dimarts, 29 de desembre de 2015

Reflexiones navideñas sobre Cataluña y España

La política tiene giros inesperados y en ocasiones, caprichosos. Quien nos lo iba a decir que hallaríamos tantos paralelismos entre la política catalana y estatal, siendo al final casi un calco la una de la otra. Dos escenarios de difícil investidura, dos situaciones de difícil solución y mucho papel de periódico por vender en las próximas semanas. Mientras en mi tierra natal vemos un sorprendente empate en la asamblea de la CUP (había un 1,44% por ciento de posibilidades de que se produjera), en el Congreso de los Diputados vemos como el Neobipartidismo hace casi imposible la elección de un Gobierno estable. En realidad este hecho, la mal-llamada ingobernabilidad, no debe ser tan aterrador como algunos lo pintan. En Bélgica se pasaron casi un año sin gobierno y la gente allí, encantada. Mi buen amigo Pep Solano, que ha vivido en Bruselas por varios años, me contaba la tranquilidad con la que la gente vivía a pesar de no tener un ejecutivo formado, lo que quita algo de trascendencia (que nunca viene mal) a todo este circo político que a algunos tanto nos apasiona. 

Pedro Sánchez, sec. gral. del PSOE (foto de El Mundo).
Belgas aparte y volviendo a la península, el escenario político actual es histórico en varios sentidos. En España el PSOE vive, de nuevo, jornadas históricas que pueden llevarlo a ejercer el deporte favorito de este partido, la autodestrucción. Sin ser un líder carismático, ni prestigioso, ni talentoso ni poco más que tener una apariencia atractiva, Pedro Sánchez puede verse envuelto en una noche de los cristales rotos que cambie su etiqueta de "Pedro el Guapo"  a otra más lúgubre, "Pedro el Breve". La baronesa andaluza, Susana Díaz, arrendadora de los apoyos que Sánchez consiguió en la carrera hacia la secretaría general, podría decidir cortar la cabeza al susodicho si decide pactar con Podemos. Las luchas internas son encarnizadas en la casa socialista y más después de los mediocres resultados obtenidos el 20-D. Mucho deberá demostrar Sánchez para sobrevivir a tal envite y ganaría algo de respeto interno y externo si lo consigue. 

Al igual que como le pasa a Rafa Benítez, entrenador de la casa merengue, su cabeza pende de un hilo: en el caso de Sánchez, la próxima investidura. Haga lo que haga, podría acabar como el ínclito que Ned Stark, ya que si se abstiene en la segunda votación permitiría un gobierno de Rajoy, lo que sería un lastre electoral demasiado grande para un débil PSOE. De no abstenerse, será tildado como poco de traidor por los patrocinadores del bipartidismo. De aceptar un gobierno de concentración con el PP "a la alemana", incumpliría lo que ha repetido muchas veces en campaña y muchos podrían constatar el mantra que se ha ido confirmando día a día desde el 15M, que en el fondo ambos partidos son lo mismo. Aunque al Ibex 35 y a Felipe González les parezca una excelente idea, ello conllevaría la definitiva desaparición del PSOE. Y en el cuarto escenario, unas nuevas elecciones, el panorama tampoco sería muy halagüeño para los socialistas, ya que la tendencia es que los emergentes sigan subiendo, a pesar del pinchazo inicial de Ciudadanos. Sea como fuere, la tendencia de los de Pablo Iglesas sí continuaría adelante tras unas nuevas elecciones y podría llegar a conseguir un sorpasso, visto el desastre interno que, una vez más, está viviendo el PSOE, y más aún si la baronesa Díaz da un paso adelante. No se trata de que la presidenta andaluza sea mala candidata, tenga poco carisma o no tenga dominado a su partido, se trata de que más allá del voto interno, los inquietos votantes socialistas podrían ver en el nuevo degüello de su líder (por muy débil que este sea), una nueva demostración de que su partido no sabe hacia donde va.

Pablo Iglesias y Rajoy, durante su conversación
sobre la investudura (foto ABC).
Legislatura efímera y más
El hecho que se hable mucho más de Pedro Sánchez que de Rajoy tras el 20-D ya es muy indicativo de las escasas posibilidades que el aún presidente pueda ser reelegido. Por mucho que Rajoy se empeñe, en decir que España necesita un "Gobierno de amplio apoyo mayoritario", lo cierto es que tiene escasas o nulas posibilidades de conseguirlo. Dado que el PP se ha pasado las tres últimas legislaturas (como poco) ninguneando, demonizando, insultando o amenazando a los partidos de la oposición (no nos olvidemos de varias frases intimidatorias del ministro Montoro) lo lógico es que estos no estén dispuestos a pactar con Rajoy cuando más lo necesita. Quien siembra vientos recoge tempestades y en el PP lo van a comprobar, por mucho que crean estar en una democracia presidencialista. Lo más probable es que, aunque Rajoy o Sánchez consiguiesen ser investidos, lo serían a un alto precio y con una incertidumbre y soledad tales que cualquier moción de censura o incluso de confianza podría echarles a la calle. El río revuelto lo aprovecharán los partidos nuevos, que a pesar de no conseguir los resultados esperados por encuestas y sondeos, han hecho una entrada más que correcta para partidos de nuevo cuño parlamentario. O por lo menos, la que hubiesen soñado en IU o UPyD.

Son de destacar también los misteriosos movimientos que han ido uniendo a partidos tan dispares como Podemos y el PP. Los elogios de Rajoy preelectorales a la formación de Pablo Iglesias han dado mucho jugo en confidenciales y espacios conspiranoicos sobre un posible pacto secreto para acabar con la casa socialista y minimizar el ascenso del "efecto Ciudadanos" auspiciado por el Ibex. Si a ello sumamos que los dos líderes fueron los que más tiempo estuvieron reunidos en las conversaciones por la investidura y que Iglesias apenas criticó a Rajoy en la rueda de prensa posterior, el menú de conspiranoia política está servido.  

Escenarios pintorescos a la catalana
La asamblea de la CUP, que acabó en un sorprendente 
empate a 1515 (Foto "20 minutos").
En Catalunya, hemos visto un nuevo retraso del futuro nacional, con el surrealista empate entre los delegados de la CUP en la votación que debía decidir si investir o no a Artur Mas como President. Sea como fuere, el resultado de esa votación tampoco debería haberse llevado a cabo por unos pocos votos. A pesar de que como persona cercana al 15m me fascine que el futuro (no de un país, sino de dos) se decida en una asamblea, investir al President de la Generalitat es un acto con la suficiente importancia como para que lo puedan decidir sólo 3.500 personas. Dicho esto, lo cierto es que los votantes de este partido anarquista entregaron sus votos bajo la prerrogativa de que no se iba a investir al líder convergent y ese apoyo electoral debería ser suficiente como para que se decidiera el partido en este sentido. 

Ello, siendo coherente con el discurso de la CUP, sería un tropiezo para el proceso independentista que también defiende este partido, dado el empeño de Junts pel Sí de no cambiar de candidato. La jugada estratética inteligente probablemente debería ser convocar nuevas elecciones (a pesar del riesgo de no conseguir por segunda vez un mayoría absoluta independentista). Y si en ERC estuviesen un poco avispados, deberían ir por separado, dado el lastre que supone actualmente tanto las marcas de Convergència, de Artur Mas o incluso la recién inaugurada Democràcia i Llibertat. Ello les podría dar la victoria electoral y la posibilidad de formar Gobierno con la CUP, si consiguen quitar el electorado de los de Mas. Pero eso es mucho suponer de ERC, de los convergents y de la CUP. El futuro en unas posibles elecciones catalanas en marzo es todavía incierto porque tres meses en política son una pequeña eternidad y Artur Mas ha demostrado ser un superviviente, le pese a quien le pese.

El caricaturista Ferreres, de El Periódico, ha analizado
brillantemente el empate de la CUP con esta viñeta.

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