En los últimos tiempos hemos venido observando como cierto político de un partido que se vende como "de centro" tiene la capacidad de hacerse notar en el Parlamento y en las redes sociales. Especialmente en estas últimas. Es un actor (no voy a valorar si bueno o malo) que se ha pasado a la política y que en los últimos meses ha protagonizado las más agrias polémicas por varias declaraciones salidas de tono. Alguien podría pensar que es un inepto que la caga cada vez que habla, pero no creo que sea adecuado ese análisis. Hay varias virtudes que debe tener un político para ascender en el escalafón de su partido y el de hacerse notar es uno de ellos. Hay que admitir que en eso excele, porque cada vez que habla sube el pan y arden las redes.
Hace unas semanas nos sorprendió con unas declaraciones en las que afirmaba que "los animales no tienen derechos" (Ver video desde minuto 4:35)
Evidentemente, dichas declaraciones causaron una gran repulsa por parte de organizaciones ecologistas y, en realidad, de cualquier persona con sentido común, a pesar de que él se refería estrictamente a la ley que al hecho moral de que deban o no tenerlos. Pero hoy nos hemos despertado con un tuit del susodicho en el que afirmaba lo siguiente:
Y de nuevo han ardido las redes. Y todos le hemos retuiteado y criticado y denunciado, merecidamente por la falsedad de sus declaraciones. Pero con ello no hemos hecho otra cosa que ponerle el foco encima. Es decir, darle una popularidad que no merece. Al igual que otros intrusistas laborales, como el tertuliano J. I. Wert (pasado recientemente a ministro), este político consigue que con cada intervención se hable de él, se centre la crítica en su figura para, en teoría, desprestigiarle, cuando en realidad lo que estamos creando (yo incluido, escribiendo este post) es hacerle un flaco favor a la política con mayúsculas. En mi post El famoso populismo ya le cité como sucesor de otro gran imán de medios de comunicación, Esperanza Aguirre. Años atrás, fue el reportero de "Caiga Quien Caiga" Pablo Carbonell quien popularizó una pésima Ministra de Educación de José María Aznar y la catapultó hacia la Presidencia del Senado y de la Comunidad de Madrid. Haríamos muy bien todos dejando a estos personajes muy lejos de los focos, cámaras y micrófonos e ignorarles cuando pretendan atraer la atención hacia su formación política y, sobre todo, su persona. O corremos el peligro de ver como en unos años son nombrados presidentes de una región o, quien sabe, de un país entero. Escalofríos...



