diumenge, 13 d’octubre de 2013

Aluminosis democrática

En este paréntesis de acontecimientos que han ocurrido entre mi último artículo publicado y el día de hoy, he tenido tiempo de reflexionar sobre la visibilidad que el fascismo está tomando en los últimos tiempos. Aunque la Policía persigue a las bandas delincuentes y de vez en cuando vemos cómo se desarticula una red, no es por el hecho de su ideología sino simplemente por el hecho de que son criminales que cometen delitos. En España, por extraño que parezca fuera de nuestras fronteras, no es un delito enaltecer el fascismo. La impunidad con la que campan los fascistas en nuestro país sigue siendo una de las lacras (una más) de este país. Sólo que hay que visitar algunos municipios madrileños como Alpedrete, en la sierra norte, o Quijorna, en la cuenca del Guadarrama, para darse cuenta de ello. En televisión se han emitido ya varios reportajes sobre el fascismo en los últimos meses, como este de Equipo de Investigación

Pero estos dos pequeños ejemplos de la meseta son sólo la punta del iceberg. En toda España existen grupos cuya única misión es reivindicar el fascismo, el franquismo y otros -ismos similares y con una gran variedad de nombres distintos. Antonio Maestre los reunía a todos en su artículo "La mayoría silenciosa, el PP y el franquismo sociológico", publicado en La Marea. Los acontecimientos en la Biblioteca Blanquerna de Madrid el pasado 11 de septiembre, Diada Catalana, en los que un grupo de fascistas interrumpió un acto de celebración dejaron muy claro que estos grupos siguen muy presentes en nuestra sociedad. 

De hecho, desde el ascenso imparable del independentismo en Cataluña, hemos comprobado cómo no sólo ha aumentado el fascismo, sino que sigue muy viva la permisividad al mismo, cuando se trata de mantener unida a España. Ayer, 12 de Octubre, día de la Hispanidad, los grupos fascistas, aunque relativamente minoritarios, camparon a sus anchas en las distintas manifestaciones en Barcelona, Madrid y otras ciudades, sin ser denunciados ni señalados por los grandes medios de comunicación, como podemos ver en esta noticia de CadenaSER.com, en la que no son mencionados en ningún momento, a pesar de que claramente estuvieron presentes con sus banderas fascistas y sus brazos en alto. El periodista Xavier Rius ha publicado este artículo sobre la presencia de siete de los asaltantes en la Biblioteca Blanquerna en Barcelona ayer en el 12O (aquí podéis leer el artículo original en catalán, mucho más completo y con muchas fotografías y vídeos que prueban sus afirmaciones).

De hecho, provoca un gran pasmo la facilidad con la que podemos encontrar online páginas y páginas de contenido racista, fascista y antidemocrático, a pesar de que estas organizaciones se han "modernizado" y ya no son tan explícitas como lo eran antes. Sus organizaciones, por temor a ser ilegalizadas por la Ley de Partidos, han adaptado sus estatutos para parecer organizaciones benéficas, caritativas, a pesar de ser simples organizaciones dedicadas a fomentar el odio al diferente. Pero ¿cual es la reacción de los partidos políticos ante dichos actos? A excepción de Izquierda Unida, Esquerra Republicana, Equo y otros partidos pequeños de izquierda, la mayoría opta por la minimización o la permisividad cómplice de PSOE y PP respectivamente. 

Desde el asalto a la Biblioteca Blanquerna, han aumentado
los afiliados a los partidos ultraderechistas. 

Está claro que en Partido Popular no van a perseguir a un grupo de potenciales votantes, pero financiar a la Fundación Francisco Franco es sin duda un crimen contra los millones de víctimas que sufrieron antes y durante los 40 años de Franquismo en este país. El PSOE por su parte, sigue con su tradicional juego de malabares, sin denunciar a los miembros de su partido o de otros que han usado durante décadas  la catalanofobia por fines electorales, no sea que les llamen Anti-Españoles. Un ejemplo claro, la recién nombrada Susana Díez, quien ha aprendido que nombrar a Cataluña y criticar lo que allí ocurre produce siempre buenos resultados para su electorado más tradicional. UPyD, por su parte, sigue como siempre permisiva ante los fascismos que alimentan, igual que al PP, parte de su electorado, aunque sea en pequeñas proporciones. 

Permitir y minimizar el enaltecimiento del Franquismo y las distintas formas de fascismo, así como permitir la existencia de partidos ultraderechistas, no es más que echarse piedras contra tu propio tejado constitucional, una aluminosis que lentamente quiebra y resquebraja los cimientos de una democracia, que por desgracia nació ya con defectos de construcción en este país. 

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