dilluns, 12 d’octubre de 2015

Benditas redes

Me permitiréis que hable un poco de mi profesión, el periodismo. Llevamos años viendo cómo la prensa escrita pierde lectores, pierde apoyos y, en definitiva, pierde el norte. El ejemplo del periódico El País es casi el más sangrante de todos. No es que fuera la perfección hecha periódico hace unos años, pero desde luego e irrefutablemente era el periódico de referencia en este país. Ahora, pobres, no llegan a aspirantes a ABC. Y ello se constata tras el cambio de varios directores, tras los varios EREs realizados, tras el despido de prestigiosos profesionales para sustituirles por becarios (que no son intrínsecamente malos, pero no tienen ni una décima parte de la experiencia de los profesionales y son mucho más manejables por su precaria situación) y tras su último cambio de rumbo editorial, más derechizado, alejándole de su lector habitual. 

El acercamiento de Juan Luis Cebrián a la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría parece constatarse a diario con titulares, editoriales y portadas del periódico abanderado de Prisa. De una posición de centro-izquierda moderada, han virado hacia un mercado de derecha liberal reaccionaria contra todo lo que suponga un simple cambio en el sistema. Quienes queremos un poco esta profesión, recordamos con tristeza la publicación de una fotografía de un falso Hugo Chávez entubado tras una operación. Ese, junto al cambio de su histórico lema (de «Diario independiente de la mañana» se pasó a «El periódico global en español»), fue para muchos el inicio del fin de El País. No sólo por publicar la fotografía de un momento íntimo y delicado de un dirigente político (inimaginable con Rajoy, Rubalcaba o cualquier otro), sino por que ni siquiera era Hugo Chávez. Esa falta de comprobación de la foto-noticia, esa falta de respeto a la intimidad de una persona, sea quien sea, y un titular sensacionalista como "El secreto de la enfermedad de Chávez" muestran lo bajo que, con una sola portada, puede caer un periódico antes respetado. Todo ello, sumado a las críticas burdas y sin matices al movimiento 15M, al partido Podemos y sus líderes o a la ideología izquierdista latinoamericana, han provocado la huída de muchos de sus lectores tradicionales de izquierda socialdemócrata. Desde luego este no es el único periódico que actúa de este modo, pero sí el más significativo, dado su pasado como periódico que solía tender hacia la objetividad más que a sus intereses empresariales.


El periodismo con aire rancio
Por su parte, La Razón o ABC llevan décadas avergonzando al periodismo español, no por tener ideología de derechas (que es no solo legítimo y respetable además de necesario para hacer un contraste con los periódicos de izquierdas), sino por mentir, difamar e insultar a quienes no están de acuerdo con sus postulados. El primero, La Razón, tanto en su etapa primeriza con Ansón como bajo la actual tutela de Paco Marhuenda, se ha hartado de presentarnos portadas muy alejadas de lo que debería ser el periodismo, con fotomontajes históricos como el de Carod Rovira dando la mano a un etarra, el de Arzallus implantado en el rostro de Bin Laden, o como el del señalamiento público de un grupo de cinco estudiantes por "agitar la Educación". Pero más allá de sus portadas, si La Razón destaca por algo es por ser simplemente un panfleto propagandístico del PP de Rajoy (ni siquiera del PP en general o de la derecha, sino del PP de Rajoy en concreto). 

Qué decir de ABC, que siempre ha sido el periódico de referencia de la derecha española y del españolismo más rancio y lo ha justificado con ¿buen periodismo? Pues no, con un pasado innegablemente franquista, en el que ensalzaba a dictadores y celebrada "la caída" de presidentes electos como Allende, sin olvidar los habituales insultos a quienes se distancian un poco de su ideario. ABC, que se ha vendido siempre a sí mismo como un periódico serio alejado de la llamada radicalidad, se ha sentido muy cómodo en la misma a la hora de atacar o desprestigiar asuntos que atañen a la unidad de España, el aborto o la Monarquía. Eso habitualmente le ha llevado a tener enfrentamientos editoriales con otras cabeceras de perfil similar, para intentar acaparar el lector de la derecha, llegando al punto incluso de robarse columnistas entre este tipo de periódicos.

La conspiranoia hecha periódico


Las portadas de El País y El Mundo en sus ediciones especiales
del 11 de marzo de 2004, tras los atentados islamistas.
En cuanto a El Mundo, ha sido siempre un periódico sensacionalista disfrazado de serio. Sólo hay que leer sus titulares para darse cuenta de ello. A pesar de que en algunos momentos clave se ha mantenido más cerca del periodismo que del apoyo institucional, como el día siguiente al 11-M, en el que a diferencia de El País no quiso implicar a ETA por falta de confirmación, sí se pasó luego años realizando portadas y portadas de lo que en universidades se estudia ya como la etapa conspiranoica de este periódico.

Entre 2004 y bien entrado 2010 (aunque sobre todo en los 4 primeros años tras los atentados), el periódico entonces dirigido por Pedro J. Ramírez se dedicó a publicar portadas intentando montar la teoría de que ETA era la responsable del 11-M, para exonerar al gobierno de Aznar de cualquier posible responsabilidad de los atentados islamistas en Madrid, a causa de la participación de España en la Guerra de Irak. Tal desfachatez periodística, aparte de una patada a cualquier libro de ética profesional, llevó a este periódico a publicar titulares a cinco columnas sobre cassettes de la orquestra Mondragón para justificar una teoría sin sentido y en muchas ocasiones desautorizada por las Fuerzas de Seguridad del Estado. La cabezonería de la cúpula de este periódico (junto a algunos otros medios como la Cope de Federico Jiménez Losantos) llevaron al periodismo español conservador a una deriva rancia generadora de odios, que nos ha avergonzado a muchos periodistas. Cierto es que este periódico en ocasiones ha sorprendido gratamente con informaciones relativas a la corrupción de los grandes partidos y que han acabado afectando a la política de este país, como la corrupción del PSOE en los 90, los papeles de Bárcenas o las recientes informaciones sobre Rodrigo Rato, pero si por algo se ha hecho famoso precisamente ha sido por presentar con titulares a cinco columnas lo que finalmente se demostró que eran bulos, rumores, informes policiales inacabados e informaciones sin confirmar.

Ya no existe el Cuarto Poder... impreso
Desde 2011, llevo analizando en varios artículos (reunidos en la etiqueta periodismo de este mismo blog) el estado en el que mi profesión, en concreto, los medios de comunicación. El de 2015 no difiere demasiado del resto, por desgracia, porque la prensa escrita ha dejado de ser un cuarto poder para convertirse en un brazo represor más de las élites económicas y políticas. Lo que os puede parecer una frase hecha es una realidad palpable comprobable leyendo las portadas de los cuatro periódicos analizados en los últimos 4 o 5 años. Quiero aclarar que mi crítica no es por la ideología de estos medios, sino por su forma de ejercer el periodismo. En países como Inglaterra o Alemania leemos diarios conservadores serios que son respetuosos con sus oponentes y que no desprenden el odio (incluso el asco) que determinados diarios españoles muestran por aquellos que se oponen a su ideología. Valdría la pena condenar más a menudo este tipo de actitudes.

Creo que actualmente sólo algunos medios online (Eldiario.es, LaMarea.com, ElConfidencial.com y algunos otros) representan o quieren, por lo menos, representar lo que tradicionalmente fue el Cuarto Poder. Lo que ha sido tradicionalmente en otros países contrarrestar lo que los poderes afirman. En España desde hace unos cuantos años, 10 o quizá más, los medios de comunicación impresos (y el resto, pero sobre todo estos, que son el paradigma del periodismo tradicional), se han convertido en puras herramientas políticas y financieras. No se trata de informar sino de sacar beneficios, no se trata de ser un Cuarto Poder, sino de ser un elemento de propaganda sin complejos del resto de poderes. No hablo sólo de La Razón (quien se ha ganado a pulso esa reputación), sino que en general todos los medios de comunicación se autocensuran a la hora de tocar algunos temas, temiendo las consecuencias. Incluso vemos a grandes profesionales de prestigio participar en este juego, probablemente a disgusto, pero participando. No les juzgo, todos tenemos facturas que pagar, pero entristece oírles informar y usar expresiones salidas de un gabinete de comunicación de un partido, como si fueran una realidad confirmada periodísticamente.

División interna, perjuicio global
Lo cierto es que una de las grandes lacras del periodismo español es la falta de unión entre sus profesionales. El "divididos mejor" ha sido muy útil a algunos estamentos políticos y financieros, y no sólo en el caso de los propios compañeros de trabajo de un mismo medio. Esta confrontación entre medios ha tenido como consecuencia la ya tradicional desunión de una profesión que ha vivido tiempos de conflictos internos y externos, rivalidades para ver quien apoyaba más a un partido o guerras de informaciones contrapuestas según el interés del editor o el partido a quien este apoya. Eso, sumado a una de las mayores precariedades laborales de toda Europa, deja el periodismo español en un estado claramente mejorable.

Siempre he creído que era necesario un sindicato periodístico o una organización aglutinadora fuerte, más allá de los colegios regionales del gremio, que poco o nada han hecho por la profesión, aparte de denunciar ciertas prácticas de empresarios, la ya mencionada precariedad laboral o la peligrosidad para trabajar en ciertos países. Prácticamente nada se ha hecho respecto a legislación laboral o ser un elemento de presión contra empresarios de la comunicación o los partidos políticos. El ejemplo más claro es el sometimiento de los medios respecto a los partidos políticos, que a diario ofrecen comparecencias sin preguntas, vídeos y audios ya editados y un obscurantismo interno que, aunque denunciado, en el fondo ha sido siempre permitido por el periodismo. El día que todos los directores de periódicos y jefes de sección entiendan que marcharse de una rueda de prensa es mucho más que un acto simbólico, que es una declaración de intenciones que se va a repetir siempre que los partidos no se comporten de forma ética con los informadores, el periodismo de este país habrá dado varios pasos adelante. Y más aún si lo hacen todos los medios, porque es precisamente la unión lo que daría fuerza al gesto. Este sería sólo un primer paso de muchos que todavía debemos dar los periodistas de este país.

Si no fuera por las redes sociales y por determinados medios online, el panorama del llamado periodismo digno en España sería un triste páramo. De nuevo, benditas redes que nos informan o, al menos, nos ponen sobre la pista de lo que está ocurriendo. 

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