divendres, 2 de desembre de 2011

El Franquismo de hoy en día

Esta semana ha sonado y resonado todo el asunto de los restos de Franco y su exhumación del Valle de los Caídos. Por ejemplo, Josep Ramoneda publicó este artículo en el diario El País. Según el informe técnico, es necesario sacarlos de allí porque el dictador asesino no fue una víctima de la Guerra Civil, por lo que su lugar allí es innecesario. Históricamente, considero una aberración tener un monumento a un tirano que exterminó a miles de personas en nuestro país, antes, durante y después de la Guerra. Que sus restos estén allí, es simplemente un error que debe ser subsanado y que el Gobierno Zapatero, tan valiente en su primera legislatura, no se ha atrevido a hacer por razones que no llegamos a entender. Considero que hubiera sido mucho más acertado hacerlo a principios de legislatura, para centralizar el tema, para dominar el debate y para tener tiempo en caso de que se mandase la propuesta al Constitucional, como ha ocurrido con muchas leyes. Pero no, se ha hecho a última hora y mal, con un gobierno en funciones y pasándole el marrón al futuro Gobierno Rajoy, quien lo meterá en un cajón y se olvidará de ello, lo mismo que el aún presidente, que lo considera ya un tema ajeno.

Todo ello me hace reflexionar en lo que ya todos sabemos, que los restos de Franco no están solo en el Valle de los Caídos sino también muy presentes en el Parlamento, con muchos diputados y dispuestos a mantener el legado del asesino de masas español que gobernó el país durante 40 años. En lugar de sufrir el mismo destino que Hitler o Mussolini, Franco perduró políticamente en nuestro país, y aún perdura, por mucho que algunos digan que “no es conveniente remover el pasado” o que “hay algunos que sólo tienen a Franco en la cabeza”. ¿Quien no quiere remover el pasado? Quienes se ven implicados en él, obviamente. ¿Quienes no tienen a Franco en la cabeza? Quienes le tienen en el corazón, obviamente. ¿Y quienes son los principales perjudicados? Las víctimas del Franquismo, que deben soportar el dolor de la pérdida de familiares y amigos y tener que ir a visitarles a un recinto construido por prisioneros republicanos y en el cual muchos de ellos fueron enterrados en contra de su voluntad. Un mausoleo dedicado al golpista, asesino y después dictador tirano Franco, escoria de la humanidad y vergüenza de un país a quien muchos se les llena la boca cuando pronuncian su nombre, España.

Yo, por cierto, no soy sospechoso de nada. No de partidismo al menos. Tengo familia en ambos bandos, tengo las historias de ambos lados, los puntos de vista de unos y de otros en un conflicto que confirmó la división que ha sufrido este país desde tiempos casi inmemoriales, anteriores a la Guerra Civil. Y me decanto muy a sabiendas por la opción republicana: por lógica (La República era el poder establecido y Franco, el golpista), por humanidad (jamás un ser humano debería ponerse de lado de los asesinos) y por convicción (las libertades jamás deben ser cortadas, ni por la dictadura, ni por los mercados ni por ninguna absurda razón que se plantee como excusa). Soy hombre de escala de grises, pero en este caso es blanco o negro. O estás contra Franco o estás con él. Y yo tengo muy clara mi postura.

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