa sobre Cataluña, únicamente se de voz a la oposición unionista y se ignora por completo al que opta por el independentismo. Ideologías y creencias aparte, me ofende como periodista este tratamiento sistemático de la información sobre Cataluña. Va en contra de la ética y la profesionalidad periodística, que obliga a contextualizar y, como mínimo, dar los dos lados del asunto. Temas como este (y muchos otros) son los que han llevado a que hace unas semanas apareciera un estudio que afirma que la credibilidad de los medios españoles está por los suelos (en este link, en este o en este otro pueden leer más sobre el ello). Información por cierto que no publicaron los grandes medios. Como puede ver, señor González, la información que se da sobre el asunto no es precisamente neutral, ni objetiva, ni tiene intención alguna de serlo, ni en Cataluña ni en el resto del Estado. 

Se da información sesgada para independentistas o para anti-independentistas, no se ofrece nunca (no lo he detectado nunca en ningún gran medio) una información que pretenda unir ambas sensibilidades. En esta visión maniquea de blanco o negro vivimos en este país. Igual que con información sobre Israel y Palestina o (hace unos años) sobre Cuba y sus refugiados de Florida, no hay término medio. Cataluña o España, conmigo o contra mí. Y en los últimos años se ha potenciado incluso dentro de Cataluña, siendo el debate "Catalunya o Cataluña". Por lo que me pregunto, ¿quien divide más? ¿Quien expresa su sentimiento de irse o quien afirma "te vas a quedar sí o sí"? ¿Quien informa hasta el aburrimiento sobre el independentismo (haya o no información sobre el tema) o quien sólo ofrece el lado nacional-españolista de la información?

Artur Mas

Decía Carod Rovira hace unos años que en España siempre tiene que haber un demonio catalán a quien apedrear desde lo que Joan Laporta definió una vez como "la caverna" (es decir los medios de ultraderecha españolista como ABC, La Razón y últimamente El País, entre otros). Decía el entonces líder de ERC que primero fue Pujol, luego él y hoy es Artur Mas. Como independentista de izquierdas, señor González, me ofende tremendamente que se me empaquete con el actual President de la Generalitat. Al no haber votado nunca (ni lo haré jamás) a CiU o a CDC, que se le señale como gran ideólogo y se diga que el independentismo es un desvarío de este señor, como si antes no lo hubiera, me revuelve las tripas. 

Usted sabe perfectamente que ni Jordi Pujol ni Convergència (no digamos, Unió) han sido jamás independentistas. Usted sabe perfectamente que, a pesar de que ahora se abrigue con la estelada, el interés de Convergència ha sido única y estrictamente mantenerse en el poder, a cualquier precio, de la forma que sea necesaria. Usted sabe perfectamente que Artur Mas ha aprovechado una ola de independentismo creciente, que como un tsunami iba a arrasar con su legislatura y, en lugar de dejar que se llevase por delante, prefirió en un acto de supervivencia nada honesto con su ideología, surfear el temporal. Es decir, el señor Mas no ha ideado nada. El señor Mas no se ha inventado el independentismo. El señor Mas vio como el 11 de septiembre de 2012, en lugar de reclamar pacto fiscal, la población catalana salió a la calle a reclamar la independencia. Igual que en 2013. Igual que en 2014. Y probablemente igual que en 2015. 

Como independentista, me ofende que se centralice en el señor Mas algo que surgió de la sociedad catalana. Igual que me ofende cuando en Podemos pretenden adueñarse de 15M. Igual que cuando en España el PP (y últimamente también Pedro Sánchez) pretenden adueñarse de la bandera rojigualda para ocultar las tramas de corrupción sistemática de su partido en unos y su falta de carisma, en el otro. Igual que me ofende que el señor Mas se abrigue con la estelada para ocultar sus recortes sanitarios, sus ajustes presupuestarios y su política neoliberal. Igual que hacía el señor Pujol con la senyera, para ocultar sus tramas de corrupción política (el famoso 3%). En resumidas cuentas, el señor Mas NO ES ni se ha inventado el independentismo. 

La izquierda española y Cataluña

Usted es probablemente y, mal que le pese a algunos, el mejor ejemplo de la relación entre la izquierda española y Cataluña. Es usted el ejemplo más claro de una España que va de buenrollista en la oposición pero que a la hora de gobernar, hace todo lo contrario a lo que propugna. Sólo hay que ver las primarias internas del PSOE, que no son primarias ni están hechas para elegir entre varios candidatos. A la izquierda española le he reprochado siempre el no interesarse por lo que desean los catalanes, por ser una muleta del PP en estos asuntos por miedo a ser tildados de antipatriotas, a llegar siempre tarde y mal. Como dicen los anglosajones "Too little, too late" (demasiado poco, demasiado tarde). La izquierda española (y me refiero a los partidos políticos, no a los ciudadanos), no sólo no ha tenido en cuenta la particularidad de la sociedad catalana, sino que no ha hecho absolutamente nada ante los foribundos ataques de la derecha, que ha insultado y vejado en los últimos 30 años en repetidas ocasiones la política y la cultura catalanas de la forma más grotesca. Y la respuesta de la izquierda española, el más absoluto de los silencios. Silencio cómplice que es claramente indicativo. 

Aunque no lo es tanto como cuando se recortó el Estatut catalán (que es parte del origen de toda la situación actual) por parte del PSOE de Zapatero, tras prometer que se aprobaría tal y como saliera del Parlament de Cataluña. Por eso me mondo de risa cuando los actuales líderes socialistas afirman que "queremos a Cataluña", que "querimos que sigáis con nosotros", pero que cuando se gobierna, nada se hace por que eso ocurra, sino todo lo contrario. Bien es conocida, señor González, la frase de su tantos años vicepresidente Alfonso Guerra de que "nos hemos cepillado el Estatuto catalán". Frase que nadie en Cataluña ha olvidado, créame.


Adeu, hasta pronto...

Resumiendo, señor González, como independentista catalán, de izquierdas y exvotante de PSOE, y en general como ciudadano, no me siento muy representado por usted, ni por sus opiniones, ni por sus pronósticos de lo que pueda pasarle a Cataluña en un futuro. Es indudable su labor como presidente del Gobierno de una España que acababa de salir del Franquismo, pero como líder de la izquierda, creo que usted ha defraudado a mucha gente en este país en repetidas ocasiones como para ir dando lecciones de nada a nadie. Por el tono paternalista de su "Carta abierta a los catalanes" imagino que no, pero si pretendía usted estrechar lazos entre Cataluña y España, créame que no lo ha conseguido. Créame también que comparar el movimiento independentista catalán con los nazis o el fascismo italiano no va a granjearle muchos amigos en Cataluña, a no ser que sean del PP o Ciudadanos. Más si pensamos que Cataluña fue una de las regiones más reprimidas por el franquismo, tanto cultural como políticamente. No sé si es que no ha reflexionado los suficiente al escribir esa frase o que, por su edad, le importa ya todo un carajo. Me inclino más por la segunda. 

Creo que su intención con su carta "A los catalanes" no era otra que tratar de desacreditar el independentismo, más que unir lazos con la tierra que me vio nacer. Ese asunto hace décadas que está fuera de la agenda, porque no da tantos votos a catalófobos como Esperanza Aguirre, Rodríguez Ibarra o José Bono, que utilizaron el odio a Cataluña en repetidas ocasiones para ganar sus respectivas elecciones. Me dijo en una ocasión el periodista y escritor Francesc Canosa que "no sé cómo será la relación entre Cataluña y España en los próximos años, pero estoy seguro de que no será como ha sido hasta ahora", porque la sociedad catalana (buena parte de ella, por lo menos) se ha hartado de la situación actual. 

Así que adéu, señor González. Que sea usted muy feliz, le deseo lo mejor, sinceramente. 

dimarts, 19 de novembre del 2013

Ley de Represión

No me gusta hablar de leyes porque no soy abogado, ni experto en estos temas, pero la música que suena en el anteproyecto de la mal llamada "Ley de Seguridad Ciudadana" tiene una melodía muy parecida a las leyes de represión de antaño. No es por hacer el símil barato de PP=Franquismo, pero lo cierto es que este partido demuestra ley a ley y declaración a declaración, que prefiere amenazar con endeudar a la población de por vida si se manifiestan contra el sistema a mantener la libertad de expresión y manifestación. Esa locura de la que que algunos demócratas estamos tan orgullosos, el poder decir lo que pensamos, tanto en las redes como en las calles. 

Esta nueva versión de la Ley de Vagos y Maleantes sancionará con entre 30.001 y 600.000 las manifestaciones ante el Congreso de los Diputados y los escraches (aunque ya hace meses que no se produce ninguno) "siempre y cuando no se comuniquen previamente e independientemente estén o no los diputados reunidos", es decir, los participantes en cualquier manifestación espontánea podría recibir multas que les endeudarían de por vida, al tratarse de una infracción administrativa muy grave. Pero no sólo eso, porque quienes la convoquen en las redes sociales, recibirán el mismo castigo económico, con lo ambiguo que puede ser el término "convocar" en una red social. Básicamente, todo esto puede resumirse en lenguaje llano como la clásica REPRESIÓN de toda la vida. 

Recibirán el mismo castigo (entre 30.001 y 600.000 euros de multa) aquellas personas que usen imágenes y fotografías de miembros y cuerpos de Fuerzas y Seguridad del Estado, es decir, se pena a aquellos ciudadanos que graben o fotografíen a los policías, para evitar, ni más ni menos, poder demostrar casos como la paliza al empresario gay de Barcelona asesinado por un grupo de Mossos, las cargas desproporcionadas e injustificadas en manifestaciones del 15M y de cualquiera de sus mareas o las agresiones policiales a ciudadanos, como las sucedidas en la estación de Atocha de Madrid el 25 de septiembre de 2012. De nuevo, REPRESIÓN y legislación para evitar la persecución judicial del brazo armado del poder político.

También serán castigadas, con multas de entre 1.001 y 30.000 euros, las alteraciones del orden público usando capuchas o gorros para evitar la identificación o las amenazas, coacciones o vejaciones (lo que sería insultar) a los policías, al considerarse infracciones administrativas graves. Imagino que a los policías infiltrados que alteraron el orden público en varias manifestaciones se les caerá el pelo si vuelven a hacerlo (Modo Ironía ON, por si no se había notado). He dejado en el tintero muchos temas que trata esta ley, pero podéis leer sobre ella más a fondo en estos artículos de ElDiario.es, El País o El Mundo.

Probablemente, la ley se va a aprobar este viernes, a falta de pasar por varios ministerios, pero parece bastante claro que con la mayoría absoluta de PP no se va a modificar en demasía (por no decir casi nada). Si nos manifestamos, es posible que la retrasen una o dos semanas, como ya sucedió con la ley de Educación de Wert, pero la acabaran aprobando de todas formas. Y España seguirá incesantemente caminando hacia una dictadura, ley a ley, día a día, en la que estará penado manifestarse, en la que se seguirán robando derechos uno a uno y en la que, cuando el gobierno del PP se marche, costará mucho volver a dejar el Estado como estaba, ya que muy posiblemente apenas quede nada de él.

Como decía esta mañana @Arma_pollo en Twitter...


diumenge, 12 de febrer del 2012

Reforma laboral, propaganda antisocial

La reforma laboral ha llevado la protesta a las calles.
Hay una frase famosa en periodismo: "No dejes que la verdad arruine una buena noticia". En el caso de la información política es algo más cruda: "No dejes que la realidad arruine una buena propaganda". Desde hace décadas, la información política que nos venden los medios de comunicación suele estar cargada de propaganda. Este post no es una crítica a los grandes profesionales del periodismo que se enfrentan día a día a los gabinetes de prensa, a los jefes de prensa, a las campañas institucionales o a las decenas de trabas a las que se enfrentan diariamente quienes pisan la calle, los ministerios o las sedes de los partidos para atender a lo que ocurre en el mundo. No son los periodistas rasos los que me preocupan, sino las rutinas periodísticas, los directores de los medios y el sistema político y económico actual. La sexta semana de este 2012 ha sido una de las semanas de mierda más intensas que podamos haber vivido en nuestras vidas, si uno se considera de izquierdas. 

La Policía, aporreando a indignados por la reforma laboral.
Comenzó con la victoria de Rubalcaba el fin de semana, siguió con la condena del juez Garzón el jueves y terminó (por no hablar de Grecia) con el mayor recorte de derechos laborales de la historia de España. Ni Franco hizo tanto por los empresarios. Se ha informado sobre ello en la prensa, pero apenas se ha tocado la protesta social en las calles. Se ha hablado de 8 policías heridos y no de las decenas que recibieron porrazos. En la televisión se habla de unos guiñoles franceses cuyo único delito ha sido tener un pésimo gusto a la hora de hacer humor y de ello se ha hecho una razón de Estado (dos ministros han hablado del tema, el de Cultura y el de Exteriores). La francofobia se desata cuando en España se recortan derechos. Twitter y las redes sociales parecen nuestro salvavidas informativo, cierto que no está libre de propaganda, pero por lo menos informa de lo que no informan los medios. Un indignado con un smartphone se convierte en fotógrafo social y eso es un gran poder que en EE.UU. quieren cortar de raíz. Ya han empezando a hacerlo. También han empezado a decir muchos que el 15M no ha hecho nada desde hace meses, cuando, como una mancha de aceite, crece y crece en la sociedad, de forma lenta, pero irrefrenable. El 15M no tiene que salvarte el culo, tienes tú que levantar el culo del sofá y unirte a él para protestar por lo tuyo. Porque se puede aporrear a un manifestante, pero no matar a una idea. 

Protestas en la Puerta del Sol de Madrid, este fin de semana.
Por otro lado, la reforma laboral nos deja declaraciones propagandísticas que intentan contradecir la realidad como las de la Secretaria de Estado de Empleo, Engracia Hidalgo, o las de ése robot con peluca que dirige Castilla La Mancha, María Dolores de Cospedal. Como informan Rafa Bernadro y Emilio de la Peña en la web de la Cadena Ser, la realidad es otra. Pero la realidad también es, como dijo Jordi Sevilla en su cuenta de Twitter, que esta reforma nos saldrá muy cara a los pocos que tenemos la suerte de tener trabajo en España. Aunque el androide Cospedal 2.0 tiene razón en una cosa, los sindicatos no han hecho NADA en los últimos años y menos ahora. Han perdido, merecidamente, el apoyo de la ciudadanía por ser tan corruptos como los políticos y los empresarios a quienes simulan enfrentarse. La calle hace décadas que ya no es suya. 

Como vemos en el film "Banderas de nuestros padres", la propaganda es un método eficaz de crear una realidad, un prejuicio, mucho odio o un estado de ánimo social. En esta película, vemos como tres soldados son utilizados mediante una fuerte propaganda para conseguir que un país como Estados Unidos compre bonos de guerra. Me recuerda mucho a lo que estamos viviendo hoy, un tiempo en el que los gobiernos y los mercados están sepultando los Derechos Humanos y la propaganda dice que "ahora vais a vivir mucho mejor". Siempre que alguien os diga que "no es el momento de..." suele significar que "a mí y a los míos no nos interesa que...". La propaganda es eso, difundir un mensaje político o ideológico que perjudica claramente a muchos y hace creer a más de la mitad de ellos que les beneficia. Sólo hay que estar atentos a los mensajes que nos lanzan. 

diumenge, 15 de gener del 2012

Llamadme insensible si queréis...

Manuel Fraga junto al dictador Franco,
por si alguien quería olvidarlo u ocultarlo. 
... pero no voy a derramar una sola lágrima por la muerte de Fraga. Siempre me ha parecido un resto vergonzoso de un pasado de España que debería haber pagado sus crímenes con la cárcel y que debería ahora ser ilegal reivindicar, como ocurre en Alemania con el nazismo. La gran cantidad de grupúsculos, sindicatos, fundaciones y organizaciones pro-Franquistas deberían, en mi opinión, ser perseguidas e ilegalizadas, retirándose todos sus recursos. Fraga, de cuya muerte han informado así los periódicos, fue siempre un cercano colaborador de Franco (ministro entre el 62 y el 76, nada menos que 14 años en los que hizo tropelías como las que cuenta Ignacio Escolar en su blog). Al dictador siempre dedicó bellas palabras y los mayores halagos, y jamás se arrepintió de su paso por una dictadura que acabó con la vida de muchos en nuestro país. También tuvo un papel clave en la Transición. Fundó AP, lo refundó en el PP y fue uno de los franquistas "reciclados a demócratas" más destacados. Pasó de anti-autonomista convencido a dirigir Galicia durante 15 años. Seguramente lo más triste de este hecho es cómo ha muerto. Tranquilo, en la cama, como otros muchos hijos de puta en este país. 

divendres, 2 de desembre del 2011

El Franquismo de hoy en día

Esta semana ha sonado y resonado todo el asunto de los restos de Franco y su exhumación del Valle de los Caídos. Por ejemplo, Josep Ramoneda publicó este artículo en el diario El País. Según el informe técnico, es necesario sacarlos de allí porque el dictador asesino no fue una víctima de la Guerra Civil, por lo que su lugar allí es innecesario. Históricamente, considero una aberración tener un monumento a un tirano que exterminó a miles de personas en nuestro país, antes, durante y después de la Guerra. Que sus restos estén allí, es simplemente un error que debe ser subsanado y que el Gobierno Zapatero, tan valiente en su primera legislatura, no se ha atrevido a hacer por razones que no llegamos a entender. Considero que hubiera sido mucho más acertado hacerlo a principios de legislatura, para centralizar el tema, para dominar el debate y para tener tiempo en caso de que se mandase la propuesta al Constitucional, como ha ocurrido con muchas leyes. Pero no, se ha hecho a última hora y mal, con un gobierno en funciones y pasándole el marrón al futuro Gobierno Rajoy, quien lo meterá en un cajón y se olvidará de ello, lo mismo que el aún presidente, que lo considera ya un tema ajeno.

Todo ello me hace reflexionar en lo que ya todos sabemos, que los restos de Franco no están solo en el Valle de los Caídos sino también muy presentes en el Parlamento, con muchos diputados y dispuestos a mantener el legado del asesino de masas español que gobernó el país durante 40 años. En lugar de sufrir el mismo destino que Hitler o Mussolini, Franco perduró políticamente en nuestro país, y aún perdura, por mucho que algunos digan que “no es conveniente remover el pasado” o que “hay algunos que sólo tienen a Franco en la cabeza”. ¿Quien no quiere remover el pasado? Quienes se ven implicados en él, obviamente. ¿Quienes no tienen a Franco en la cabeza? Quienes le tienen en el corazón, obviamente. ¿Y quienes son los principales perjudicados? Las víctimas del Franquismo, que deben soportar el dolor de la pérdida de familiares y amigos y tener que ir a visitarles a un recinto construido por prisioneros republicanos y en el cual muchos de ellos fueron enterrados en contra de su voluntad. Un mausoleo dedicado al golpista, asesino y después dictador tirano Franco, escoria de la humanidad y vergüenza de un país a quien muchos se les llena la boca cuando pronuncian su nombre, España.

Yo, por cierto, no soy sospechoso de nada. No de partidismo al menos. Tengo familia en ambos bandos, tengo las historias de ambos lados, los puntos de vista de unos y de otros en un conflicto que confirmó la división que ha sufrido este país desde tiempos casi inmemoriales, anteriores a la Guerra Civil. Y me decanto muy a sabiendas por la opción republicana: por lógica (La República era el poder establecido y Franco, el golpista), por humanidad (jamás un ser humano debería ponerse de lado de los asesinos) y por convicción (las libertades jamás deben ser cortadas, ni por la dictadura, ni por los mercados ni por ninguna absurda razón que se plantee como excusa). Soy hombre de escala de grises, pero en este caso es blanco o negro. O estás contra Franco o estás con él. Y yo tengo muy clara mi postura.