divendres, 15 de gener de 2010

Munilla, no vayas a Haití

El pasado 14 de enero no salí de mi asombro al escuchar a Monseñor Munilla, flamante y polémico obispo de San Sebastián, decir literalmente en la Cadena SER que "existen males mayores que los que estos pobres de Haití están sufriendo estos días. Nosotros nos lamentamos de estos pobres de Haití pero igual también deberíamos (...) llorar también por nosotros, por nuestra pobre situación espiritual por nuestra concepción materialista de vida, ese es un mal más grande que el que esos inocentes están padeciendo". Para los incrédulos, aquí está el corte de voz:


Es decir, la falta de feligreses de la Iglesia española "es un mal más grande" que la práctica destrucción de un país entero, el de "esos pobres de Haití". No es que me sorprenda viniendo de un obispo, esos seres tan alejados del mundo real. Pero no sé de qué se extrañan, no sé porqué se lamentan de que la gente no atienda a sus iglesias. Me pregunto cuanto duraría en la junta de una empresa un directivo que dijera en público algo como "la falta de fe en nuestros productos es un mal más grande que el que esos inocentes (sí, eso los pobres de Haití) están padeciendo". O cuanto tardaría un partido político (y sus electores) en desacreditar a un portavoz si sus declaraciones fueran de éste calibre. Pero no, la Santa Iglesia no rectifica si no han pasado 500 años. Y que conste que no hablo de la iglesia de los sacerdotes que trabajan durante años en África o América del Sur, los misioneros que regalan lo mejor sus vidas en hacer el bien. Tampoco hablo de aquellos que tienen un sentimiento religioso y que creen que existe un Dios ahí arriba en alguna parte.

No, yo estoy hablando de la Santa Iglesia que pasea rodeada de lujos y obras de arte en grandes palacios, de la Santa Iglesia que dirige el Banco del Vaticano (¿qué opinaría un hippie revolucionario como Jesús sobre tener un banco en su honor?). Hablo también de la Santa Iglesia que no sólo protege sino esconde a sus pederastas, pasándolos de iglesia en iglesia, sin advertir a sus feligreses del peligro que corren sus hijos al acercarse a ellos. Hablo de esa Santa Iglesia que prohíbe el preservativo, provocando a la propagación de una enfermedad mortal en África, resultando ser más pro-SIDA que pro-vida.

Me pregunto qué organización o empresa con estas cartas en su mesa conseguiría vender sus productos. De hecho, me sorprendió escuchar palabras como "clientela" o "producto" de la boca de Munilla durante la entrevista en "La Ventana" con Gemma Nierga. Términos tan cercanos al Márketing no son habituales entre la buena gente con sotana. Cabe decir, que Monseñor Munilla matizó al día siguiente, llamando al "Hoy por hoy" de Francino, lamentando haber sido malinterpretado. No cuela, monseñor, no cuela. En esta frase "existen males mayores que los que estos pobres de Haití están sufriendo estos días" no cabe mala interpretación. El truco de echar la culpa a las interpretaciones periodísticas está muy visto, insulta a la inteligencia y ya nadie se lo cree. Monseñor Munilla, acepte que la cagó diciendo eso y no se acerque por Haití, bastante mal ha hecho ya.

PS: Gemma Nierga, gracias por volver. Se te ha echado mucho de menos.

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