dilluns, 20 de juny de 2011

Así sí


El movimiento 15M le ha dado una nueva lección a la sociedad y a los políticos. Cuando los medios de derecha esperaban que se produjeran nuevos altercados en las manifestaciones del 19J, miles de personas salieron a la calle de forma absolutamente pacífica sin que ningún partido, sindicato, organización o institución pública les apoyase. Miles de personas (no voy a entrar en la absurda guerra de cifras de "donde unos dicen 40.000, otros dicen dos millones de personas") salieron a la calle para pedir que los políticos hagan mejor su trabajo, representen a los ciudadanos, no a los mercados, para que se cambie la ley electoral. En definitiva, para que la clase política haga el trabajo para el que fue elegido, no para el que ellos creen que fueron elegidos. No son políticos por "la gracia del Dios Mercado", sino por el apoyo de los ciudadanos.

Porque aquellos quienes dicen "oye, que si sigues haciendo ruido, volverá la derecha en marzo", los indignados del 15M les responden "oye, que si viene la derecha, es pq la izquierda NO HA HECHO BIEN SU TRABAJO". No culpemos al 15M de los errores propios, cuando son ellos mismos quienes los reclaman. En cuanto a la derecha, nada nuevo ni nada inesperado. Como ya comenté en el tercer párrafo de mi primer post sobre el 15M, la derecha y sus medios afines les alzaron a los cielos hasta el 22M y, desde entonces, les han desprestigiado todo lo que han querido y podido, llamándoles "perroflautas", kale borroka o cosas incluso peores. Me gustaría saber cuantos coches, containers o cajeros quemados ha habido por culpa de este movimiento. ¿Ninguno verdad? Pues no les llamemos 'kale borroca' a una gente que dedica su tiempo y esfuerzo a intentar conseguir una mejor democracia, algo que por cierto, los políticos hace décadas que no hacen. Desde la Transición, concretamente. Desde entonces, en este sentido, se han estado rascando la barriga para conseguir, no una mejor democracia, sino una mejor posición política, posición partidista o posición personal. Una mejor posición, vamos.

Uno de los carteles que llamaba a la movilización.
Finalmente, debo decir que, a pesar de lo dicho, entiendo que los partidos políticos se sientan amenazados por el 15M, ya que, en realidad, ponen en riesgo su Status Quo. No porque crean que los partidos vayan a desaparecer, sino porque la política como la venían ejerciendo va a tener que cambiar para que los indignados se sientan un poquito menos indignados. Y eso no ocurrirá, creo, hasta que se cambie la ley electoral general de este país. De hecho, esta postura de ambos lados lleva precisamente a eso, a dos bandos, "nosotros los ciudadanos" y "nosotros los políticos y los medios de comunicación". Creo que deberían acercar posturas unos y otros si realmente quieren llegar a algún acuerdo o conseguir varios objetivos más de los ya conseguidos. 

En este sentido, el lunes 20 de junio un portavoz del 15M (Jon Aguirre) decía en el "Hoy por Hoy" de la SER que "cómo iba yo a imaginarme hace un mes que estaría hablando en el programa de Carles Francino", queriendo afirmar que en estos 30 días se han conseguido muchos objetivos, nada desdeñables además, como por ejemplo el despertar a una sociedad sedada y aletargada por el sistema de partidos y medios de comunicación. Hace un mes y medio apenas se sabía nada de ellos y hoy ya hablamos de un movimiento social que ha dado la vuelta al mundo y al que comparan con el Mayo del 68 o las revueltas del norte de África. Se ha hecho mucho en un mes, y debe seguir haciéndose, por el bien de la democracia. Pero este es un término que el bando de los partidos y medios se ha apropiado históricamente y que el 15M ha reclamado para la ciudadanía con el adjetivo "real" (en minúscula, claro). Yo opino que ambos lados son democracia, la de los partidos, por supuesto, y la de los indignados, más si cabe, por lo que no se debe perder el tiempo en debates absurdos de cual de las dos es más real. Ambas lo son. Y quien considere que su opción es mejor que la otra, que la institucional es mejor que la participtativa, o viceversa, hace poco honor a la democracia. Lo bueno de la democracia, precisamente, es que es de todos, no sólo de quienes más suya la sienten. 

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